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ENTREVISTA | PORTAVOZ DE LA REVUELTA DE LAS MUJERES EN LA IGLESIA

“Somos mayoría y seguimos ninguneadas”: la denuncia del colectivo Revuelta de las Mujeres en la Iglesia

Rosa Pérez, portavoz de Revuelta de las Mujeres en la Iglesia, reclama cambios profundos en la institución y tolerancia cero ante los abusos de poder, de conciencia y sexuales

Alba Molina Martes, 25 de Noviembre de 2025 Tiempo de lectura:

Con motivo del 25 de noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, el colectivo Revuelta de las Mujeres en la Iglesia ha querido alzar la voz también dentro de la institución católica. Estas mujeres creyentes han hecho público su compromiso inequívoco con las víctimas de violencia de género y sus familias, “haciendo suyo el dolor y la indignación provocados por estas violencias inadmisibles”.

 

 

Para profundizar en sus reivindicaciones, hablamos con Rosa Pérez, portavoz de Revuelta de las Mujeres en la Iglesia, un movimiento que nace desde la fe pero mira de frente al patriarcado eclesial.

 

“Nosotras, como mujeres creyentes, consideramos que la violencia contra la mujer es una manifestación extrema de la desigualdad de género”, explica. “Es un problema estructural que atraviesa todas las edades, las clases sociales, los niveles educativos y los territorios. Es un gran obstáculo para alcanzar una sociedad igualitaria”.

 

Rosa insiste en que su denuncia no nace contra el Evangelio, sino desde él. “Tenemos como referente a Jesús, somos seguidoras de Jesús de Nazaret, y él supuso un cambio contra la indignidad con la que se trataba a las mujeres”, recuerda. “En los textos del Evangelio se ve cómo fue capaz de liberar a las mujeres de muchas condiciones injustas en su época”.

 

Precisamente por eso, el colectivo mira hacia dentro de la institución y pone el dedo en la llaga: “Al interior de la Iglesia hay mucho trabajo que hacer. Creemos que es importante que haya una supresión del clericalismo y del patriarcado. No puede ser que las mujeres y las niñas estén sometidas al clero y no se respete su dignidad”.

 

Para Revuelta de las Mujeres en la Iglesia, la comunidad cristiana debería ser un espacio de protección, no de resignación. “Necesitamos una Iglesia que acoja vivamente el dolor de las víctimas, sus preocupaciones, sus anhelos y sus familias”, reclama. “Que sea un lugar de acogida y no de ‘pues hija, confórmate con lo que te ha tocado vivir’. Si no cambiamos la mentalidad dentro de la Iglesia, tampoco conseguiremos erradicar esta violencia”.

 

Desde su perspectiva, las medidas legales, educativas o económicas que debe activar la sociedad son imprescindibles, pero no bastan si la institución religiosa no hace su propia conversión interna. “Tenemos tolerancia cero contra el abuso de conciencia, el abuso sexual y la explotación económica que se da también en la Iglesia”, subraya. “Luchamos decididamente por la eliminación de esta violencia y de estas víctimas al interior de la Iglesia. Nuestro grito ahora mismo sería: ‘En el nombre de Dios, ni una muerte más’”.

 

Un movimiento de mujeres creyentes que rompe el molde

 

A más de un oyente puede llamarle la atención que sean precisamente mujeres católicas quienes se movilicen contra la violencia machista y el patriarcado eclesial, desmontando el perfil sumiso con el que muchas veces se las ha encasillado. Rosa sitúa este movimiento en una genealogía larga de resistencia.

 

“Venimos de un movimiento que tuvo su explosión en marzo de 2020”, recuerda. “Ya en 2018, mucha gente lo recordará, hubo una gran manifestación y una huelga, incluso de religiosas, por el 8M. Nosotras nos planteábamos que si en la sociedad estábamos reivindicando la igualdad, en la Iglesia también era necesario hacerlo”.

 

Se saben herederas de otras mujeres que trabajaron en silencio dentro de la institución. “Somos herederas de muchas mujeres que han luchado al interior de la Iglesia y contamos con la compañía de muchas teólogas”, explica. “En la Asociación Española de Teólogas llevan unos 30 años interpretando y reinterpretando los textos del Evangelio y los mensajes de Jesús desde el punto de vista femenino. Creemos que Jesús quería una sociedad igualitaria”.

 

Rosa recuerda que las primeras comunidades cristianas tuvieron un fuerte protagonismo femenino: “Las mujeres fueron apóstolas y tuvieron un papel fundamental en la Iglesia en los primeros momentos. Otra cosa es que luego la sociedad judía, que era machista, como lo es la nuestra, fuera invisibilizando esa realidad de lo femenino”.

 

Desde ahí, Revuelta de las Mujeres en la Iglesia se sabe parte del movimiento feminista más amplio. “Nos unimos a todas las asociaciones feministas que luchan por erradicar esto. Es una lacra social que nos afecta a todas las mujeres. No se puede entender que haya mujeres que sean capaces de negar esta situación”, afirma.

 

En los últimos días, la expulsión del obispo de Cádiz y Ceuta, Rafael Zornoza, por parte del Papa ha vuelto a colocar en el foco las responsabilidades internas de la Iglesia. Preguntada por este caso, Rosa es clara: “Si se confirma, eso es un delito y, como tal, tiene que someterse a la justicia y a los jueces. Otra cosa es que dentro de la Iglesia, en un momento determinado, se le pueda perdonar. Pero los delitos se pagan con la justicia. Y cuando se hace con menores, es más grave todavía. Desde el punto de vista religioso es un pecado mortal de los más gordos”.

 

Pero su denuncia no se limita a los casos más extremos y mediáticos. “Al interior de la Iglesia no solamente hay ese tipo de violencia, que desde luego no es pequeña ni poco dañina”, advierte. “También se ha abusado mucho del trabajo de las mujeres sin remuneración, de las órdenes religiosas, del ninguneo de las mujeres, que somos mayoría en la Iglesia y mayoría en casi todo: catequistas, personas que llevan la comunión a los enfermos, voluntarias de Cáritas, participantes en proyectos…”

 

La conclusión es contundente: “La mujer tiene que ser igual al hombre dentro de la Iglesia. Si no, la Iglesia no evolucionará con los signos de los tiempos, como decía el Concilio Vaticano II. El Papa Francisco ha dado avances y pasitos, ha nombrado a algunas mujeres en puestos clave, pero nos falta muchísimo. Si la sociedad es poco igualitaria, la Iglesia lo es todavía menos”.

 

Religiosidad popular y una Iglesia que “o será de los pobres o no será”

 

En un momento en el que se habla de una especie de “explosión de fe” ligada a fenómenos culturales, a la religiosidad popular o al tirón de la Semana Santa, Rosa distingue con claridad entre tradición y misión evangélica.

 

“Una cosa es la religiosidad popular, los ritos y tradiciones: nuestras procesiones, nuestras cosas”, concede. “Pero la Iglesia tiene que responder a la acogida de la gente. Tiene que ser una Iglesia de los pobres. Eso ya lo dijo el Papa Francisco y ya lo dijo el Vaticano II”.

 

Su diagnóstico no deja margen a interpretaciones: “La Iglesia o será una Iglesia de los pobres o no está cumpliendo la misión que Jesús le encomendó. Todo lo demás es parafernalia. Y eso no es Evangelio”.

 

En el cierre, Rosa vuelve al punto de partida: el 25N y la urgencia de un cambio colectivo. “Es muy importante que todos en la sociedad apoyemos el cambio educativo y de mentalidad para quitar esta situación tan horrorosa de las mujeres, de las víctimas”, subraya.

 

Desde Revuelta de las Mujeres en la Iglesia, ese cambio empieza por nombrar la violencia, escuchar a las víctimas, revisar estructuras de poder y poner en cuestión un modelo eclesial que todavía hoy relega a las mujeres a un segundo plano. Porque, como repiten, en nombre de Dios no puede haber ni una muerte más.

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