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Opinión | Sección cultural
José Daniel Martínez
Miércoles, 21 de Enero de 2026
José Daniel Martínez

Lexemas y palabras

Son muchas las personas que piensan que hablan de manera acertada cuando utilizan palabras técnicas en ámbitos poco técnicos. Algunos creen que conseguirán mostrarse con un mayor estatus por cambiar las terminologías a su antojo y por hacer del entendimiento un desentendimiento real. 

 

Los términos especializados existen para comunicar con eficacia labores, hechos o hazañas que necesariamente deben ser detalladas en un ámbito concreto, mas cuando no hay necesidad de comunicar tales hazañas (en ámbitos no profesionales) deberíamos hablar como el lenguaje común de los mortales: palabras simples.Hemos perdido la simpleza en el habla, esto se debe al avance de la interconexión y al aprendizaje de nuevas palabras que no tendríamos por qué conocer, pero a la hora de la verdad ni siquiera somos conocedores de las palabras que creemos conocer. 

 

El léxico se enfrenta al ser humano y pierde la batalla por no ser entendido, pues actualmente no es preciso entender un término tan específico y biosanitario como es el «colágeno» para empezar a utilizarlo, tampoco necesitamos saber qué son las «proteínas»; eso sí, a quienes son especialistas en este ámbito biosanitario no les extrañarán las definiciones exactas de estas terminologías, las cuales fueron debidamente estudiadas por ellos en sus universidades. 

 

A nadie le extrañan palabras técnicas del ámbito biosanitario, pero siguen extrañando las más recónditas de otros ámbitos, como es el ámbito de las heráldicas, en el cual aparecen términos como «uñado» (cuadrúpedo con pezuñas de color distinto al cuerpo), «lambrequín» (paño colgante del yelmo en blasones, simbolizando protección) o «tresillado» (patrón de tres hileras de elementos repetitivos).En esencia, las palabras se podría decir que nuestro afán parece ser el de conocer cada vez más sobre ellas y que, de manera contraria a la que se piensa, cada vez sabemos más sobre ámbitos de los que antes desconocíamos todo y esto parece deberse a los avances tecnológicos y comunicativos. 

 

Las inteligencias artificiales textuales parecen estar resolviendo las dudas sobre significados y definiciones de palabras que antes parecían imposibles; quién sabe si en un futuro tendremos implantada una tecnología que nos haga innecesario aprender y que solo debemos consultar. Hasta entonces el afán por aprender será notorio y, dado por descontado, que mi afán por aprender palabras aunque sea de manera somera y por leer libros que me desarrollen intelectualmente es mucho.

 

 

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