Imagen de archivoLa transición energética se ha convertido en una de las grandes palancas económicas de la próxima década en Europa. Con el objetivo comunitario de alcanzar la neutralidad climática en 2050 y reducir un 55% las emisiones netas en 2030, la descarbonización ya no se plantea solo como una obligación ambiental, sino como una transformación industrial y laboral de gran escala.
En ese contexto, Randstad Research sitúa a España con margen de recorrido: el 24% de los trabajadores ocupa hoy puestos en sectores considerados clave para la transición ecológica, industria, transporte y almacenamiento, construcción y energías renovables, tres puntos por debajo de la media europea (27,3%). Esa brecha, según la firma, se traduce en potencial de crecimiento del empleo vinculado a la economía verde.
La estimación que maneja Randstad eleva el techo hasta 449.000 empleos “verdes” en España hasta 2040, empujados por el despliegue renovable, el desarrollo de la cadena industrial del hidrógeno verde y el efecto económico asociado al ahorro energético. En ese mismo marco, el informe apunta a una combinación de impactos: alrededor de 150.000 puestos ligados a renovables, 181.000 asociados al hidrógeno y un bloque adicional vinculado a la eficiencia energética y la sustitución de importaciones fósiles.
El empleo, sin embargo, no aparece “por generación espontánea”. La transición tiene traducción directa en necesidades profesionales: ingeniería y mantenimiento de renovables, especialistas en redes y digitalización, técnicos de rehabilitación y climatización eficiente, además de perfiles vinculados al diseño y operación de proyectos industriales de hidrógeno. La construcción y la rehabilitación energética se mantienen como uno de los ámbitos con mayor retorno local: por cada millón de euros invertido en rehabilitación, Randstad sitúa la creación de entre 12 y 18 empleos directos e indirectos.
En la Región de Murcia, la transición energética convive con dos dinámicasn, por un lado, el crecimiento de la generación renovable; por otro, el peso de un polo industrial que busca reorientarse. Según Red Eléctrica, en 2024 la comunidad puso en servicio 150 nuevos MW de solar fotovoltaica y elevó hasta el 37,1% la cuota renovable de su potencia instalada; además, la generación renovable aumentó un 10,5% respecto a 2023. A cierre de 2024, la potencia instalada total en la Región se situó en 5.675 MW.
La estrategia regional pasa, en gran medida, por Cartagena y el Valle de Escombreras. El Gobierno murciano ha fijado como objetivo convertir ese enclave en un Valle del Hidrógeno Verde y reforzar su papel en la industria baja en carbono. En paralelo, Repsol ha dado luz verde a un electrolizador de 100 MW en su complejo industrial de Cartagena, con capacidad para producir 15.000 toneladas anuales de hidrógeno renovable y con previsión de entrada en operación en 2029.
El desafío, de nuevo, es el capital humano. Una señal de alerta llega desde el ámbito formativo: la Cámara de Comercio de Murcia se ha hecho eco de estimaciones que sitúan en 42.000 el déficit de jóvenes en ocupaciones verdes en la Región si se atiende a la evolución demográfica y al relevo generacional.
En ese contexto, el debate ya no es solo cuánta inversión llega, sino si habrá suficientes manos cualificadas para ejecutarla: instaladores, técnicos de redes, especialistas industriales, perfiles de datos y mantenimiento, además de formación profesional y universitaria alineada con proyectos reales. En un escenario en el que la transición avanza por normativa y por mercado, la región se juega buena parte de su competitividad en esa carrera silenciosa, captar proyectos, y, sobre todo, formar talento a tiempo.





