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Opinión |
Ginés Ruiz Maciá
Miércoles, 28 de Enero de 2026
Ginés Ruiz Maciá

La música me suena...

El pasado día 9 de enero de 2026, el Ayuntamiento de Murcia anunciaba que iba a destinar 550.000 euros a transformar la fuente de la Plaza Circular, para convertirla en un espectáculo audiovisual de primer nivel. El plan contempla la instalación de sistemas cibernéticos automatizados con control remoto de iluminación y sonido, para garantizar una experiencia inmersiva y ganar en dinamismo en la plaza. No, no piensen que me lo he inventado; ahí está la hemeroteca del día, consúltenla.

 

A apenas 500 metros de la citada fuente, están el barrio de la Fama y el Polígono de la Paz. Dos barrios totalmente abandonados y degradados por el mismo Ayuntamiento que va a poner música en la fuente. En estos barrios, plagados de viejos bloques de edificios, muchos de ellos carentes de mantenimiento alguno, y con pisos de superficie mínima, la vida se hace en la calle, por necesidad casi más que por elección. Los únicos espacios disponibles para el encuentro social y vecinal, unas pérgolas prácticamente abandonadas con un claro peligro de derrumbe. Barrios en los que en su día se crearon parterres y alcorques, hoy totalmente vacíos. Barrios en los que el abandono institucional durante décadas ha llevado a la situación actual, en la que se precisan programas de intervención social, que han sido eliminados por el actual equipo de gobierno porque tenían un coste de unos 100.000 euros.

 

Esto no es demagogia; es incómodo de leer, sí, pero es tan real como la desigualdad que reina en este municipio. Son muchos los ejemplos, muchas las comparativas que así lo muestran. Yo he elegido éstas, pero podríamos hablar de muchos otros gastos superficiales, y de otras muchas necesidades básicas sin cubrir en este municipio.

 

Hay tres aspectos de esto que me preocupan especialmente, y que debemos atender:

 

Uno, evidente, la desigualdad y la falta de equidad que esto produce en Murcia y, sobre todo, en quienes aquí vivimos. Una Murcia desestructurada territorialmente, con zonas carentes de servicios, y otras áreas directamente configuradas como zonas de sacrificio que el Ayuntamiento tiene totalmente abandonadas, sin esperanza alguna para quienes las habitan, que saben que si se plantea alguna actuación será sin ellos dentro ¿Quieres que arregle tu barrio? Pues te tienes que ir y tiene que dejar de ser tu barrio.

 

Dos, insostenible, la absurda priorización del gasto público que se realiza en el Ayuntamiento de Murcia. Ya no hablamos únicamente de la desigualdad territorial, sino de algo que afecta a todo el municipio. Un Ayuntamiento que prioriza poner música y luces a una fuente sobre tener un servicio de limpieza viaria y recogida de basura satisfactorio, por ejemplo, es un Ayuntamiento ineficiente en términos de calidad de vida de la población. Gobernar es, entre otras cosas, priorizar el gasto público. Determinar cuáles de las necesidades (infinitas) atiendes con los recursos disponibles (finitos).      

 

Tres, preocupante, que hayamos aceptado esto como normal. Que haya dejado de llamarnos la atención, como murcianos y murcianas, que se den estas situaciones en nuestro municipio. Que nos conformemos con que aquí se atienda antes lo aparente que lo importante. Que pensemos que esto tiene que ser así, porque siempre ha sido así. Y es preocupante porque no es verdad ni una cosa ni la otra. Ni tiene que ser así, ni siempre ha sido así. Hubo una Murcia en la que se construía vivienda pública para asegurar el acceso habitacional a todos los vecinos y vecinas, y que dejó un legado de más de 1000 viviendas públicas, las mismas que hay hoy, 30 años después. Hubo una Murcia que construyó infraestructuras de referencia como el Palacio de Deportes, el Auditorio Víctor Villegas, o muchas otras como la extensa red municipal de bibliotecas, prácticamente las mismas que existen hoy día (14 de las 18 actuales fueron construidas antes de que el Partido Popular entrara al gobierno municipal en 1995), comparaciones que se hacen aún más llamativas si tenemos en cuenta que, en 1994, la población del municipio era de 344.904 habitantes, y a 1 de enero de 2025 era de 479.491 habitantes, con casi un 70% de ellos residiendo en las pedanías.

 

Murcia no se debe conformar con ser un municipio que a duras penas conserve lo que ya tiene, mientras tapa las carencias y las desigualdades con flores de temporada y fuentes con música y luz. Y una vez que tengamos claro que no podemos conformarnos, tenemos que elegir entre  lamentarnos, o ponernos manos a la obra y acometer la transformación de este municipio que, sin duda, ha de empezar por estructurarlo territorialmente y por establecer debidamente las prioridades. Recuperar la ambición de una Murcia mejor y dejar de gestionarla bajo aquella premisa que hacía que en las casas de nuestras abuelas y madres hubiera un “salón para enseñar”, mientras el resto de habitaciones, las que se utilizaban, a duras penas se mantenían. Queridos murcianos y murcianas, recuperemos la ambición por un municipio mejor, y recuperemos nuestra casa, Murcia, pero recuperémosla entera, que casi ninguno vivimos en el “salón de enseñar”.

      

Epílogo: La música me suena...y a lo mejor a ti también, porque ya en 2007 se dotó a la fuente de la Plaza Circular de luces y música. A los pocos meses, se averió el sistema, ni se reparó ni se mantuvo, y finalmente se eliminó. Hay quien le coge cariño a los errores y los repite continuamente.

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