Carlos Mazón - Imagen de archivoCarlos Mazón ha dimitido, 370 días después de la DANA que arrasó la Comunitat Valenciana y de la que nunca logró salir limpio. Su gobierno se fue empantanando entre reproches, rumores y silencios. Y justo hoy, coincidiendo con la citación judicial de Maribel Vilaplana, la periodista con la que comía en El Ventorro aquel mediodía fatídico, Mazón pone fin a su carrera política. Ha tardado 370 días en hacer lo inevitable: dimitir.
Desde el Palau de la Generalitat, el presidente valenciano ha anunciado su dimisión con un discurso plagado de reproches. “Por voluntad personal habría dimitido hace tiempo. Ha habido momentos insoportables”, afirmó ante la prensa. Lejos de suavizar el mensaje, Mazón no escatimó en ataques al Gobierno central, al que volvió a acusar de abandono institucional durante la DANA. “Queríamos ayuda, la pedimos y jamás la recibimos. Todo este despliegue lo estamos haciendo solos, sin una sola aportación del Gobierno, con la única autorización para endeudarnos más. La falta de ayuda en las dramáticas primeras horas fue clamorosa".
A lo largo de su intervención, Mazón mezcló autocrítica y reproches. Admitió errores que llevaba meses evitando verbalizar. “Cometí el error de mantener mi agenda ese día. Era inimaginable que en unas horas el Poyo pasase de estar seco a una trampa mortal. Debí haber tenido la visión política de cancelar mi agenda. Cometí errores, lo reconozco. He pedido perdón y lo vuelvo a repetir. Pero ninguno fue por cálculo político o por mala fe”.
Su tono ha dejado claro que la decisión estaba tomada hace tiempo. “El Gobierno ya no tiene excusas para seguir arrastrando los pies. He salido de todos los cálculos políticos personales. A día de hoy, todo lo que dijimos se ha podido demostrar. Pero es hora de que otro tome el relevo”.
Mazón ha pedido a la “mayoría parlamentaria”, es decir, a PP y Vox, que elijan a su sucesor “para completar y consolidar este nuevo tiempo que necesita la Generalitat”. La frase, breve pero calculada, fue recibida con un silencio denso en el salón principal del Palau.
Del orgullo a la fractura
El dirigente del PP deja el cargo tras un año en el que la gestión del desastre se convirtió en su sombra permanente. Ni los informes, ni los actos de homenaje, ni las campañas institucionales lograron borrar las preguntas sobre su actuación aquella tarde.
Mazón volvió a responder a los rumores que lo persiguieron desde entonces: “Ha habido una campaña brutal. Se ha llegado a decir que aquella tarde estuve de cumpleaños, con el móvil apagado… Que retrasé la alerta. Todo como excusa. Mientras unos usan la desgracia como excusa, yo no voy a poner ninguna".
El ya ex-presidente defendió que su gobierno “ha hecho todo lo humanamente posible para la recuperación”, y aseguró que “jamás un gobierno autonómico ha abordado un reto remotamente parecido”. También acusó al Ejecutivo central de estar realizando “una pésima labor de reconstrucción”.
La caída de un presidente en solitario
Mazón cierra así una etapa marcada por la soledad política, las críticas cruzadas y un creciente malestar ciudadano. La Fiscalía mantiene abierta una investigación sobre la gestión inicial del desastre, mientras las asociaciones de víctimas celebran la dimisión como “un acto tardío, pero necesario”.
En las próximas semanas, PP y Vox deberán pactar el relevo y acordar el nombre del nuevo presidente valenciano, en un clima de desconfianza interna y cálculo electoral. Mazón deja tras de sí un gobierno fracturado, un territorio aún en reconstrucción y una frase que suena a confesión tardía: “Ante una situación tan grave, hablar de mi situación personal me parecía una frivolidad".










