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Opinión |
Alejandro Izquierdo Monterde
Miércoles, 21 de Enero de 2026
Alejandro Izquierdo Monterde

El coste de un imperio

¿Cuál es el precio de la hegemonía de poder? Hace un tiempo atrás, cuando el té, los bailes de salón y el fish and chips alcanzaban su apogeo mundial, nadie hubiese imaginado que aquel gran imperio como era el Británico y aquella gran moneda como era la libra cayesen algún día y dejasen de liderar el orden mundial. Los tiempos cambian.

 

Hoy tomamos menos té y bastante más café, americano. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos logró hacerse con la hegemonía del mundo. Truman demostró que no solo se usa el intelecto para ganar una guerra. Washington supo cuándo entrar y acabar con la Segunda Guerra Mundial. Un golpe de puro cálculo al estilo veni, vidi, vinci. Sin embargo, hay quien dice que se necesita aún más valentía para ser el acreedor del mundo.

 

El Plan Marshall fue y será la mayor apuesta jamás hecha en nuestra historia, pero con una característica clave, la ganancia no fue nunca económica; y aquel fue el primer paso de un imperio que acababa de nacer. Europa solo fue la primera, desde entonces la injerencia de EE.UU. en conflictos transnacionales y en “disputas” ha sido muy numerosa.

 

Kuwait, Vietnam, Afganistán, Panamá, Venezuela... Sin embargo el estilo antiguo de asentarse directamente en un país y hacerlo colonia siempre fue más de los europeos. La evolución de ello, el imperialismo, fue muy bien aprendida por el país norteamericano, dando su tinte anglosajón. Aunque no siempre le ha salido bien.

 

Siempre se han conocido grandes casos y victorias de EE.UU. que han forjado su reputado imaginario internacional con los años. Logros como la Guerra del Golfo, Corea (parcialmente) y la Segunda Gran Guerra fueron golpes decisivos para la lucha contra el comunismo o el suministro de recursos naturales. Sin embargo, hay muchas más derrotas que victorias, menos ruidosas eso sí, como Afganistán o Vietnam.

 

Entonces, ¿cómo puede lograr Estados Unidos mantenerse en la cúspide? Muy probablemente, sí solo de poder económico y militar se hubiese tratado quizás su liderazgo se hubiese visto debilitado hace tiempo. Pero jugar solo esas cartas es propio de otros siglos y de otros imperios.

 

En aquel golpe de intelecto de Truman mencionado antes, se incluyó algo que los americanos llevaban elaborando y probando unos quince años atrás: el poder blando (Soft Power). La diferencia entre este y el poder duro (Hard Power), es que pretende influir sin usar la fuerza, a través de la cultura, los valores y la imagen; y dejando atrás la imagen de dominación ligada a los tanques y la guerra.

 

Hollywood, la NBA, multinacionales del calado de Microsoft y Apple, prensa como The New York Times o incluso Disney. Si reconoces algunas de las que acabo de nombrar te reto a que pienses en otras formas de Soft Power que vengan de países de Asia o de Oriente Medio, ¿difícil, verdad? Esto comenzó en el siglo pasado, y como europeos lo tenemos altamente interiorizado, pero hay mucho mundo más allá de cruzar el Atlántico.

 

Estados Unidos ha demostrado ser, al menos en los últimos cien años, muy inteligente y efectivo a la hora de crear una forma de vivir y un ideario de país modelo; alejándose de aquel antiguo modelo de conquista y sumisión. Sin embargo, en la danza que hoy presenciamos nosotros, hay un infiltrado que lleva todo el baile hablando con el resto y convenciéndoles poco a poco de que él baila mucho mejor, y que si le permiten, lo demostrará.

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