El alto coste de la guerra

Cuando en febrero de 2022 Rusia lanzó su invasión a gran escala contra Ucrania, muchos analistas pronosticaron que Kiev caería en cuestión de días. Entre ellos los generales rusos que despacharon un tren lleno de uniformes relucientes para el desfile de la victoria en las calles de la capital ucraniana, y que fue capturado por los supuestamente derrotados.
Sin embargo, para sorpresa de quienes respaldaban los planes originales del Kremlin, ese escenario no se materializó. Moscú inició lo que denominó una “operación militar especial” con la expectativa de que, en un plazo de cuarenta y ocho horas el gobierno ucraniano colapsara y el país quedara bajo su control.
Cuatro años después del inicio del conflicto, resulta inevitable plantearse una pregunta:
¿Por qué Ucrania ha podido frenar el avance ruso durante tanto tiempo?
En teoría Rusia era poseedora en 2022 de unos de los cinco mejores ejércitos del mundo, un listado en el que no figuraba Ucrania ni se acercaba a estarlo.
Por eso Vladimir Putin, quizá condicionado por una visión expansionista del pasado y por una lectura distorsionada de la realidad sobre el terreno, subestimó tanto la capacidad militar como la cohesión política y social de Ucrania. La resistencia inicial no solo impidió la toma rápida de la capital ucraniana, sino que también frustró el objetivo de la operación, que no era otro que provocar un cambio de gobierno y consolidar el control ruso a través de gobernantes títeres.
Ha nadie se le escapa que este conflicto lo ha cambiado todo. Se ha evidenciado que los enfrentamientos modernos ya no se limitan a la guerra tradicional entre ejércitos: en el frente ucraniano, los cañones y las bombas dejaron de ser los protagonistas hace tiempo.
Hoy los drones suicidas de bajo coste han redefinido la forma de neutralizar posiciones enemigas. De hecho en los últimos meses el ochenta por ciento de las bajas se atribuyen a estos artilugios. Esta nueva amenaza ha transformado la guerra en un entorno donde fuerzas con menos recursos pueden infligir igual o incluso más daño que aquellas con mayor armamento a su disposición. Rusia empleó esta tecnología con el apoyo de uno de sus mejores aliados, el régimen de los ayatolás en Irán.
En el frente, los ucranianos han sabido aprovechar los avances tecnológicos introducidos por Rusia, dándole la vuelta a la situación en múltiples ocasiones y dejando al descubierto la desorganización del ejército ruso. Pero el ejército ucraniano no ha estado solo, ha contado con el apoyo de la inteligencia estadounidense, fundamental para conocer con precisión los movimientos de las tropas moscovitas y frenar su avance.
Europa también ha brindado un apoyo esencial en el conflicto. En un momento en que Estados Unidos parece incapaz de diferenciar claramente entre víctima y agresor, los europeos hemos doblado nuestras partidas presupuestarias para asumir, de manera más activa, la defensa de nuestro continente. Europa no ha cejado de suministra material bélico a Ucrania, especialmente incrementado tras la llegada de Trump al poder, hasta haber ya alcanzado el nivel de todas las armas que Estados Unidos ha decidido dejar de mandar en uno de los errores históricos más importantes de la superpotencia.
Si hacemos un breve balance de lo que este conflicto ha supuesto para Putin, podemos decir sin tapujos que ha sido un completo fracaso. En primer lugar no ha logrado sus objetivos militares, pero tampoco los políticos al no lograr el control del gobierno de Kiev. Además la agresión ha fortalecido la unidad y la identidad de Ucrania, que ha sabido aprovechar la tecnología y la inteligencia occidental para resistir.
En el plano geopolítico, ha conseguido el efecto contrario al esperado: la Unión Europea se ha cohesionado más que nunca, se ha rearmado, y países neutrales como Suecia y Finlandia se han sumado a la OTAN. Incluso su prestigio internacional se ha visto afectado, dejando a Rusia aislada y dependiente de aliados estratégicos como Irán y supeditados a compañías tan poco aconsejables como China, mientras que Occidente, a pesar de hacerlo a trancas y barrancas, refuerza su posición global.




















