Vista aérea de Cartagena - Imagen de archivoLa economía española avanza, pero lo hace a ritmos distintos y con una brecha territorial que vuelve a ensancharse. La última actualización de previsiones regionales dibuja un país en dos velocidades. Por un lado, territorios que han encontrado un ciclo expansivo sólido y otros que, tras la recuperación postpandemia, encaran ahora señales de agotamiento. El comportamiento del turismo, la llegada de inversión extranjera, la especialización productiva y el peso de la industria explican buena parte de estas diferencias.
En la costa sur, Málaga marca el paso con uno de los crecimientos más altos, impulsada por el auge tecnológico, el empuje demográfico, la inversión internacional y un sector turístico que no afloja. El último informe de Unicaja, ‘Previsiones Económicas de Andalucía’, eleva hasta el 3% el crecimiento previsto del PIB andaluz en 2025, cinco décimas más que hace seis meses, y sitúa a la comunidad de nuevo entre las que más avanzan del conjunto español, por encima del 2,8% estimado para el país. El informe, elaborado por Analistas Económicos de Andalucía, la sociedad de estudios del grupo financiero, prevé además un aumento del empleo en torno al 2,3% y una reducción de la tasa de paro hasta el 15%, el nivel más bajo desde antes de la crisis financiera, apoyado en una demanda interna y un mercado laboral más dinámicos de lo previsto en la primera mitad del año.
En el interior peninsular, Castilla-La Mancha encadena uno de los mejores ciclos de su historia reciente. El sector agroalimentario, la logística asociada a Madrid y la implantación de industrias de transformación la han convertido en una de las regiones que más crecen desde 2023. Extremadura, por su parte, avanza apoyada en la energía renovable y grandes proyectos fotovoltaicos, además de una industria agroalimentaria que ha reforzado su capacidad exportadora.
Pero el mapa estaría incompleto sin mirar a la Región de Murcia, una de las economías más singulares del país por su estructura productiva y su capacidad para combinar agricultura, industria alimentaria, energía y logística. Según los últimos datos del INE y del Avance de Coyuntura Económica, Murcia mantiene un ritmo de crecimiento próximo al 2%–2,2%, en línea con la media nacional pero con matices que explican su evolución.
Por un lado, la industria alimentaria y agroexportadora sigue siendo el sostén principal, con un peso que supera el 20% del PIB regional y que mantiene viva una cadena productiva que abastece a Europa incluso en contextos de inflación o sequía. El sector hortofrutícola continúa creciendo en exportaciones, más de 5.700 millones en el último ejercicio, pese a la presión de los costes y la competencia internacional.
Por otro lado, el turismo regional consolida su recuperación, con un notable incremento en pernoctaciones y gasto medio especialmente en el litoral de Cartagena, La Manga y Mazarrón. Sin embargo, la brecha con otras regiones turísticas más diversificadas obliga a acelerar proyectos de desestacionalización y oferta cultural para no quedar rezagados en un mercado cada vez más competitivo.
La industria, aunque todavía limitada en tamaño respecto a otras comunidades, está ganando peso con polos como el Valle de Escombreras, el desarrollo químico y energético, y los proyectos de hidrógeno renovable vinculados al Puerto de Cartagena. La AIReF sitúa a Murcia entre las regiones que pueden mejorar productividad si logran ampliar dimensión empresarial y atraer mayor inversión tecnológica.
El gran reto, coinciden analistas y empresarios, sigue siendo el mismo: la dependencia de sectores muy expuestos a costes energéticos, restricciones hídricas y volatilidad internacional, junto con un tejido empresarial con un número reducido de compañías medianas. Aun así, su ubicación estratégica, la potencia exportadora y la industria agroalimentaria la mantienen en el grupo de regiones con crecimiento sostenido y capacidad de resistir ciclos adversos.
El nuevo mapa económico español dibuja un país que está reorganizando su energía productiva en función de su capacidad para atraer talento, absorber inversión o activar sectores de alto valor añadido. Y en ese tablero, la Región de Murcia, con sus fortalezas y vulnerabilidades, sigue teniendo un papel decisivo en el eje mediterráneo.






