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ENTREVISTA

La Coordinadora Feminista de Cartagena pone el foco en la violencia institucional, sanitaria y judicial contra las mujeres

Critican que Ayuntamiento y Asamblea renuncien a declaraciones institucionales mientras crece el negacionismo y se cronifica el sufrimiento de las mujeres y la adolescencia

José Antonio Muñoz y Alba Molina Martes, 25 de Noviembre de 2025 Tiempo de lectura:

Cada 25 de noviembre ocurre algo que ni el ruido político ni los discursos gastados consiguen apagar. Miles de personas vuelven a salir a la calle para recordar que la violencia machista sigue matando y sigue dejando cicatrices profundas en una sociedad que aún no ha asumido del todo su dimensión real.

 

 

Este año no es una excepción. La Región de Murcia se suma a las más de cuarenta marchas convocadas en España y, en la ciudad portuaria, la Coordinadora Feminista de Cartagena volverá a teñir de morado el centro urbano con una manifestación que partirá a las 19:00 horas desde la Plaza de España y llegará hasta la puerta del Ayuntamiento.

 

Antes de la cita en la calle, algunas de sus integrantes pasan por los micrófonos de Las Mañanas de Murcia Economía Radio para poner palabras a un malestar que mezcla indignación, cansancio y determinación.

 

Las activistas llegan al estudio directamente desde un acto institucional del Ayuntamiento de Cartagena, gobernado por PP y Vox. Y reconocen que la mañana deja sensaciones encontradas.

 

Por un lado, valoran que en el acto se haya recordado a las mujeres asesinadas por violencia machista a manos de sus parejas o exparejas y a los niños y niñas víctimas de violencia vicaria. El consistorio, explican, sigue facilitando cada año el pórtico, el sonido y la iluminación para la concentración del 25N. “Nos ha sorprendido para bien”, admiten.

 

Pero la otra cara pesa: este año no hay declaración institucional por el 25N en el Ayuntamiento, ni tampoco la Asamblea Regional se ha sumado a ningún gesto político de calado. “Nos preocupa muchísimo”, señalan. “Este día tiene un mensaje muy claro y el hecho de que se quiera negar la necesidad de reivindicar y de erradicar la violencia contra las mujeres son muchos pasos atrás. El negacionismo mata”.

 

Las portavoces lamentan que la violencia machista se use “como moneda de cambio” en las negociaciones políticas. “No se puede negociar con la violencia machista”, insisten. “Se tiene que erradicar, se tiene que trabajar, se tiene que visibilizar, se tiene que hacer pedagogía. Las instituciones están para servir a la ciudadanía, y la ciudadanía lleva muchos años clamando en días como hoy”.

 

Más allá del gesto político, la Coordinadora pone el foco en las violencias que se encuentran las mujeres cuando por fin deciden pedir ayuda. Y ahí la denuncia es directa.

 

“A veces sí nos sentimos abandonadas”, reconocen. Ocurre cuando una mujer maltratada acude a comisaría y no encuentra empatía, cuando se la pone en cuestión o directamente no se la cree; cuando llega a juicio y se topa con un fiscal que parece más preocupado por el agresor que por proteger a la víctima. “Hay mujeres que tienen miedo de denunciar porque temen no ser creídas o sufrir un calvario judicial. Ahí hay una violencia institucional enorme”, señalan.

 

El diagnóstico se extiende también al ámbito sanitario: “Cuando nos atienden como usuarias de segunda, cuando se olvidan pruebas, cuando los cribados no funcionan o no se investigan enfermedades propias de las mujeres, ahí también hay una violencia de los organismos que tendrían que cuidarnos. Pagamos nuestros impuestos como el que más y no siempre recibimos la misma respuesta”.

 

Juventud, bulos y pedagogía pendiente

 

En los últimos días, un estudio del CIS ha puesto sobre la mesa el crecimiento del negacionismo entre adolescentes y jóvenes menores de 35 años, que relativizan el feminismo, la violencia de género e incluso muestran simpatía por discursos autoritarios. Las feministas de Cartagena lo ven como la punta de un iceberg educativo.

 

“Tenemos como sociedad una asignatura pendiente. Falta pedagogía”, resume una de las portavoces. Recuerdan cómo, desde la polémica del pin parental y la discusión en torno a la educación en valores, se ha ido debilitando el trabajo en las aulas. “La derechización de la sociedad recala mucho en la educación. Nuestros niños y niñas están educándose en un ambiente que favorece los bulos, porque no se enseña bien la historia ni se explican las desigualdades”.

 

Las redes sociales y el consumo rápido de contenidos tampoco ayudan. “Los mensajes cortos, los bulos y las mentiras son más creíbles que las explicaciones largas de las verdades”, apuntan. El reto, dicen, es doble: que las instituciones educativas “se remanguen” y que la generación adulta aprenda a comunicarse con la juventud “en su propio lenguaje”.

 

¿Qué papel tienen los hombres?

 

En la conversación aparece una pregunta que siempre incomoda: ¿qué pueden hacer los hombres para contribuir a erradicar esta violencia? Las activistas responden sin rodeos: lo primero, no ponerse a la defensiva.

 

“Cuando damos datos, no estamos buscando culpables individuales”, matizan. “Lo que queremos es que encontremos entre todas y todos herramientas para solucionar una desigualdad enorme”. Recuerdan que los asesinatos son solo la punta del iceberg y que por debajo hay control, miedo, chantaje, relaciones tóxicas que se normalizan como ‘amor romántico’.

 

Una de las integrantes, madre de dos hijos, explica el desafío de educar en igualdad “en una sociedad que educa en lo contrario”, donde la familia no es el único agente socializador. “La sociedad es permisiva cuando normaliza programas donde la forma de relacionarse es tóxica. Si una adolescente cree que amar es ser sumisa, tenemos un problema”.

 

El patriarcado, advierten, no solo oprime a las mujeres. También impone a los hombres modelos imposibles de cumplir, que acaban en consulta psicológica. “Te colocan en un lugar privilegiado, sí, pero también muy peligroso. Hay muchos especialistas que hablan de los daños que provocan esas exigencias de masculinidad”, apuntan.

 

Relatan la conversación con un amigo que les preguntaba: “¿Y por qué voy a abandonar yo ese lugar de privilegio?”. La respuesta fue tan sencilla como incómoda: “Por justicia. Igual que un esclavista no debería preguntarse qué gana renunciando a la esclavitud. Claro que pierdes ventajas, pero ganas en humanidad”.

 

La invitación está clara: revisar dinámicas familiares, renunciar a chistes y complicidades machistas, no ser el que calla cuando en un grupo de WhatsApp se comparte una barbaridad. “Cuando no niegas la violencia machista, ya eres un aliado”, sintetizan. “No hace falta que salgas siempre a la calle, aunque ojalá. En tu día a día siempre tienes margen para no ser cómplice”.

 

Preguntadas por si las mujeres pueden hacer más, las activistas responden con matices. “Claro que podemos hacer más, y de hecho lo hacemos. Pero ya estamos explotadas”, dicen sin adornos.

 

Recuerdan que sobre ellas recae, en la mayoría de los casos, el cuidado de mayores, de hijos e hijas, la organización de la casa, las citas médicas, las compras, la carga mental de la logística familiar… Todo eso mientras sostienen trabajos precarios o jornadas completas. “Se nos exige muchísimo y encima estamos educadas en el patriarcado. No se puede cargar también sobre nosotras la culpa de que esto no cambie más rápido”.

 

Para ellas, la clave pasa por ponerle nombre a la explotación y repartir responsabilidades. “Somos hijas sanas del patriarcado, hemos aprendido sus reglas y muchas veces reproducimos conductas machistas. Pero cuando te pones las gafas violetas, cuando miras con perspectiva feminista hacia dentro y hacia fuera, ya no hay marcha atrás”.

 

"Ante el genocidio, feminismo"

 

Este año, la Coordinadora Feminista de Cartagena ha querido subrayar tres frentes de lucha en su manifiesto, que será teatralizado al final de la marcha. El lema elegido es “Ante el genocidio, feminismo”.

 

Han querido poner el foco en cómo las mujeres son máximas sufridoras en guerras y genocidios, donde se utilizan las violencias sexuales como arma y se multiplican las vulnerabilidades. Además, incorporan a su denuncia la polémica de los cribados sanitarios y las deficiencias en la prevención de enfermedades que afectan mayoritariamente a mujeres, y la defensa del derecho al aborto como cuestión central de autonomía y salud.

 

No es la primera vez que la Coordinadora elige una violencia concreta para centrar el mensaje. El año pasado, recuerdan, quisieron visibilizar “la justicia injusta” en los juicios a los “puteros” celebrados en Cartagena y las sentencias que consideraron “infames”.

 

Este 25N vuelven a la calle con la misma idea fuerza: hacer pedagogía, organizarse y no mirar hacia otro lado. “Lo que realmente es un antídoto contra esta violencia son las redes de mujeres, tomar conciencia, hacer divulgación cada una desde el lugar donde está”, resumen.

 

Esta tarde, la cita es en la Plaza de España de Cartagena, a las 19:00 horas. Desde allí, una marea morada recorrerá de nuevo la ciudad para recordar que la violencia contra las mujeres no es un tema de opinión, ni una batalla cultural más, ni un renglón en una negociación política. Es una cuestión de justicia, de vidas truncadas y de una sociedad que, o se pone seria, o seguirá acumulando nombres en la lista de las que ya no están.

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