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Opinión | El Periscopio
Sebastián Hidalgo
Jueves, 11 de Diciembre de 2025
Sebastián Hidalgo

De la fuerza del águila a la sutileza del mirlo

 

El C-101 Aviojet, desarrollado por la antigua empresa española CASA, ha sido durante décadas el corazón del entrenamiento avanzado del Ejército del Aire y del Espacio. Su versatilidad permitió formar a varias generaciones de pilotos. Tal fue su fama y fiabilidad que se exportó a países como Chile, Jordania o Honduras. Sin embargo, con el paso del tiempo, la tecnología y la aviónica del C-101 comenzaron a quedarse atrás frente a los estándares modernos de formación aeronáutica del siglo XXI.

 

Por ello, el Ejército del Aire ha dado un paso obligado al incorporar el Pilatus PC-21, un entrenador de última generación fabricado en Suiza. Su aviónica digital avanzada permite simular los sistemas de los cazas modernos y facilita la transición de los pilotos hacia aeronaves operativas más complejas, como los F/A-18 Hornet o los Eurofighter Typhoon. Su mayor rendimiento, tecnología y eficiencia en el consumo de combustible, junto con la capacidad de realizar entrenamientos avanzados, lo convirtieron en un candidato fiable para sustituir a su predecesor.

 

Sin embargo, no todos reciben el cambio con entusiasmo. Algunos críticos recuerdan que el histórico C-101 destacaba por su fiabilidad y su maniobrabilidad en acrobacias, cualidades que, para muchos, lo hacían insustituible a pesar de sus más de 40 años de servicio. Las voces discordantes se multiplicaron tras el último desfile de la Hispanidad, cuando la recién estrenada “Patrulla Mirlo” hizo su debut. Muchos espectadores que esperaban la clásica precisión del Aviojet quedaron sorprendidos: la bandera de España dibujada en el cielo resultó difícil de distinguir, el humo era poco denso y apenas se mantuvo unos segundos antes de desaparecer, dejando un sabor agridulce entre quienes anhelaban la espectacularidad del dibujo de la bandera nacional.

 

“Los mirlos” no cuentan con la potencia ni con la espectacularidad de las recién jubiladas águilas. Pero, antes de continuar, dejemos clara una cosa: los PC-21 no son malos aviones; de hecho, entrenan a la gran mayoría de pilotos europeos y de muchas otras partes del mundo. Pero hay una diferencia fundamental: entrenar a pilotos no es lo mismo que desplegar una patrulla acrobática capaz de representar a España en el más alto nivel. Los C-101 de la “Patrulla Águila” podían hacerlo con maestría, combinando precisión y vistosidad en cada vuelo. Estas aeronaves no solo entrenan, sino que representan al país fuera de sus fronteras y, como tal, deben estar a la altura de cualquier patrulla acrobática del mundo y no limitarse a cumplir funciones de entrenamiento.

 

El debate está servido. Para algunos, el PC-21 cumple con lo esencial: es “bueno, bonito y barato”, suficiente para el entrenamiento de los futuros pilotos y, por tanto, una elección lógica. Otros matizan que, aunque no sea un mal avión, no puede asumir por sí solo todas las exigencias de una patrulla acrobática moderna, y que lo ideal sería complementarlo con una aeronave diseñada específicamente para exhibiciones, como ocurre en otros países. Y, en el extremo más crítico, están quienes defienden que España debería replantearse seriamente la adquisición de una flota nueva y especializada, capaz de mantener el prestigio acrobático que el C-101 supo construir durante décadas.

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