El turismo de cruceros en Cartagena: ¿salvavidas o espejismo? | Parte 2

Paco Morales
Alicante está ganando protagonismo gracias al Interporting: un mismo itinerario permite el embarque o desembarque parcial de pasajeros en varios puertos, como si fueran paradas de un autobús urbano. Para que este sistema funcione basta con disponer de unas 400 habitaciones hoteleras o apartamentos turísticos reglados de alta calidad, junto a una logística portuaria eficiente y bien coordinada con la ciudad. Cartagena, con la apertura de un par de hoteles nuevos de gran capacidad y una oferta complementaria moderna, podría alcanzar ese umbral y competir de tú a tú como puerto interportuario, atrayendo un segmento de mercado más estable y rentable.
Julián López Mila, presidente de la Autoridad Portuaria de Alicante, lo explica con entusiasmo:
“Este es un gran año para Alicante en lo que se refiere al turismo de cruceros. En 2023 alcanzamos una cifra histórica, en especial gracias a la apuesta de MSC Cruceros por el puerto de Alicante, que ha incorporado buques que embarcan y desembarcan en nuestra ciudad.
El impacto económico es inmediato: la llegada de pasajeros internacionales para embarcar o desembarcar ha incrementado notablemente el gasto turístico en la ciudad, ya que muchos visitantes pernoctan antes de embarcar y aprovechan para consumir en restauración, transporte y comercio local".
Cartagena, sin embargo, sigue condicionada por su débil conectividad. El antiguo aeropuerto de San Javier ofrecía un enlace ágil con Madrid y Barcelona y, por extensión, con el resto del mundo. El deficiente funcionamiento del aeropuerto de Corvera, todavía sin conexiones sólidas con los grandes hubs europeos, mantiene el estancamiento regional y frena las posibilidades del puerto. Lo mismo ocurre con la ausencia de un AVE operativo o de ese tren rápido Cartagena–Chinchilla–Madrid que podría conectar la ciudad en tres horas y transformar su accesibilidad.
El presidente de la Cámara de Comercio ---la antigua COCIN, como se conocía en los tiempos en que la navegación era parte esencial del nombre y del alma de la institución---, Miguel Martínez, es tajante sobre esta cuestión:
"Es muy complicado para Cartagena atraer turistas porque carecemos de infraestructuras ferroviarias y de aviones. En eso hemos retrocedido desde hace unos años, porque al menos entonces había un tren que conectaba con Madrid y un aeropuerto en San Javier que tenía una buena conexión con Cartagena. Nosotros hemos salido perdiendo con el cambio. A eso se le suma que necesitamos más hoteles tanto en la ciudad como en la costa. Teniendo todo esto a favor, nos convertiríamos de verdad en un referente en el Mediterráneo".
Cartagena compite directamente con Alicante y Almería, pero depende en buena medida del éxito de Valencia y Málaga, que funcionan como grandes puertos base del Mediterráneo occidental. Lo ideal sería mantener ese equilibrio: que las grandes rutas sigan embarcando en esos puertos principales, pero incluyan siempre a Cartagena como escala imprescindible en su tránsito por el sureste español.
Desde dentro del propio puerto, la visión es tan realista como crítica. José María Fernández, presidente de la Asociación de Empresas de Actividades Marítimas de Cartagena (ASEAN) y consignatario con más de 25 años de experiencia en el tráfico de cruceros, resume la situación con claridad:
"En un cuarto de siglo hemos pasado de recibir unos pocos barcos a alcanzar este 2025 cerca de 200 escalas y más de 260.000 cruceristas. Ha sido un trabajo colectivo, fruto del esfuerzo de la Autoridad Portuaria y de toda la comunidad marítima ---consignatarios, estibadores, prácticos, remolcadores, amarradores--- que apostaron por estos tráficos cuando aún eran deficitarios.
Pero para seguir creciendo no basta con voluntad: carecemos de las infraestructuras básicas que permiten dar el salto a puerto de embarque o de interporting. No tenemos tren de alta velocidad, ni un aeropuerto bien conectado con Europa, ni suficientes plazas hoteleras de calidad. Así es muy difícil competir con Alicante, que partiendo de detrás ya nos supera.
Pero para poder seguir avanzando y creciendo, solo se podrá hacer con la colaboración de la Administración Regional y local, exigiendo y llevando a buen término las infraestructuras necesarias ya comentadas. Estas animarían a la iniciativa privada a crear nuevos hoteles y alojamientos.
Sin esto, mucho me temo que no podremos seguir creciendo y nos quedaremos estancados como puerto de tránsito, donde los cruceristas bajan a pie a la ciudad, se pasean, toman un café, compran un regalo y se vuelven a subir al barco".
El crecimiento es, sin duda, extraordinario. Sin embargo, Cartagena cuenta solo con ocho hoteles en la ciudad, de los cuales dos son de cuatro estrellas y ninguno de cinco. Esta limitación condiciona cualquier aspiración a convertirse en puerto de embarque. A ello se suman los apartamentos turísticos reglados, una fórmula en auge entre visitantes y cruceristas que buscan independencia y confort. No obstante, para ser puerto Interporting se requiere una concentración suficiente de alojamientos de alta gama dentro del entorno urbano inmediato, no dispersos por playas o pedanías a 20 kilómetros.
Respecto al sobreturismo (saturación de un destino turístico que degrada la calidad de vida de los residentes y la experiencia de los visitantes), conviene matizar el debate. En Cartagena solo podría producirse en el Conjunto Histórico, ya que el resto de la ciudad no concentra flujos significativos. Además, las condiciones naturales del puerto limitan el número de atraques simultáneos a cinco o seis cruceros grandes, como ha sucedido el pasado día 29 de octubre, lo que supone un máximo de unos 12.000 visitantes al mismo tiempo. Ya se han vivido jornadas así sin colapsos. Los indicadores técnicos de saturación —densidad peatonal superior a 4 personas por metro cuadrado o esperas en monumentos mayores de 45 minutos— no se alcanzan ni siquiera en los días de mayor afluencia.
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En lugar de temer la saturación, el reto es distribuir mejor los atractivos. Si se rehabilitara con eficacia el conjunto histórico —calles, plazas, museos, comercios tradicionales— y se reforzara la señalética y el acceso a los barrios colindantes, el flujo peatonal se dispersaría y los picos se suavizarían. El puerto no podrá aumentar su volumen de excursionistas más allá de las 12.000 o 15.000 personas en jornadas punta; parte se reparte por otros destinos de la Región y otra ni siquiera desembarca.
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A esa cifra hay que añadir los turistas alojados en el municipio y los visitantes comarcales, pero incluso si Cartagena alcanzara una posición de destino internacional, la clave no estaría en el miedo al exceso, sino en la gestión fina del espacio urbano. Multiplicar puntos de interés, establecer aforos dinámicos en enclaves sensibles y dirigir el tránsito peatonal permitiría absorber la demanda sin perder autenticidad. Así, el casco histórico mantendría su carácter, que es precisamente lo que los visitantes buscan.
Desde la Federación de Asociaciones Vecinales (FAVCAC) se percibe el fenómeno desde otra óptica: no hay masificación, sino una distribución desigual del beneficio. Tomás Sánchez Ojaos, presidente de la Federación de Asociaciones Vecinales de Cartagena y Comarca, lo expone con claridad:
El turismo de cruceros es muy bueno y beneficioso para la ciudad, pero no debe ser para una parte solamente. El centro del casco Histórico es muy grande y no debe de estar dividido de la Calle Serreta para un lado, ya que para el otro lado también hay vida y es Cartagena. El turista se va sin conocer medio casco Histórico que también tiene mucho atractivo y valor histórico, tanto en plazas emblemáticas, edificios modernistas, restos arqueológicos etc. Por seguir diversificando la riqueza, la Alameda de San Antón, en otras Grandes Ciudades, sería una Rambla, como las de Barcelona, Zonas de hostelería y ventas de todo tipo de comercios, pero la tenemos desaprovechada; en la zona central no hay vida".
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Superado el falso debate del sobreturismo, queda la cuestión esencial: ¿qué modelo de turismo necesita Cartagena? ¿Un flujo constante de visitantes de paso o un desarrollo sostenido que beneficie al conjunto urbano?
Cándido Román Cervantes, catedrático acreditado de la Universidad de La Laguna (ULL)y moderador de las Tertulias del Casino de Cartagena, lo formula con precisión:
"Me refiero a ese tipo de turismo en el que llegan cruceros que "descargan" a unas 3.000 personas que deambulan por la Calle Mayor sin un rumbo claro, mirando el reloj y esperando la hora de regresar al barco. Como la mayoría de estos viajeros tienen todo incluido en su paquete, dudo mucho que este modelo de turismo aporte un verdadero valor a la ciudad.
Más bien, generan una ocupación temporal del espacio público ---concentrándose principalmente entre la Plaza a los Héroes de Cavite y la Plaza de España--- y utilizan servicios que todos pagamos con nuestros impuestos, como papeleras, limpieza de calles y mantenimiento urbano. Sin embargo, su nivel de consumo en la ciudad es mínimo: un café, una Coca-Cola o un helado, como mucho.
Además, la media de edad de los cruceristas suele superar los 70 años, por lo que necesitan descansar con frecuencia y están más pendientes de la hora de regreso al barco, ya que las comidas y demás servicios están incluidos a bordo.
Personalmente, no deseo este modelo de turismo para mi ciudad, porque apenas deja beneficios económicos y contribuye poco a la vida local".
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Antonio Huertas, experto en tráfico marítimo y plantas de proceso, comparte esa visión crítica:
“El turismo de cruceros es un mal menor, aceptado y promovido desde el Puerto —que es quien recoge el beneficio real— para una Cartagena a la que aporta escaso valor añadido en comercio y hostelería, sectores a los que precariza, al no ser estos turistas dados a compras de cierto nivel ni al uso de una hostelería de rango alto.”
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El dilema, por tanto, no está en la llegada de barcos, sino en la forma de aprovechar su presencia. Cartagena ha logrado lo más difícil: figurar con fuerza en el mapa internacional de cruceros. Pero ahora debe decidir si se conforma con ser una escala agradable o si quiere dar el salto a puerto de referencia, generando una economía turística más equilibrada y sostenible.
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En la tercera y última entrega se abordará precisamente eso: ¿en qué beneficia realmente el turismo de cruceros a Cartagena y a sus ciudadanos?



















