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ENTREVISTA | DELEGADO DE UGT Y TÉCNICO DE BOMBEROS FORESTALES

Las brigadas forestales vuelven a las calles: “Seguiremos movilizándonos hasta conseguir condiciones dignas”

Alejandro Díaz, delegado de UGT y técnico de bomberos forestales, denuncia que la Consejería de Medio Ambiente “no tiene voluntad política” para mejorar un servicio esencial que sigue cobrando apenas 68 euros más que el salario mínimo

José Antonio Muñoz y Alba Molina Martes, 28 de Octubre de 2025 Tiempo de lectura:

Las brigadas forestales de la Región de Murcia han vuelto a salir a las calles. Lo hacen cansadas, pero firmes, tras años de promesas incumplidas y una reciente negativa de la Consejería de Medio Ambiente a abordar la mejora de sus condiciones laborales. El pasado 22 de octubre, representantes sindicales de UGT, CCOO, USO y SITRAS se reunieron de nuevo con el secretario de la Consejería. La respuesta fue la misma, nada cambiará hasta dentro de dos años.

“Nos dicen que no pueden hacer nada hasta que termine el actual pliego de condiciones, pero cuando un tema interesa políticamente, se busca la vía para resolverlo”, denuncia Alejandro Díaz, delegado de UGT y técnico de bomberos forestales. “Llevamos más de veinte años con salarios miserables, cobrando apenas 68 euros más que el salario mínimo interprofesional. Y, aun así, seguimos ahí cada vez que Murcia lo necesita: en los terremotos de Lorca, en las inundaciones, en el Mar Menor, en las emergencias ambientales…”

 

El relato de Díaz es una mezcla de frustración y orgullo. “Somos un colectivo proactivo, siempre dispuestos a ayudar, pero ya va siendo hora de que la Administración nos devuelva un poco de cariño”, reclama. Porque la lista de agravios va mucho más allá del sueldo. Los bomberos forestales denuncian la falta de conciliación, la escasez de plantilla, la rigidez de los turnos y la imposibilidad de hacer huelga por ser un servicio esencial. “Nos ponen servicios mínimos del 100%. Es decir, no podemos dejar de trabajar ni para protestar”, explica.

 

“Llevo 17 años sin tener vacaciones en verano”

 

El técnico de UGT detalla la precariedad con ejemplos que rozan el absurdo. “Trabajamos cinco días y descansamos tres, pero estamos localizados las 24 horas. Si te llaman y no estás en la base en menos de media hora, te pueden sancionar. Eso te impide tener vida familiar. Yo llevo diecisiete años sin poder irme con mi familia a la playa en verano”.

 

El servicio, además, cuenta con una plantilla reducida: unos 350 bomberos forestales repartidos en distintas categorías (técnicos, vigilantes y brigadistas). “No tenemos viernes, ni sábados, ni domingos. Ni vacaciones reales. Y aun así, cuando hay emergencias, allí estamos. En el Mar Menor, por ejemplo, estuvimos dos semanas limpiando barro y biomasa tras las lluvias. Y lo hicimos con orgullo, pero también con cansancio acumulado”, relata Díaz.

 

“Somos los únicos de toda España con un servicio externalizado”

 

Otra de las reivindicaciones centrales del colectivo es que la gestión vuelva a manos públicas. “Todas las comunidades autónomas, menos Murcia, tienen un modelo público. Castilla y León acaba de firmar un convenio para integrarlo en la Administración, pero aquí seguimos externalizados, con sueldos bajos y condiciones desiguales. No hay una motivación clara para mantener esta situación, salvo la comodidad de no asumir responsabilidades”, apunta el delegado sindical.

 

Pese a todo, Díaz asegura que seguirán movilizándose y buscando apoyos políticos. “Mañana nos reunimos con Vox, y también estamos hablando con otros grupos. Queremos que todos los partidos se mojen, porque esto no es una reivindicación de un color: es una cuestión de justicia laboral”.

 

“Cuanto mejor trabajamos, menos se habla de nosotros”

 

“Nuestra mayor paradoja es que, cuanto mejor hacemos nuestro trabajo, menos se nota. En la Región de Murcia tenemos unos 130 incendios al año, pero la mayoría se apagan rápido porque actuamos bien. Y como no hay grandes incendios, no salimos en los medios. Si falláramos, tendríamos titulares; como somos eficaces, tenemos silencio”.

 

Aun así, Díaz mantiene un hilo de esperanza. “Soy una persona positiva. En las manifestaciones, la gente nos aplaude. Nos conocen porque estuvimos ahí durante el COVID, desinfectando cada pueblo, arriesgando la salud sin saber a qué nos enfrentábamos. Ahora solo pedimos lo mismo que damos: dignidad, reconocimiento y un salario justo”.

 

Mientras la política se toma su tiempo, ellos siguen sin reloj, atentos al sonido del viento, al pitido del móvil, a la llamada que puede cambiarlo todo. A treinta minutos del fuego, y a años (de momento) de la dignidad que merecen.

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