Fernando de Herrera, poeta renacentista

Cuando hablamos del Siglo de Oro en España, solemos referirnos a las grandes figuras literarias muy mencionadas y reconocidas, pero a menudo olvidamos los grandes aportes de literatos como Fernando de Herrera, “El Divino”, quien recibió ese nombre porque sus contemporáneos creían que poseía un talento poético equiparable al dado por Dios.
Fernando fue un crítico pionero en su época; esto se debió a sus anotaciones sobre los poemas garcilasianos en 1580 (Anotaciones a la poesía de Garcilaso de la Vega). Puede considerarse que él fue editor de Garcilaso.
Nació en una familia humilde, pero recibió una educación elitista de Juan de Mal Lara; así aprendió lenguas clásicas y modernas. Su amor platónico fue la condesa de Gelves (doña Leonor de Milán), a la cual atribuía los nombres de Luz, Estrella y Eliodora:
Rojo sol, que con hacha luminosa
cobras el purpúreo y alto cielo,
¿hallaste tal belleza en todo el suelo,
que iguale a mi serena Luz dichosa?
Aura süave, blanda y amorosa,
que nos halagas con tu fresco vuelo,
¿cuando se cubre del dorado velo
mi Luz, tocaste trenza más hermosa?
Luna, honor de la noche, ilustre coro
de las errantes lumbres y fijadas,
¿consideraste tales dos estrellas?
Sol puro, Aura, Luna, llamas de oro,
¿oístes vos mis penas nunca usadas?
¿Vistes Luz más ingrata a mis querellas?
El poema es una oda amorosa que compara elementos celestes con su amada. El poeta se pregunta retóricamente si se ha visto en toda la Tierra algo tan bello como Luz (su amada). El cabello de la misma es dorado y sus ojos son dos estrellas —no hay símil, sino metáfora pura, ya que no se utiliza la palabra como. En el cierre del poema, el poeta reúne todos los elementos celestes, pero su amada Luz le es ingrata: no corresponde a su amor.
Hay apóstrofe, pues se dirige a objetos inanimados como el Sol, la brisa y la Luna directamente. La Luz es tan grande como su indiferencia. La amada es idealizada, ausente e intocable, como ocurría en la poesía de Garcilaso.
Fernando consideraba a Garcilaso un gran poeta y por ello lo estableció como canon literario. Tanto Garcilaso como Herrera se inspiraron en Petrarca, pero Herrera añadió una mayor complejidad formal y conceptual.
Fernando de Herrera supone el paso del Renacimiento al Barroco, y como fue poeta, podemos estudiar sus versos para comprobarlo acertadamente.





















