España en la órbita de Turquía

En los últimos años las relaciones entre los gobiernos de Madrid y Ankara han experimentado un notable impulso. Ambos países han intensificado el diálogo político, la cooperación en materias de defensa y están participando de forma más constante en misiones internacionales. Y eso ha encendido algunas alarmas en Washington.
El problema no es el acercamiento en sí, sino el momento en que se produce. La relación entre Estados Unidos y Turquía lleva tiempo instalada en una ambigüedad incómoda. Erdoğan lleva años reclamando una mayor autonomía dentro de la OTAN. Ha intervenido en Siria, Libia y el Cáucaso defendiendo sus propios intereses, mantenido una relación pragmática con Rusia, lo que ha llevado a no sumarse a las sanciones de castigo por la invasión de Ucrania, algo que no gusta a los demás socios, a lo que se suma su enemistad histórica con Grecia cuya máxima expresión es la división de Chipre.
España parece decidida a actuar como salvaguarda de Turquía en un contexto en el que los aliados occidentales observan con recelo las intenciones de un Erdogán, cada vez más inclinado a una política exterior asertiva mucho más autónoma de Estados Unidos.
El impulso en las relaciones entre ambos países se consolidó en 2015, cuando Turquía formalizó la construcción del TCG Anadolu, el buque anfibio más grande de su flota y gemelo del Juan Carlos I de la Armada española. La colaboración industrial y tecnológica que implicó este proyecto no solo reforzó los lazos militares, sino también los industriales, hermanando a Navantia y Sedef.
Más recientemente el Ejército del Aire y del Espacio firmó un acuerdo histórico con la turca Turkish Aerospace, la compra de treinta aviones de entrenamiento TAI Hurjet. Con esta decisión España dejó de lado los entrenadores europeos, que a pesar de ser mejores fueron apartados para que se impusiera el avión turco.
España enfrenta un desafío importante para el que Turquía ofrece una solución casi milagrosa, aunque esta oportunidad llega acompañada de más dudas que certezas.
Ante la negativa de adquirir el F-35 estadounidense y el prolongado estancamiento del programa europeo FCAS, España se encuentra sin una solución inmediata para mantener la competitividad de su flota aérea. En este contexto, Turquía propone su nuevo y flamante, aunque aún no probado, TAI KAAN, un avión furtivo de quinta generación desarrollado íntegramente en el país. Fuentes turcas dan por hecho que España pasara por el aro y comprara el avión al menos para suplir el vacío del avión norteamericano.
Erdogan ha puesto también la mira en los ingenieros navales españoles ya que el presidente turco busca con urgencia incrementar el número de buques en su flota. El ejecutivo turco negocia la compra de un segundo portaaeronaves LHD y la posibilidad de desarrollar conjuntamente con España un portaviones de catapultas de primer orden. España, por su parte, muestra interés en estudiar esta opción, dado que el Plan Armada 2050 contempla la construcción de un portaviones para la Armada española.




















