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Opinión | Hablando de impuestos, tomando pesambres
José María Rubio
Martes, 16 de Diciembre de 2025
José María Rubio

VERIFACTU, Pepe Gotera y Otilio

 

Sepa el lector que tomé la suspensión del Verifactu del pasado 2 de diciembre como la magdalena mojada en te de Proust. Me vi sorprendido por la sensación de estar, de nuevo, en un domingo de mi niñez cuando mi madre me decía:

 

  • Ponte la ropa de los domingos

 

Y yo me ponía la ropa de los domingos, los zapatos, el odioso jersey de cuello vuelto, que picaba, y escuchábamos misa en Las Anas, y dábamos un paseo por Trapería, y mi padre me compraba un tebeo de Mortadelo y Filemón o de Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio. Luego, de vuelta en casa, mi madre me decía:

 

  • Quítate la ropa de los domingos.

 

Y yo me quitaba el odioso jersey de cuello vuelto, que picaba, y regresaba al gozoso deleite de los calcetines sobre la alfombra y los vaqueros desgastados.

Dijo el Gobierno:

 

  • Ponte el Verifactu

 

Y nos pusimos el Verifactu. Verifactu, para quien no lo sepa, es un sistema mediante el cual PYMES y autónomos comparten en tiempo real los registros de facturación con la Agencia Tributaria, de manera que sea imposible rehacer posteriormente dichos registros a gusto del contribuyente, quita esto, pon lo otro, declaremos lo que nos dé la gana.

 

El problema es que la campaña informativa de este sistema ha sido, seamos clementes con el adjetivo, manifiestamente mejorable. Verifactu, en primer lugar, es un sistema de cumplimiento voluntario. Lo obligatorio es tener un sistema de facturación que no admita borrados y manipulaciones, y la falta de este cumplimiento es fuertemente sancionado tanto para el contribuyente que disponga de un software, digamos de plastilina, como para la empresa que lo comercialice. Sin embargo, si el contribuyente se adhiere a Verifactu, ya se entiende que su sistema es inviolable, no porque lo sea, sino porque sería de género tonto hacer trampas teniendo el ojo de la Agencia Tributaria sobre tu hombro. Por tanto, Verifactu no es una obligación en sí sino, en todo caso, la prueba del cumplimiento de la obligación sustantiva, como es la de no disponer de un software fulero.

 

Dado que se ha introducido un supuesto de responsabilidad autónoma para las empresas que comercializan software contable, no pocas de ellas se han lanzado a divulgar el mensaje de que Verifactu es una obligación puesto que, acogiéndose a este sistema, los programas comercializados por ellas quedaban santificados y, las empresas de software, a salvo de cualquier multa. A ello se ha sumado la Agencia Tributaria, para la cual es mucho más cómodo que los contribuyentes compartan “voluntariamente” sus registros de facturación, por lo que lo de la voluntariedad de Verifactu lo han dicho con la boca pequeña, poniendo el énfasis en que los contribuyentes que se adhieran a este sistema tendrán ventajas en esto y en lo otro lo que, en todo caso, está por ver.

 

Otro problema que ha planteado el Verifactu era determinar a qué sistemas concretos era aplicable, pues incluso debía emplearse no ya en lo que intuitivamente podemos considerar como un programa de facturación, sino en básculas y sistemas de pesaje de tenderos y vendedores ambulantes, si es que las básculas estaban conectadas al sistema de emisión de tickets. Acaso hay alguien que piensa que el fraude fiscal se concentra en el mercadillo de los jueves. Esto también me recuerda cuando, en Italia, unos niños fueron severamente sancionados en la playa al ser sorprendidos alquilando un patín a pedales sin haber solicitado el preceptivo ticket a la empresa de los patines: vean ustedes qué escándalo, la consolidación de las cuentas públicas de la República de Italia en peligro por dos bambinos en bañador.

 

Pero luego dijo el Gobierno:

 

  • Quítate el Verifactu

 

Como consecuencia de un cabildeo político, a tres semanas de su entrada en vigor, el Gobierno ha dado una patada hacia adelante al Verifactu posponiéndolo hasta 2027, y ahora tenemos multitud de contribuyentes enfadados porque se habían comprado un odioso jersey de cuello vuelto, que pica, pensando que el jersey de cuello vuelto era obligatorio, cuando no lo era en absoluto.

 

Bien, aquí diremos que tarde o temprano el jersey entrará en vigor, por lo que el dinero invertido no está perdido sino, en todo caso, pagado por adelantado. Peor lo tienen quienes, intentando escapar de Verifactu se han decantado por compartir sus registros mediante el Sistema Inmediato de Información (SII), lo que supone presentar doce declaraciones mensuales de IVA en lugar de una al trimestre. Sucede aquí que el mes de renuncia es noviembre, por lo que habiendo sido pospuesto el Verifactu el día 2 de diciembre, ya pasó el plazo para quienes optaron por este sistema pensando que el SII era un mal menor. Dicen por ahí que el Ministerio de Hacienda está intentando habilitar un plazo especial y extraordinario para que estos contribuyentes puedan borrarse del SII y que todo quede como estaba, a la espera de qué es lo que nos depara el 2027.

 

Antes, en definitiva, leía tebeos de Pepe Gotera y Otilio, ahora leo el BOE.

 

Saque el lector sus propias conclusiones.

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