El secretario general de ASAJA, Alfonso GálvezEl ovino murciano atraviesa un precipicio que ya no admite eufemismos. Sequía prolongada, costes imposibles, enfermedades que avanzan más rápido que las vacunas y un relevo generacional que simplemente no llega. El diagnóstico es duro y lo resume sin rodeos Alfonso Gálvez Caravaca, secretario general de Asaja Murcia: "La situación es cada vez más complicada y lo venimos advirtiendo desde hace años".
El deterioro ha dejado cifras que hablan por sí solas. En ocho años, el censo regional ha caído un 19,5%, pasando de 594.000 a 478.000 ovejas. Una pérdida sostenida que Gálvez considera estructural: "Hace un par de años vimos que la cabaña ya no se recuperaba. Ese fue el punto de inflexión". Desde entonces, la curva solo baja.
Sequía, costes y un mercado que no sostiene a los ganaderos
La sequía ha sido uno de los grandes desestabilizadores. La ausencia de pastos obliga a suplementar la alimentación, disparando los gastos en pienso y agua. A ello se suma la subida de medicamentos, los trámites urbanísticos inciertos y un mercado que, salvo en momentos puntuales como Navidad o Semana Santa, no paga precios que permitan sostener los rebaños. "Las cotizaciones no son suficientemente retributivas para mantener o ampliar la cabaña", lamenta.
A este cóctel se le suma una competencia que Gálvez califica de clara deslealtad: carnes importadas congeladas de terceros países, especialmente Nueva Zelanda y Australia, que entran a precios bajos y, en ocasiones, con fraudes en etiquetado. "Eso está haciendo muchísimo daño", subraya.
La crisis sanitaria añade otro golpe. La lengua azul, que sigue mutando, afecta ya a miles de cabezas. "Es muy difícil disponer de vacunas con suficiente celeridad", apunta Gálvez. La enfermedad se extiende, merma los rebaños y obliga a sacrificios que reducen aún más la base productiva.
La desaparición de explotaciones tradicionales ya es un riesgo real
Cuando se le pregunta si desaparecen explotaciones enteras, Gálvez no duda: "Sí, lógicamente. Con este panorama y la presión urbanística, muchos ganaderos abandonan y no hay relevo". El cierre de granjas tiene un efecto dominó: pérdida de censo, abandono del territorio y un encarecimiento futuro de la carne. "Si no cambiamos el planteamiento, dependeremos de una carne que no será ni cercana ni de calidad, y con un precio muy alto".
Lo más doloroso, añade, es imaginar la pérdida de la oveja segureña, raza autóctona perfectamente adaptada al terreno murciano. "Cumple un papel económico, social y medioambiental fundamental. Sería una auténtica pena perderla".
Un impacto directo en incendios, biodiversidad y despoblamiento
El efecto sobre el medio rural sería devastador. Sin ganado, explica Gálvez, aumentan los restos de cosecha, las malas hierbas y el riesgo de incendios. "Los rebaños actúan como auténticos bomberos del monte", recuerda. "Además, abonan el suelo y mantienen la biodiversidad".
Y está el impacto económico, ya que municipios enteros dependen de la actividad ganadera para mantener vida y empleo. Su desaparición aceleraría el despoblamiento y rompería un equilibrio que lleva siglos funcionando.
Las ayudas llegan, pero no bastan
Gálvez reconoce el esfuerzo de la Comunidad Autónoma. "La administración regional ha apoyado al sector y lo valoramos". Pero pide más ayudas específicas para afrontar pérdidas por lengua azul, indemnizaciones por muertes y un sistema ágil de vacunación. También reclama al Ministerio mayor vigilancia en las importaciones y una estrategia nacional de control sanitario.
El futuro del sector pasa por atraer jóvenes, pero hoy es casi misión imposible. "Nadie se incorpora si no hay rentabilidad. Los precios en origen deben garantizar una vida digna", afirma. Junto a ello, pide ayudas más altas para quienes se incorporan y un recorte contundente de trabas administrativas. "Si hablamos de una actividad que requiere inversiones importantes, la burocracia no puede ser un muro". La media de edad del campo murciano supera ya los 55 años. Aunque la región mantiene un ritmo de incorporación mayor que otras zonas gracias al regadío intensivo, Asaja advierte de un frenazo: "Las incorporaciones cada vez son más complicadas. Necesitamos una estrategia clara".
¿Qué puede ocurrir en 5 o 10 años?
El futuro podría ser luminoso o un páramo. "Tenemos una raza autóctona de gran calidad, un buen sistema de comercialización y un puerto estratégico como el de Cartagena. Hay elementos positivos", reconoce Gálvez. Pero sin medidas urgentes, la película cambia. "Si las administraciones no actúan, perderemos un sector estratégico. Dependeremos de carne importada y renunciaremos a una pieza clave de la identidad murciana".
La entrevista se cierra con un agradecimiento y un mensaje que suena casi a advertencia final por parte del secretario general de ASAJA Murcia: "O reaccionamos ya, o dentro de poco hablaremos del sector ovino como un recuerdo".









