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ENTREVISTA

Federico Juárez Granados: “La IA será un aliado inevitable: hay que aprender a trabajar con ella”

El director de la Cátedra de Inteligencia Artificial de la UCAM analiza la brecha generacional, el uso laboral y las preocupaciones éticas que revela el primer barómetro de la Región de Murcia sobre el uso de la inteligencia artificial

Javier Paredes y Alba Molina Viernes, 16 de Enero de 2026 Tiempo de lectura:
Federico Juárez Granados, Director de la Cátedra de Inteligencia Artificial de la UCAMFederico Juárez Granados, Director de la Cátedra de Inteligencia Artificial de la UCAM

Más de la mitad de la población de la Región de Murcia asegura que no utiliza inteligencia artificial, aunque convive con ella en tareas cotidianas sin identificarla como tal. El director de la Cátedra de IA de la UCAM, Federico Juárez Granados, destaca en MurciaEconomía Radio las claves del primer barómetro regional y los retos que abre en empleo, educación y privacidad.

Federico Juárez describe “una divergencia” entre generaciones: los más jóvenes conviven con la herramienta con más naturalidad, pero también aparecen ansiedades específicas, muy ligadas a menores, privacidad y manipulación. En el retrato que dibuja el estudio, la alarma social no se concentra tanto en el empleo como en los dilemas éticos: deepfakes, usos dañinos y protección de colectivos vulnerables.

 

La encuesta revela que el 54,9% afirma no usar inteligencia artificial “en ningún caso”, frente a un 36,8% que reconoce algún uso (personal, profesional o mixto). Juárez matiza que no es una rareza murciana, porque muchas veces el uso es indirecto o “inconsciente”, integrado en aplicaciones y servicios cotidianos.

 

Donde sí se abre una brecha clara es en la edad. El estudio fija una diferencia contundente entre jóvenes y mayores: la usa el 61,3% de quienes tienen entre 18 y 30 años, mientras que en los mayores de 65 cae al 17,8%. Y aun así, Juárez subraya una paradoja: el uso sube entre los jóvenes, pero la preocupación por los riesgos crece conforme aumenta la edad.

 

En el terreno laboral, el director de la Cátedra pone el foco en un dato que le llama especialmente la atención, ya que solo un 7,3% declara utilizar IA en el trabajo, una cifra que, en su lectura, contrasta con estudios corporativos que detectan un uso más extendido como asistente. Para él, esa distancia habla tanto de adopción real como de falta de conciencia y de formación práctica.

 

Juárez insiste en que ya vivimos rodeados de inteligencia artificial aunque no la nombremos. Pone ejemplos domésticos, desde la navegación con mapas digitales hasta los sistemas de recomendación de música, series o lecturas. Ahí introduce una advertencia: "delegar demasiado puede erosionar capacidades humanas, como la orientación o la atención sostenida, especialmente en edades tempranas".

 

Al mirar hacia los sectores que podrían beneficiarse antes en la Región, resume el impacto en dos grandes ejes. Uno, la generación de contenidos y tareas intelectuales (informes, resúmenes, correos, documentación). Otro, la automatización y la robótica, con un efecto potencial más disruptivo del que cree que se está asumiendo. En ese punto, define el escenario como una “democratización del conocimiento experto”, donde herramientas bien usadas pueden acercar resultados avanzados a perfiles con menos años de experiencia.

 

Advierte de que su potencial no elimina riesgos ni dilemas. La describe como aliada y como tensión. “Perfecto colaborador”, sí, pero también una tecnología que obliga a discutir límites, responsabilidades y seguridad. Su mensaje a quienes temen por su empleo no es tranquilizador ni apocalíptico: invita a aprender a trabajar “en equipo” con estas herramientas, y advierte de un impacto más fuerte en perfiles de entrada y tareas repetitivas.

 

El cierre mira al futuro con una idea central: formación y regulación. Juárez habla de avanzar “a toda velocidad” en un territorio todavía difícil de explicar del todo, y reclama “guardarraíles” para evitar que la carrera tecnológica vaya muy por delante de las reglas. Su conclusión es más social que técnica, y es que si la IA va a ser un aliado inevitable, la Región necesita reducir brechas, educar desde pronto y promover un uso responsable e inclusivo.

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