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Opinión | El Periscopio
Sebastián Hidalgo
Jueves, 06 de Noviembre de 2025
Sebastián Hidalgo

Singapur, la fuerza de una hormiga

 

En el sudeste Asiático Singapur se erige como una potencia diminuta con una influencia desproporcionada. Su posición estratégica en el estrecho de Malaca, por donde pasa hasta el 40% del comercio marítimo mundial, históricamente le ha otorgado un papel clave en la economía global y en el equilibrio geopolítico de la región.

 

No es una posición nueva, de hecho esa fue la que provocó que en época colonial Inglaterra la convirtiera en un bastión prácticamente inexpugnable, llenándola de baterías, fortificaciones y una poderosa flota que la defendiera de ataques, pues su posesión era una de las más preciadas del Imperio, por algo la llamaban “la perla de Asia”

 

Rodeada por vecinos mucho más grandes como Malasia, Indonesia, o la gran China, el país ha seguido transformando sus pequeñas dimensiones en el punto de apoyo de cualquier palanca que quiera influir en la zona. Eso lo ha logrado gracias a contar con una doctrina militar envidiable, una diplomacia que funciona como un reloj suizo y un poder militar altamente tecnificado que garantizan su supervivencia.

 

La inversión en defensa no ha sido un gesto de más. Para una nación de apenas seis millones de habitantes, la seguridad es la condición básica de libertad. El servicio militar obligatorio, la modernización constante de sus fuerzas armadas y la doctrina de “Defensa Total” reflejan una convicción clara: sin seguridad, no hay desarrollo.

 

Las superpotencias no han sido indiferentes a la prosperidad de este pequeño enclave, y ambas han buscado afianzar su presencia en la isla. Estados Unidos lo ha hecho a través del poder militar: dotando a Singapur de armamento de última generación, entre ellos los cazas F-15SG y los modernos F-35, emblemas de su superioridad tecnológica y de su interés por mantener el equilibrio estratégico en la región. China, por su parte, ha desplegado una estrategia más silenciosa pero no menos ambiciosa, basada en la inversión, el comercio y la conectividad digital. Su influencia se percibe más en los parques tecnológicos y los acuerdos financieros que en los ejercicios militares

 

Calificada como la Suiza de Asia, comparte con el país alpino una prosperidad económica envidiable. En las últimas décadas se ha acrecentado su riqueza. Esta isla diminuta se ha convertido en uno de los centros financieros, logísticos y tecnológicos más importantes del mundo. Su secreto no fue la suerte, sino la estrategia: una mezcla de disciplina, planificación y pragmatismo que pocos países han logrado mantener con tanta coherencia, quizás a cambio de ciertas restricciones a la libertad.

 

El aliento en el cogote de China hace que tengan que esforzarse para no ser absorbidos por ella, y al tiempo mantenerse en buenos términos comerciales con el Gobierno de Pekín, lo que provoca jugar con su acercamiento a Estados Unidos y sus aliados en la zona, tratando de no molestar a la dictadura china.

 

Singapur aprendió desde su nacimiento que la independencia no se hereda, se defiende. El país ha entendido que su democracia solo puede sobrevivir si está protegida por una fuerza militar moderna y eficiente. Por eso, mientras otros Estados pequeños confiaron en alianzas o en la propia suerte, Singapur apostó por sí mismo: por construir una defensa integral que garantizara su estabilidad política y su soberanía.

 

En ese juego de fuerzas, Singapur no es un peón, sino un actor calculador que convierte su neutralidad en  poder y su tamaño en ventaja.

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