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Opinión |
María Jamardo
Sábado, 13 de Diciembre de 2025
María Jamardo

La cueva de los alacranes

 

“Así no se puede continuar”, clamaba la vicepresidenta del Gobierno y ministra de Trabajo Yolanda Díaz ante la avalancha de escándalos, registros y detenciones que han dinamitado al Gobierno por todos los flancos posibles. La gallega, muy indignada, exigía la “remodelación” en bloque de todo el Ejecutivo, claro está, sin prescindir de ella, ni convocar elecciones que, a fin de cuentas, sería la fórmula más democrática y transparente para poner a cada uno en su lugar y que los ciudadanos, únicos titulares de la soberanía nacional, fuesen los que eligiesen a sus nuevos representantes, si hablásemos de un país mínimamente serio y avanzado. No parece ser el caso.

 

En cambio, Yolanda, entre muchos aspavientos, ha preferido, como todos los socios que todavía sostienen al Gobierno -a pesar de los ladrones, de los corruptos, de los puteros, de los acosadores, de las amantes y de las meretrices periodísticas- seguir formando parte de la caterva de fanáticos aduladores que siguen a un decrépito Pedro Sánchez, atrincherado en La Moncloa en busca de la fórmula magistral de su propia impunidad. Mientras, los suyos disparan fuego amigo cual alacranes que por pura supervivencia biológica se pican, y se devoran unos a otros en un desesperado ejercicio de canibalismo, cuando se sienten amenazados de verdad.

 

Porque, salvar al PSOE ya no es posible. El ‘sanchismo’ lo ha corroído todo, desde el tuétano, como un queso emmental, agujerado por las ‘mordidas’ de la cúpula de Ferraz integrada en, al menos, cuatro ministerios para robar, incluso antes de la moción de censura de hace siete años. Transportes, Transición Energética, Industria y la joya de la corona, Hacienda concebidos como el cortijo de unos cuantos a los que se llenaba la boca con la regeneración democrática cuando sólo pensaban en una cosa: cómo destrozar un país entero, su Administración, sus instituciones y organismos para quedarse hasta con el último azucarillo.

 

Obras públicas, licencias de hidrocarburos, rescates, aerolíneas, sobrecostes de material sanitario, empresas fantasmas, testaferros, propiedades en el extranjero, paraísos fiscales, sociedades públicas como Correos, la SEPI o universidades al servicio de la promoción de los allegados y no por méritos propios, … En estas últimas 48 horas de infarto, hemos descubierto con bochorno, por si todavía no había quedado claro, que cualquier espacio en manos de la izquierda era una oportunidad de negocio, presuntamente ilegal, para los elegidos y sus secuaces. Ni un solo milímetro del erario a salvo de los depredadores de la moral y de la vergüenza.

 

Así, entre tanto sobresalto policial, listillo de segunda división y socialista forrado a dos carrillos, Sánchez ya ni se molesta en defender que no sabía nada. ‘El 1’ indiscutible, el líder de la Internacional Socialista que se ha fulminado a cualquiera que, en este tiempo de poder omnímodo, osase cuestionarle en lo más mínimo, ni estaba al tanto, ni conoce “en lo personal” a ninguno de los implicados. Silencio, huida hacia adelante y alargar la agonía mientras el equipo de opinión sincronizada -colocado por el régimen de manera estratégica en los medios de comunicación afines, aunque ya no tanto- lo tiene cada vez más complicado para defender lo indefendible. La máquina del fango eran ellos.

 

Y mientras algunos periodistas buscábamos la verdad y la publicamos, otros, que ahora se hacen los sorprendidos y exigen depurar responsabilidades, pedían censurarnos, legislación para callarnos y firmaban manifiestos “contra el golpismo judicial y mediático”. De no ser por su colaboración muy bien pagada, por cierto, este Gobierno ya habría caído hace mucho tiempo en lugar de pasearse conectado a respiración asistida para seguir convirtiendo España, durante un año más como pretenden, en una ciénaga insoportable.

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