María José González-Conde Oñate y Lucía Molina CanoHay trayectorias que explican una época. La de María José González-Conde Oñate (Cehegín) y la de Lucía Molina Cano (Abarán) que empieza en las escuelas de música de sus pueblos (la Escuela Municipal de Música Carmen Montes de Cehegín y la EMMA de Abarán, respectivamente) y continúa con una formación reglada y exigente: Lucía en el Conservatorio Profesional de Música “Maestro Gómez Villa” de Cieza y María José en el Conservatorio “Leandro Martínez Romero” de Caravaca. Hoy cursan sus estudios de Máster en el Conservatorio en Maastricht y están en plena gira con la Dutch Student Orchestra, una de esas plataformas imprescindibles que convierten el talento joven en experiencia profesional de primer nivel.
Cuando la música te obliga a salir de casa, no hay romanticismo: hay disciplina, años de formación y una apuesta personal muy seria. El talento acaba yendo donde encuentra más escenarios, más red profesional y más oportunidades reales de carrera.
Lucía y María José representan exactamente eso: una generación que sale fuera para ganar especialización y proyección, sin romper el vínculo con su origen.
Raíz, vocación y el momento de decidir
No hablan de la música como quien habla de una afición. Hablan de un proyecto de vida. Y lo dicen con una claridad que desarma: “Hubo un momento en que dejó de ser ‘ir a clase’ y pasó a ser una forma de estar en el mundo. Ya no era solo tocar bien, era entender que queríamos construir una vida alrededor del clarinete, con todo lo que eso implica: disciplina, incertidumbre, mucho trabajo diario y mucha paciencia”.
Ese punto de inflexión llegó en los años del Conservatorio Superior de Música de Murcia “Manuel Massotti Littel”, institución pública fundada en 1918 y con una larga trayectoria en estudios superiores musicales, una etapa que recuerdan como “intensa, de entrega total y de muchísima dedicación”. Allí decidieron al cien por cien que querían dedicarse a esto. En esa fase fue clave el trabajo con su profesor principal en la Región, Jesús Carrasco, y el aprendizaje con docentes que recuerdan con “especial cariño” como José Miguel Rodilla y Manuel José Rives Beneite, además de encuentros profesionales con referentes internacionales.
Ellas lo resumen así: “De Murcia nos llevamos base técnica, oído de conjunto y una manera muy honesta de trabajar. Murcia nos dio cimientos. Y los cimientos, cuando son buenos, te sostienen en cualquier escenario”.
Y luego está lo que no sale en la foto de ningún concierto, pero pesa de verdad: marcharse. “Irte de tu tierra no es fácil. Dejas familia, rutina, afectos, y esa red invisible que te cuida. Pero también entendimos que era lo que tocaba: queríamos seguir creciendo y necesitábamos un entorno que nos empujara un poco más”.
Cuando la música exige hacer la maleta
“La NSO te mete de lleno en una dinámica de máxima exigencia, rodeada de compañeros de altísimo nivel y con mirada plenamente internacional”. Compartir atril con compañeros tan preparados, de procedencias y escuelas distintas, no solo sube la exigencia, sino que “te obliga a escuchar mejor, a reaccionar más rápido y a tocar con una madurez que normalmente tarda años en llegar”.
“Es una experiencia intensa, de las que te cambian por dentro. Los ensayos son largos y el nivel no perdona, pero justo por eso es tan reconfortante. Cada concierto llega con cansancio acumulado, pero también con una energía que no se explica si no la vives desde el atril”.
Lo que deja una gira así no se aprende en ninguna asignatura. “Te enseña a rendir de verdad: a concentrarte con cansancio, a escuchar mejor al grupo, a sostener la calidad cuando encadenas ciudades y escenarios, y también a disfrutar bajo presión. Esa es una lección enorme”.
En ese contexto, la internacionalización deja de ser una palabra bonita y se convierte en pura rutina diaria. “Ensayar y convivir con músicos de perfiles muy distintos amplía la mirada artística, afina la adaptación y te prepara para un mercado cultural cada vez más abierto y competitivo”.
El contexto artístico empuja en esa misma dirección. “Totalmente. El proyecto de 2026 está dirigido por Arjan Tien y cuenta con Noa Wildschut como solista, además de un repertorio de mucha exigencia técnica y musical. Eso te obliga a sacar tu mejor versión cada día”. La gira propone un recorrido exigente y muy completo: Durga Puriya Sonata de Arjan Linker, el Concierto para violín n.º 2 de Prokófiev con Noa Wildschut como solista y las suites 1 y 2 de Daphnis et Chloé de Ravel.
![[Img #113398]](https://murciaeconomia.com/upload/images/02_2026/5286_whatsapp-image-2026-02-16-at-194209-1.jpeg)
Maastricht: una ciudad amable a un ritmo exigente
En su visión sobre Maastricht hay vida real, mucho estudio y adaptación. “Muy bien. Es una ciudad acogedora, cercana, cómoda para estudiar y para vivir. Te permite concentrarte, pero también respirar. Y eso, cuando pasas tantas horas con el instrumento, se nota muchísimo”.
En esa etapa señalan también el papel de su profesor, Roeland Hendrikx, como una referencia clave en su evolución, uno de los clarinetistas belgas más destacados de la actualidad. Hendrikx fue clarinete principal de la Orquesta Nacional de Bélgica durante muchos años y de él destacan su nivel de exigencia y una manera de trabajar muy concreta, centrada en el control del sonido, la precisión técnica y la intención musical de cada frase. Con él, explican, "hemos ganado seguridad y criterio: no solo tocar mejor, también entender mejor qué quiere decir la música”.
“Vivir en un contexto internacional real, de mucha diversidad y exigencia te hace crecer constantemente. Aprendes a convivir con otras escuelas, otros acentos musicales y otras formas de pensar la interpretación”.
El trabajo invisible que sostiene la gira
Antes de que empiece la gira como tal, la NSO pasa por una fase de máxima concentración en Someren. En la edición 2026, el periodo oficial de ensayos ha abarcado del 31 de enero al 10 de febrero y arranca justo allí, antes del primer concierto. Son días de trabajo maratoniano, más de ocho horas diarias, que afinan no solo el repertorio, “también la resistencia mental y la cohesión del grupo”.
Luego comienzan los desplazamientos por Países Bajos, Bélgica y Alemania, y aparece una de las señas de identidad del proyecto: las host families. “En cada ciudad, familias anfitrionas de la Orquesta abren su casa para acoger a los músicos. Acabas el concierto y, en lugar de desaparecer en un hotel cualquiera, compartes mesa, conversación y vida cotidiana con gente local”. Esa cercanía les conecta de verdad con cada país y con cada ciudad, aunque también tiene su exigencia. “Te da fuerza, aunque a veces también te desestabiliza. Es duro vivir cada día en un sitio distinto, pero te da tablas”.
Detrás de esa experiencia hay una estructura organizativa enorme. “Esa parte del proyecto está muy vinculada al trabajo de los comités locales de la NSO, que se encargan precisamente de organizar esas familias y apoyar la gira”. Explican que “sin ese equipo que coordina alojamientos, tiempos, recepción y logística en cada parada, una gira de este tamaño no saldría adelante con este nivel”.
En lo artístico, la exigencia es máxima. “El proyecto de 2026 está dirigido por Arjan Tien y cuenta con Noa Wildschut como solista, además de un repertorio de mucha exigencia técnica y musical. Eso te obliga a sacar tu mejor versión cada día”.
Soleá: cuatro clarinetes y el patrimonio musical español en el centro
Más allá de la orquesta, también levantan un proyecto propio. “Soleá nace en el Conservatorio de Maastricht de una necesidad muy sencilla: tocar música de cámara con identidad propia. Lo formamos nosotras dos junto a Javier Ribes y María Delgado. Queríamos un proyecto que sonara a nosotras y a nuestras raíces”.
Ese cuarteto, Soleá, tiene un objetivo muy definido. “Defendemos repertorio y sensibilidad de compositores españoles, con programas que ponen en valor ese patrimonio sin complejos. Nos interesa mostrar que ahí hay riqueza, color y carácter de sobra para dialogar en cualquier escenario europeo”. Esa línea artística ya se traduce en un programa concreto: “en actuaciones recientes hemos trabajado piezas vinculadas a Manuel de Falla, Gerónimo Giménez, Pascual Marquina, Isaac Albéniz, entre otros arreglos para ensemble de clarinetes”.
Para seguirles la pista, no hay misterio. En su perfil público de Instagram aparece como @soleaclarinetquartet y allí también enlazan su TikTok con el mismo nombre.
Talento hay. La pregunta es ¿qué estructura ofrecemos?
La historia de Lucía y María José no se queda en una buena noticia cultural. También abre una pregunta de fondo, incómoda y necesaria: ¿qué hacemos con el talento que formamos?. Su experiencia demuestra que no todo depende del talento: el entorno también decide hasta dónde se puede llegar. La Región cuenta con una base sólida y centros que han formado a generaciones de músicos. El salto difícil llega después: convertir esa formación en una carrera sostenible sin que salir fuera sea, en muchas disciplinas, casi obligatorio.
Ellas lo explican con afecto, lucidez y sin reproches: “Nos gustaría que hubiera más puentes entre formación superior y proyección profesional internacional. Murcia tiene talento de sobra. A veces lo que falta no son ganas ni nivel; faltan más estructuras para que ese talento pueda quedarse si quiere”. Ahí está la clave. No frenar la movilidad, sino acompañarla. Más circuitos profesionales, más conexiones internacionales, más oportunidades de retorno para que salir no signifique perder talento, sino ampliarlo.
Y sobre volver, no dudan: “Siempre. Salir no significa romper con tu tierra; significa volver más fuerte, más preparada y con más herramientas para aportar”.
A sus 24 y 25 años, María José y Lucía hablan de horas estudio, de kilómetros, de escenarios y de decisiones muy valientes. Salieron de España para no poner techo a su música. Y ahora, entre atriles europeos, sostienen una idea simple y poderosa: el talento no pide permiso, pero sí necesita oportunidades.
Tres preguntas para cerrar
Una palabra para definir esta gira: Intensidad.
Una obra que os gustaría tocar juntas en la Región: Un arreglo para cuarteto de clarinetes de la Parranda y también pasodobles.
Una frase para las jóvenes músicas que creen que “esto no es para ellas”: Si te late de verdad, si es para ti: no pidas permiso para ocupar tu sitio.
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