¿Dónde se pagan más impuestos: en Villarriba o en Villabajo?
Sucedió que en Villarriba había una fábrica de boinas, y sucedió que en Villabajo había, también, una fábrica de boinas. Las discusiones entre los vecinos de ambos pueblos eran tan frecuentes como enconadas, defendiendo con vehemencia que las boinas de su pueblo tenían mejor acabado, mejor tacto y menor rugosidad, y que protegían mucho más cuando, por todos los Santos, de la sierra cercana bajaba a saludar el primer cierzo otoñal.
Sin embargo, en lo que coincidían los vecinos de ambos pueblos era que, desgraciadamente, la boina estaba en declive, y que marchaba con paso decidido al baúl de las prendas olvidadas, con la golilla, los pololos y el miriñaque. Un mercado maduro, que diría un experto en marketing.
Por dicha razón, las familias propietarias de ambas sociedades decidieron que la supervivencia de sus empresas pasaba por nuevos negocios, empleando para ellos los beneficios no distribuidos generados en años anteriores: si en Villarriba acordaron construir un hotel, en Villabajo se decidieron por la promoción inmobiliaria, lo que llevó a una difícil decisión: ¿cómo encajar mercantilmente el inicio de la nueva actividad?
En Villabajo, simplemente, ampliaron el objeto social de la sociedad y ésta fue quien inició la promoción.
En Villarriba, sin embargo, tomaron una decisión distinta. Mezclar dos actividades tan dispares dentro de una misma razón social conlleva un riesgo mercantil evidente. Las boinas podían ser un producto maduro, pero de su fabricación se lograban unos ingresos que, aunque modestos, sostenían unos beneficios y unos empleos a conservar. Por tanto, zapatero a tus zapatos, en Villarriba decidieron que la sociedad de boinas mantuviera su negocio, y que el hotel fuera explotado por una sociedad independiente, lo cual llevó a una segunda pregunta: ¿cómo trasvasar los recursos financieros a la nueva sociedad?
La primera idea que surgió fue la de repartir dividendos a la familia propietaria para que ésta, posteriormente, aportara dichos recursos a la nueva sociedad; pero esta idea presenta una clara ineficiencia fiscal. Si los recursos financieros para el hotel pasan por la familia propietaria, Hacienda se llevará un porcentaje no desdeñable, pues los dividendos tributan como renta del ahorro, actualmente a un tipo máximo del 30%.
- No tiene mucho sentido – se quejó la familia propietaria – que por el hecho de querer diversificar riesgos y constituir una sociedad nueva que promueva el hotel, la cantidad para invertir en este negocio sea hasta un 70 por 100 inferior.
La segunda idea fue la de formalizar un préstamo. Boinas de Villarriba podría prestar el dinero a su sociedad hermana para que ésta promoviera el hotel, pero la solución tampoco satisfizo a los propietarios. Arguyeron, con razón, que todo proyecto necesita un importe invertido a fondo perdido, y que no puede iniciarse un negocio con toda la inversión apalancada. Además, la Ley del Impuesto sobre Sociedades obliga a que dos entidades vinculadas, como las dos hermanas de Villarriba, deben pactar sus relaciones económicas en condiciones de mercado, lo que impide cualquier tipo de laxitud a la hora de cargar y cobrar los intereses del préstamo.
Tampoco tuvo éxito la idea de que Boinas de Villarriba, S.L. constituyera una filial, aportando los recursos necesarios. En cierto modo, los riesgos mercantiles de las dos sociedades seguían cruzados, puesto que un problema generado en la sociedad de boinas arrastraría a la filial hostelera e, item más, si la familia quisiera deshacerse del negocio de boinas traspasando la sociedad, se encontraría con el obstáculo de tener que mover la sociedad hotelera: un carve out, que diría un cursi.
La solución que encontraron en Villarriba pasó por constituir una sociedad por encima de Boinas de Villarriba, S.L. Con cierta salpimienta mercantil y fiscal, la familia propietaria cambió la tenencia de las acciones de la sociedad de boinas por las de una Holding, sin coste fiscal alguno. Una vez constituida dicha Holding, nueva socia de la sociedad de boinas, ésta repartió los beneficios necesarios para promover el hotel, tributando el dividendo en la Holding al 1,25% (lejos del 30%) y el 98,75% restante fue aportado como fondos propios a la sociedad del hotel.
Cuando en Villabajo leyeron las cuentas anuales de la nueva sociedad de Villarriba entraron en cólera. ¿Cómo es posible que en Villarriba tengan una sociedad que solo pague el 1,25% en el Impuesto sobre Sociedades? ¿Qué agravio comparativo es ese? Esta clase de análisis apresurado se da en todos lados, no solo en Villabajo. En ambos pueblos el negocio de boinas ha estado sujeto al mismo tipo del 25% en el Impuesto sobre Sociedades pero, en Villarriba, parte de ese beneficio se ha movido a una sociedad Holding cuyo papel es trasvasar los resultados de una actividad económica a otra, habiendo tributado los resultados movidos en la sociedad operativa. La Constitución Española manda pagar impuestos según la capacidad económica, no según la manera mercantil en que una familia desee articular sus negocios. De hecho, el lector sagaz habrá visto que en Villarriba contribuyen con un 1,25% más que en Villabajo.
Desgraciadamente, ni el hotel ni la promoción inmobiliaria resultaron exitosos, pues la idea de vivir o alojarse con vistas a una fábrica de boinas, soportando el cierzo local, no resultó del agrado del gran público. En Villarriba asumieron el fracaso liquidando la sociedad hotelera, pero con los beneficios que seguía dando la boina pudieron, al menos, mantener el empleo local; en Villabajo, por el contrario, la sociedad se vio abocada a concurso, liquidación y cierre por no poder responder de las deudas generadas por la promoción fallida, y sus vecinos tuvieron que pagar los platos rotos de una pésima planificación fiscal y mercantil.






















