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Opinión | El Periscopio
Sebastián Hidalgo
Jueves, 30 de Octubre de 2025
Sebastián Hidalgo

China, el gigante con pies de barro

 

En el tablero geopolítico actual, donde el mar se ha convertido en el nuevo campo de batalla del prestigio y la influencia global, China busca ocupar el lugar que durante décadas ha sido casi exclusivo de Estados Unidos. Su tercera y más moderna joya naval, el portaaviones Fujian (Tipo 003), simboliza esa ambición: un intento de demostrar que el gigante asiático ya juega en la misma liga que la US Navy. Sin embargo, la realidad técnica y operativa revela que el salto todavía no ha sido tan alto como Pekín pretende mostrar.

 

En mayo de 2024, el Ministerio de Defensa chino celebró con entusiasmo la primera travesía del Fujian, dando inicio a una fase de pruebas que lo acerca a su incorporación definitiva a la Armada del país asiático. No es un logro menor: con 315 metros de eslora y un desplazamiento de más de 80.000 toneladas, el Fujian es el mayor buque de guerra jamás construido en China. Además, integra catapultas electromagnéticas, una tecnología avanzada que solo Estados Unidos utiliza actualmente en su portaaviones más moderno, el USS Gerald R. Ford.

 

Pero detrás del brillo tecnológico y la narrativa del Gobierno Chino, el Fujian presenta limitaciones estructurales que revelan la brecha que aún separa a la armada china de la estadounidense. Según el excapitán de la Marina de EE.UU. Carl Schuster y el teniente comandante retirado Keith Stewart, ambos consultados por la CNN, el buque chino podría operar a un ritmo aéreo apenas del 60% respecto a portaaviones norteamericanos con más de medio siglo de servicio, como los de la clase Nimitz.

 

El motivo, según estos expertos, está en el propio diseño de la cubierta. Las catapultas del Fujian están situadas cerca de la zona media-frontal del área de aterrizaje, lo que complica las maniobras simultáneas de despegue y aterrizaje. Dicho de otro modo: mientras un caza aterriza, las catapultas quedan temporalmente inutilizadas, afectando el flujo de operaciones. Además, el ángulo estrecho y la longitud del área de aterrizaje reducen el espacio para reubicar aeronaves recién recuperadas, forzando a los operadores a trabajar con más precaución y menos velocidad.

 

China, no obstante, continúa ampliando su flota, siendo esta ya la más numerosa del mundo en 2025. El Fujian se une a los portaaviones Liaoning y Shandong. El primero, un antiguo buque soviético modernizado y el segundo, el primero construido por completo en astilleros chinos. Ninguno, sin embargo, alcanza las dimensiones ni la tecnología del Fujian.

 

El Fujian es una proeza de ingeniería y un símbolo de orgullo nacional chino, pero todavía no es un rival directo para el poder naval estadounidense. Representa más un mensaje político que un equilibrio militar real. China ha demostrado que puede construir un portaaviones avanzado; falta ahora demostrar que puede operarlo con la misma eficacia que la US Navy, algo que requiere décadas de experiencia, doctrina y entrenamiento.

 

En definitiva, el Fujian no es tanto una decepción como un recordatorio: el poder naval no se mide solo en números, acero o toneladas, sino en la madurez operativa que solo el tiempo otorga.

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