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Opinión | Sección cultural
José Daniel Martínez
Miércoles, 26 de Noviembre de 2025
José Daniel Martínez

Mozart y Salieri fueron músicos extraordinarios

 

Es indiscutible el hecho de que Mozart fue uno de los músicos más importantes de la historia, si no el más importante. Él parecía tener un talento innato para componer, así como para tocar el piano; sin embargo, lo que nadie cuenta es que tanto su hermana como él recibieron clases de piano. Su hermana mayor era un prodigio en la música y combinaban sus talentos para ayudarse mutuamente. Leopold Mozart fue el principal responsable de la educación musical de su hijo.

 

Cuenta la leyenda que existía una gran rivalidad entre Mozart y Salieri, mas lo que nadie cuenta es que Mozart, antes de morir, sugirió que pudo haber sido envenenado y que este rumor se propagó en Viena (muchos sospecharon de Salieri). A comienzos de 1820, Salieri dijo haber envenenado a Mozart, pero esto pudo ser mentira porque Salieri ya era anciano y tenía demencia (los propios historiadores no tienen en cuenta estas palabras debido a la pérdida del sentido racional del músico).

 

La película Amadeus consiguió aumentar la percepción de culpabilidad de Salieri y lo mostró como un hombre envidioso y resentido, pero históricamente esto es inexacto, ya que, aunque Mozart y Salieri no fueran amigos íntimos, tampoco eran enemigos; incluso Salieri apoyó algunas obras de Mozart y los dos fueron músicos respetados en la corte de Viena. Por lo tanto, la película solo consiguió desvirtuar la percepción que se tenía sobre Salieri.

 

Obras como La flauta mágica guardan relación con elementos fantásticos, aunque en esta ocasión también aparece el elemento masónico que esconde rituales de iniciación, símbolos masónicos y mensajes que indican la pertenencia de Mozart y de su libretista (Emanuel Schikaneder) a una logia de Viena. Es cierto que La flauta mágica es una ópera masónica disfrazada de cuento para que sea accesible a todo tipo de público, pero desde el principio se observan los tres golpes iniciales (tres acordes que evocan a los tres golpes de los rituales que abrían las logias masónicas del siglo XVIII).

 

Asimismo, había pruebas iniciáticas como las de los protagonistas (Tamino y Pamina), que pasan pruebas de silencio, fuego y agua, algo similar a los rituales. Sarastro aparece para encarnar la razón, la fraternidad y la luz, los cuales son valores centrales de la masonería y que se opondrían a la Reina de la Noche (que indica ignorancia y caos). Al parecer, Mozart ingresó en la logia vienesa Zur Wohltätigkeit. La ópera está cargada de humor, pero transmite mensajes de igualdad, fraternidad y de la búsqueda de la verdad; además, fue la última ópera que Mozart estrenó en vida.

 

En torno al Réquiem (Réquiem en re menor, K. 626) de Mozart hay muchas dudas, pero la más racional es pensar quién lo acabó si él murió cuando tan solo lo había comenzado, dejando algún que otro esbozo para dar pistas a su continuador. Joseph Eybler hizo algún arreglo, pero finalmente fue Franz Xaver Süssmayr quien logró completarlo; además, el nombre de este fue confundido con el nombre del hijo de Mozart (por también ser Franz Xaver de nombre). La creencia de que el Réquiem lo escribía para sí mismo, junto a los rumores de envenenamiento, hicieron que la última etapa de la vida de Mozart fuera más interesante y conocida por todos.

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