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ENTREVISTA DIRECTORA GENERAL DE HISPANIA NOSTRA

Marchamalo, un espejo donde mirarse: el premio que reivindica la memoria salinera y el paisaje del Mar Menor

La restauración de las salinas viejas, impulsada por asociaciones, voluntariado y el proyecto Resalar, recibe el Premio Hispania Nostra a las Buenas Prácticas en patrimonio y territorio

Alba Molina Miércoles, 26 de Noviembre de 2025 Tiempo de lectura:
Las salinas de Marchamalo - ITREMLas salinas de Marchamalo - ITREM

La mañana en Cabo de Palos tiene algo de celebración contenida. Tras la suspensión del acto en octubre por la DANA, por fin se descubre la placa del Premio Hispania Nostra a las Buenas Prácticas concedido a la restauración de las salinas viejas de Marchamalo, un espacio donde paisaje, memoria salinera y defensa del Mar Menor se entrelazan. Hasta allí se ha desplazado Bárbara Cordero, directora general de Hispania Nostra, con la que conversa Las Mañanas de Murcia Economía Radio, con José Antonio Muñoz al frente.

 

Estamos de enhorabuena”, resume Cordero nada más comenzar. El premio, explica, se enmarca en la categoría 1 de Buenas Prácticas, la que reconoce el patrimonio como intervención en el territorio y el paisaje. Y ese es, precisamente, el corazón del proyecto que hoy se celebra: la recuperación de unas salinas históricas, en un entorno especialmente frágil como es el del Mar Menor, con la vista puesta no solo en el pasado, sino también en el futuro.

 

La directora general detalla que el jurado no solo ha valorado el resultado final de la restauración, sino también el camino recorrido. “Dentro de lo que son los premios Hispania Nostra, tenemos muy en cuenta el voluntariado y la participación ciudadana”, subraya. Para ella, la clave de Marchamalo está en esa suma de actores: asociaciones, profesionales, entidades y vecinos que han apostado por devolver la vida a las salinas.

 

Poner en valor este patrimonio y volver a recuperar la extracción de sal, aunque sea poquito a poco, no puede hacerse sin una colaboración muy estrecha por parte de la sociedad civil”, insiste. En una zona “sobreexplotada”, recuerda, el esfuerzo de quienes se han implicado en el proyecto tiene un valor añadido: demuestra que otra relación con el territorio es posible.

 

La iniciativa se desarrolla dentro del proyecto Resalar, una propuesta que vincula la recuperación del patrimonio salinero con la regeneración medioambiental del Mar Menor. Cordero destaca el simbolismo del nombre y el gesto de volver a producir sal allí donde la actividad permanecía paralizada desde hacía décadas.

 

“Estamos en un espacio fantástico, junto a una montaña de sal tras 30 años de inactividad. Es empezar a poner esa semillita para que esto, poco a poco, contribuya a la mejora del medio ambiente en todo este entorno”, explica. A su juicio, actuaciones como esta no solo ayudan a conservar el paisaje y la biodiversidad, sino que también pueden convertirse en un recurso para el territorio: “Al final, terminan siendo un motor de desarrollo económico y social”.

 

En ese punto, Cordero recuerda otros proyectos premiados por Europa Nostra, la panfederación europea a la que representa Hispania Nostra en España, como el caso del Valle Salado de Añana, en Álava, donde la recuperación de las salinas ha generado un importante impacto económico y turístico. “Es cuestión de reinterpretar, de sumar esfuerzos y de entender que estos proyectos, cuando se culminan, transforman la zona en la que se desarrollan”, sostiene.

 

La entrevista se detiene también en cómo ha cambiado la manera de entender el patrimonio. “Antes se asociaba casi exclusivamente a lo arquitectónico o monumental. Hoy el concepto es mucho más amplio”, señala. En Marchamalo, además del paisaje y las infraestructuras, se reconoce una tradición salinera que forma parte de la identidad de la comarca.

 

Esa tradición también es patrimonio. Forma parte de la memoria colectiva y de lo que nos pertenece como sociedad. El patrimonio ya no es solo un elemento físico; también incluye todo lo inmaterial, los oficios, los saberes, las formas de vida”, recalca Cordero. Esa mirada integradora es la que permite que espacios como las salinas viejas de Marchamalo se vean no solo como restos del pasado, sino como proyectos vivos con futuro.

 

Más allá del premio, Hispania Nostra trabaja a diario en la defensa y conservación del patrimonio en todo el país. Una de sus herramientas más conocidas es la Lista Roja, en la que se incluyen bienes en riesgo de desaparición o grave deterioro. Recientemente se han incorporado dos elementos de la Región de Murcia, entre ellos el Valle de Ricote en el paso de Ojos y Ulea, y un depósito de canteras.

 

Cordero evita hacer una radiografía simplista de la situación murciana, pero sí pone el foco en lo que significa que estos bienes lleguen a su radar. “Más que una valoración, diría que la Lista Roja es una herramienta de participación ciudadana”, explica. “Que nos lleguen esos avisos demuestra que en la Región de Murcia hay sensibilidad hacia un patrimonio que necesita ser atendido”.

 

Recuerda que Hispania Nostra no recorre el mapa buscando monumentos en peligro: son los propios vecinos, asociaciones y entidades quienes dan la voz de alarma. “No somos nosotros quienes vamos registrando; es la ciudadanía quien denuncia, quien nos hace llegar la información. Nosotros la evaluamos y decidimos si pasa a formar parte de la Lista Roja o, cuando se actúa y se recupera, de la Lista Verde, que es donde nos gustaría que estuvieran todos”, comenta.

 

Para facilitar esa transición del rojo al verde, la entidad cuenta también con una plataforma de micromecenazgo que ayuda a financiar intervenciones. “No se trata tanto del número de bienes que entran, sino de que, una vez que entran, podamos conseguir que salgan cuanto antes”, resume.

 

Sobre la evolución de la conciencia patrimonial en España, Cordero se muestra moderadamente optimista. “Yo creo que sí hay una mayor concienciación”, afirma. “Trabajamos con muchos programas educativos y de sensibilización y, poco a poco, ese mensaje va calando. A veces hace falta tiempo, pararse, coger aire y seguir, pero creemos firmemente en la educación patrimonial como herramienta de cambio”.

 

Esa implicación ciudadana, sostiene, se nota especialmente en el patrimonio más cercano. “El patrimonio próximo crea vínculos. Cuando la gente siente que algo es suyo, se moviliza para defenderlo. Y ahí la Región de Murcia tiene ejemplos magníficos”, apunta.

 

Entre ellos, la directora general cita el Valle de Ricote, uno de los paisajes culturales más singulares del país y también reconocido por Hispania Nostra en el pasado. “Es una de las zonas que más me gustan de toda España. Lo que se ha hecho allí ha sido impresionante”, confiesa.

 

Mientras la entrevista se despide, Marchamalo se prepara para descubrir la placa que certifica el reconocimiento de Hispania Nostra. No es solo un gesto simbólico: es la confirmación de que el trabajo de asociaciones, técnicos, voluntarios y vecinos ha colocado a estas salinas en el mapa de las buenas prácticas patrimoniales.

 

“Nos encantaría que el patrimonio estuviera siempre mejor dotado de recursos, pero hoy es un día para lanzar un mensaje positivo”, concluye Bárbara Cordero. El premio a las salinas viejas de Marchamalo no solo celebra un proyecto concreto; también refuerza la idea de que cuidar el patrimonio, en la Región de Murcia y en cualquier territorio, es una inversión de futuro.

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