Manuel Sevilla Flores, responsable del despacho Sevilla Flores Procuradores - Foto de Víctor SorianoSevilla Flores Procuradores, despacho fundado en 1955 en Murcia, ha pasado de ser una estructura familiar a operar como sociedad profesional con un equipo de 28 personas y un volumen que roza los 21.000 asuntos anuales. Así lo explicó en Las Mañanas de MurciaEconomía Radio Manuel Sevilla Flores, que se incorporó al despacho en 1991, cuando, según relató, solamente estaban su padre y su hermana y una persona que les ayudaba por la tarde.
El responsable de la firma dibujó un cierre de 2025 condicionado por dos fuerzas: la incertidumbre económica y una alta carga de trabajo en los juzgados, con efectos directos en los tiempos. “Hay una carga tremenda judicial, muchísima litigiosidad”, señaló, antes de apuntar que observa un retraso creciente “día a día” en la resolución de conflictos. En ese contexto, detalló que el despacho trabaja con procedimientos penales, civiles, de familia y contencioso-administrativos, además de mercantiles y concursales, ámbito en el que recordó un fuerte incremento tras la crisis financiera de 2007. En el último año, añadió, han gestionado “asuntos de mucha relevancia a nivel nacional”.
El salto de escala se entiende mejor con números. Sevilla Flores situó el despacho en unas 400 causas al año cuando él entró en 1991; en 2025, la firma está “ya casi en 21.000 asuntos al año” y confía en cerrar el ejercicio en esa cifra. Ese crecimiento, sostuvo, se ha mantenido como una constante en el tiempo y no solo en volumen, también en “otros ratios” que describió como positivos.
Una de las decisiones estratégicas que marcó el modelo del despacho, según explicó, fue prestar servicio en todos los partidos judiciales de la Región de Murcia sin recurrir a procuradores externos. La implantación, dijo, llevó “10-15 años” y exigió reforzar estructura: “armarnos de un gran equipo humano” con conocimiento directo de juzgados y particularidades, además de medios propios para mantener “proximidad y cercanía a los asuntos”. Para abogados y empresas, defendió, el resultado es operativo: un interlocutor único aunque el procedimiento esté en Murcia, Cartagena u otros partidos judiciales, con la comodidad que eso implica.
El otro pilar de la transformación ha sido la digitalización. Sevilla Flores afirmó que el despacho dio un paso decisivo en 2007, cuando decidió digitalizar “todo”, incluyendo el histórico hasta 1991. Esa inversión tecnológica, sostuvo, fue determinante durante la pandemia: el equipo pudo seguir trabajando en remoto sin frenar actividad. A partir de ahí, describió una evolución centrada en procesos y control: mencionó certificaciones (ISO 9001 y ISO 27001, según indicó), la implantación de compliance y el desarrollo de una metodología interna (“libro azul”) orientada a estandarizar el servicio.
La eficiencia volvió a aparecer, otra vez, en forma de cifra. En 1991, apuntó, el despacho gestionaba 400 expedientes con dos personas (aproximadamente 200 por persona). En 2025, dijo, gestionan 21.000 con 28 trabajadores, lo que sitúa la carga en torno a 750 expedientes por persona, “con criterios de seguridad máxima”. En su lectura, esa mejora responde a organización y tecnología: “hemos conseguido una gran eficacia, pero también eficiencia”.
También ha cambiado el cliente. Sevilla Flores describió el paso de un despacho centrado en Murcia capital a un modelo regional y, después, a una relación creciente con operadores fuera de la Región: “muchos asuntos y ahora en gran parte están dirigidos desde Madrid”, explicó, en referencia a la “globalización del sector jurídico”. El despacho, aseguró, se ha adaptado para trabajar con grandes empresas, despachos y financieras con dirección nacional.
Preguntado por lo que demanda hoy quien confía su representación procesal, señaló tres exigencias: respuesta inmediata, calidad y transparencia, con información constante sobre el estado de los asuntos. A ello sumó una idea de organización interna: un equipo alineado y un servicio “parametrizado” para que el cliente sepa “a quién y cómo tiene que dirigirse”.
De cara a 2026, el responsable del despacho fijó un objetivo de continuidad: crecer, mantener la confianza y aspirar a consolidarse como referencia regional y, “¿por qué no?”, entre referencias nacionales. Y sobre la inteligencia artificial, dejó un enfoque muy concreto: “yo más que la IA en la procura hablaría de automatización de procesos”. Argumentó que en este ámbito “es o sí o no”: un plazo vence hoy o mañana; un señalamiento es una fecha u otra. Por eso, sostuvo, la clave está en automatizar y multiplicar capacidad sin comprometer lo principal: seguridad. Puso ejemplos de productividad vinculados a esa automatización: tareas que antes permitían 25 presentaciones al día, ahora pueden alcanzar 100; o pasar de 50 resoluciones a 200.
Como cierre, recomendó lecturas sobre tecnología y derecho, entre ellas, El abogado del mañana (Richard Susskind), y defendió la necesidad de pensar también en clave empresarial: gestionar un equipo de 28 personas obliga, dijo, a tomar decisiones con datos para mantener la actividad y seguir abriendo “la semana que viene”.








