Soberanía militar europea I

¿Puede Europa defenderse sin la ayuda de EEUU en una guerra contra Rusia?
Esa es desgraciadamente la pregunta que los europeos nos andamos haciendo desde que Donald Trump volvió a la Casa Blanca. Es una situación en la que nos encontramos tanto por desidia propia como por una confianza infantil en un perpetuo orden mundial, sin olvidar los egoísmos de unos y las ansias de territorio de otros.
En un mundo cada vez más incierto, donde las históricas alianzas se han pulverizado, Europa debe actuar por sí misma en materia de defensa. Es clave para su credibilidad política y su autonomía estratégica.
Recientemente Mark Rutte, secretario general de la OTAN, afirmó que pensar que Europa puede defenderse sin Estados Unidos es “seguir soñando”. Sus palabras, pronunciadas en plena discusión sobre la llamada “autonomía estratégica” de la UE, dejaron claro que, incluso con mayores presupuestos militares, el continente entero, y no sólo el club de los 27, sigue dependiendo de capacidades clave de Washington.
Esa es la situación y ante las palabras de los políticos hay que interponer los datos, aunque sólo sea para no desalentarnos.
En caso de un conflicto de alta intensidad con Rusia, debemos establecer que la UE no estaría sola, pues ya se han pronunciado a favor de apoyarla países extra comunitarios como el Reino Unido, Noruega, Islandia, Albania o Montenegro. Turquía sería la gran incógnita si la defensa queda fuera del artículo 5 de la OTAN.
Si comparamos el PIB de 2025, la Unión Europea registró un dato estimado de 18,8 billones de dólares, casi ocho veces más que Rusia, que alcanzó los 2,54 billones. Esta diferencia económica es solo un reflejo de la desigualdad en recursos y capacidad de inversión entre ambas potencias.
En términos de población, la desproporción también es contundente. La Unión Europea suma alrededor de 447 millones de habitantes, frente a los 144 millones de Rusia.
Por último hay que decir que Europa en su conjunto gastó el año pasado 456.000 millones de dólares en defensa, frente a los 133.000 millones de una Rusia en guerra. Y la pregunta que entonces nos podemos hacer es ¿Qué falla para que Rusia sea una amenaza militar real si Europa es ocho veces más rica, tiene cuatro veces más habitantes y gasta más de tres veces que Rusia en defensa?
La clave está en analizar la potencia militar. Rusia mantiene un perfil singular. Posee un arsenal nuclear extenso, el mayor del mundo, fuerzas terrestres considerables y experiencia en conflictos recientes, mientras que la UE depende de la coordinación de los ejércitos de sus Estados miembros, muchos de los cuales han reducido gastos militares en las últimas décadas.
En tal escenario, Europa contaría con ventajas claras en términos económicos y poblacionales. Sin embargo, estas ventajas podrían no ser suficientes frente a un ejército ruso altamente militarizado, equipado con miles de cabezas nucleares y con experiencia en conflictos recientes. La amenaza nuclear y la capacidad de despliegue rápido de Rusia colocan a Europa ante un desafío estratégico complejo.
La conclusión evidente es que no hay nada perdido para Europa a pesar de la ventaja de una aparente toma de decisiones ejecutivas más rápidas por parte de la dictadura de Putin. La potencia económica del Viejo Continente está a años luz del de Moscú, e incluso el gasto militar agregado es mayor. Por tanto no estamos hablando de un problema de capacidad sino de organización. Ese es el nudo gordiano que debe deshacer Europa para ganar esta guerra que ya ha empezado.




















