Entre la alianza y la desconfianza

Las relaciones entre Estados Unidos y España tienen unas raíces profundas que se remontan a los albores de la independencia norteamericana. Aunque ambos países pertenecen hoy al mismo bloque de valores democráticos y mantienen estrechos lazos económicos, políticos y culturales, su historia común ha estado marcada por altibajos, tensiones diplomáticas y momentos de cooperación.
Desde el apoyo de España a las trece colonias rebeldes durante la Guerra de Independencia estadounidense hasta la pérdida del imperio colonial en 1898, pasando por los acercamientos estratégicos del siglo XX, con la instalación de bases militares norteamericanas en nuestro suelo, y la consolidación de una alianza en el marco de la OTAN.
Los vínculos entre la Moncloa y la Casa Blanca han sido erráticos. Con Ronald Reagan y Felipe González, las relaciones se consolidaron por la entrada de España en la Alianza Atlántica.
Bill Clinton y José María Aznar mantuvieron una relación fluida, continuada por George Bush, cuya sintonía personal con Aznar propicio una relación histórica entre ambas naciones, empañadas por el rechazo social a la guerra de Irak.
Con José Luís Rodríguez Zapatero se produjo uno de los momentos más tensos en la historia reciente de las relaciones. La fractura se produjo en 2004 cuando Zapatero, recién llegado al poder, retiró las tropas españolas de Irak, una decisión tomada apenas semanas después de los atentados del 11-M y que fue mal recibida en Washington.
Con Barack Obama, y más tarde con Mariano Rajoy, volvió el equilibrio. La cooperación en seguridad y economía fueron factores que propiciaron una pausa en las tensiones recurrentes entre administraciones.
Durante el breve periodo de tiempo donde coincidieron Donald Trump y Rajoy las relaciones volvieron a ser frías y distantes, Trump mostró poco interés en nuestro país, dejándolo como un socio de segundo orden.
Joe Biden buscó recomponer los vínculos que la “era Trump” había roto. Durante ese periodo, muchos países se alejaron de la influencia estadounidense, seducidos por la China de Xi Jinping. La expansión del bloque de los BRICS con la incorporación de la India, Egipto o Etiopía es un ejemplo evidente de esta nueva reconfiguración del poder global.
La actualidad no parece ser más alentadora para las relaciones entre Madrid y Washington. Con el regreso del magnate a la Casa Blanca a principios de este año, todo ha saltado por los aires. Apenas un día después de su vuelta al Despacho Oval, Trump confundió a España con un país miembro de las economías emergentes lideradas por China y llegó a amenazar con imponer un arancel del 100 % a nuestros productos.
El Gobierno de Pedro Sánchez tampoco ha propiciado una buena relación con Estados Unidos. Sánchez ha sido el hombre fuerte de los socialdemócratas europeos, poniéndose enfrente de la doctrina política que defiende Trump. La posición sobre la negativa a elevar el gasto en defensa como se han comprometido el resto de los socios atlánticos no ha ayudado a mejorar la mala imagen que en la administración republicana tienen de España.
Como se puede comprobar en este breve repaso, las relaciones bilaterales no han sido, ni son, una balsa de aceite, pero los intereses comunes son más que las diferencias, y eso hará que de una forma u otra el camino de los dos países sigua unido pese a las desconfianzas que puedan ir surgiendo en el futuro.





















