Hacia una defensa integral europea

Europa vuelve a mirarse en el espejo de la historia. La relación transatlántica, que durante más siete décadas garantizó su seguridad y estabilidad, ya no es incuestionable. El inquilino de la Casa Blanca parece decidido a romper unilateralmente algunos lazos de cooperación que existían entre Estados Unidos y Europa. Precisamente cuando el viejo continente se enfrenta a una Rusia que ha recuperado la lógica del imperio por la fuerza y a una China que expande su influencia económica, tecnológica y política.
En este escenario la Unión Europea no puede ser un actor ingenuo. Debe aprender a defender aquello que la define porque el verdadero peligro para Europa no es sólo militar, es moral.
Somos testigos de una crisis que no se mide únicamente en fronteras físicas. Es una crisis de identidad y valores. Durante años hemos creído que bastaba con el bienestar material, el crecimiento económico y el consenso político para sostener nuestra civilización tal y como la conocemos hoy en día. Una comunidad sin sentido de propósito pierde también el motivo para defender su modo de vivir.
La Europa actual ha surgido de una historia de luchas y dominios. Pero también es cierto que es heredera del mundo clásico que nos enseñó a pensar, del cristianismo que puso a la persona en el centro, y de la ilustración que trajo la libertad y la razón. De ahí salió una Europa unida por las lecciones del pasado.
Ante esta coyuntura muchos consideran más cercana que nunca la necesidad de crear un Ejército Europeo, como se ha planteado en múltiples ocasiones. Los nuevos conflictos que sacuden Europa, como la olvidada guerra ruso-ucraniana, han puesto de relieve la fragilidad de depender únicamente de aliados externos para garantizar nuestra seguridad. A esto se suman las recientes decisiones de potencias extranjeras, como las amenazas expansionistas de Donald Trump sobre Groenlandia territorio del Reino de Dinamarca y, por tanto, parte de la OTAN y de la Unión Europea.
¿Es realmente posible la creación de un ejército europeo?
Para responder a la pregunta primero debemos hacer un análisis previo. La Unión Europea ya está dando pasos significativos hacia una defensa común. Por un lado cuenta con herramientas como la Política Común de Seguridad y Defensa (CSDP) y la Brújula Estratégica, que marcan el rumbo en coordinación, preparación militar y maniobras conjuntas de los veintisiete hasta 2030. Por otro lado los países ya se están preparando para una mayor cooperación militar: aumentan su gasto en defensa, participan en la Cooperación Estructurada Permanente (PESCO) y trabajan juntos en proyectos concretos de defensa, como el reciente escudo anti-drones, el Eurofighter o la futura corbeta europea.
Sin embargo la creación de un ejército europeo enfrenta obstáculos importantes. La defensa sigue siendo competencia nacional y muchos países no están dispuestos a ceder soberanía militar ni a aceptar un mando único. Además a eso se le suma diferencias presupuestarias, estratégicas y políticas que dificultan alcanzar un consenso.
Al mismo tiempo existen factores de peso que hacen imprescindible hablar de su creación. La guerra en Ucrania ha demostrado que Europa no puede depender únicamente de aliados externos para garantizar su seguridad. Las amenazas de potencias extranjeras y la creciente inestabilidad global refuerzan la necesidad de una autonomía estratégica europea.
En definitiva, un ejército europeo no será inmediato, pero las bases políticas, financieras y estratégicas se están construyendo a buen ritmo, y la necesidad de una autonomía militar hace que su creación sea hoy más urgente que nunca.





















