Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

ENTREVISTA | 8M · DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

Lara Hernández denuncia la doble vara de medir con las mujeres en política

La concejala del Ayuntamiento de Alcantarilla analiza, en la semana del 8M, las exigencias y resistencias que siguen marcando el liderazgo femenino en la política y llama a no retroceder en derechos

José Antonio Muñoz y Alba Molina Viernes, 06 de Marzo de 2026 Tiempo de lectura:
Lara Hernández Abellán, concejala del Ayuntamiento de AlcantarillaLara Hernández Abellán, concejala del Ayuntamiento de Alcantarilla

Lara Hernández Abellán habla desde un lugar incómodo y, precisamente por eso, revelador. Concejala en el Ayuntamiento de Alcantarilla, hoy en el Grupo Mixto, llega a esta conversación tras una década en el PSOE y después de haber sido diputada en la Asamblea Regional (2020-2023). Con ese recorrido a la espalda (y ya sin el paraguas de una estructura de partido) mira el feminismo y la política con una mezcla de convicción y hartazgo: convicción por lo conquistado; hartazgo por lo que se repite, por lo que se maquilla y por lo que se castiga cuando una mujer no se limita a ocupar un sitio.

 

 

“Necesitamos mínimos comunes más que nunca”

 

Hernández asume que el feminismo llega a este momento “con más ruido que consenso” y con corrientes distintas que no tienen por qué ser un problema. “Podemos debatir y discrepar”, afirma, citando como ejemplo la prostitución, donde ella se sitúa en el feminismo abolicionista. Pero marca una frontera clara cuando esas diferencias impiden avanzar. “El problema es que esas diferencias nos impidan defender unos mínimos comunes. Yo creo que ahora mismo necesitamos esos mínimos más que nunca”.

 

 

 

Para la concejala, lo urgente es sostener lo esencial “en la autonomía, en la igualdad real y en no dar un paso atrás en derechos”. Por eso lanza un mensaje directo al propio movimiento: “Este 8 de marzo no debería ser un pulso interno, debería ser una defensa colectiva de lo que tanto nos ha costado conseguir durante décadas”.

 

Hernández reconoce avances, también dentro de las instituciones. “Las políticas de igualdad han permitido que hoy haya más mujeres en los espacios de decisión”, señala, y defiende que “las cuotas, nos gusten más o menos, han sido necesarias para abrir puertas”.

 

Pero introduce un matiz muy importante. “La representación está, eso es un logro. Pero la representación de la mujer no siempre significa el poder real”. Y concreta dónde ve el límite: “Muchas veces las decisiones importantes se siguen tomando en otros espacios, en otros despachos donde las mujeres no entran”.

 

De ahí su crítica a las políticas que se quedan en superficie. “La igualdad no puede ser solo un discurso que se utilice” en fechas señaladas “o una bandera en campaña. Tiene que verse en lo cotidiano”. En el reparto de responsabilidades, en quién lidera de verdad, y en algo que considera decisivo: “cómo se protege a quien alza la voz, que yo eso he visto que no ocurre”.

 

La doble vara de medir

 

Hernández sitúa la política como un amplificador de desigualdades que ya existen fuera. “Hay una exposición pública constante”, explica, y en ese escaparate, sostiene, a las mujeres se les exige un “plus”: “estar siempre impecable, ser agradable, conciliadora, con buena imagen, con la sonrisa adecuada y el tono adecuado”. La comparación que utiliza resume el desequilibrio: “Un hombre es contundente y se interpreta como liderazgo. Una mujer es contundente y se cuestiona tu carácter. Un hombre descuida su imagen y no pasa nada. A una mujer se la analiza de arriba abajo. Y eso hace que para ocupar el mismo espacio muchas veces tengamos que rendir más y equivocarnos menos. Y mientras exista esa doble bala de medir, no podremos hablar de igualdad real dentro de la política".

 

El feminismo como arma política 

 

En un contexto de polarización, Hernández expresa preocupación por el uso del feminismo como herramienta partidista. Distingue entre quienes han estado en las calles y quienes, según su visión, ahora intentan apropiarse de algunas banderas. “Nunca han ido a una manifestación del 8 de marzo y sin embargo ahora abanderan ciertas luchas”, dice, aludiendo a partidos de extrema derecha.

 

Entra entonces en un terreno delicado con una posición nítida sobre prendas como el burka o el niqab. “Soy contraria al uso de ese tipo de prendas en espacios públicos, incluso en espacios privados cuando es por imposición”, sostiene. “Creo que una mujer no puede ser nunca invisible, me da igual que sea por una costumbre, por una tradición, por una imposición de la religión o por una imposición de su marido”.

 

Pero rechaza que ese debate se convierta en coartada para el ataque al inmigrante. Apunta a la intención política que, a su juicio, se esconde detrás: “Se sabe que va por ahí, aunque lo disfracen ahora de defensa de la mujer”. 

 

El techo también está dentro: “cuando intentas ejercer con independencia”

 

¿Dónde está el techo real hoy: en la sociedad o dentro de los propios partidos? Hernández evita la respuesta fácil. Admite que el problema es estructural, pero detiene la mirada en lo que menos se ve: lo que ocurre puertas adentro, en los mecanismos internos de poder, en cómo se reparte la confianza y quién tiene margen para mandar sin ser cuestionada. "Ese techo dentro de los partidos no siempre es tan evidente, no es una puerta cerrada con llave, puede que sea hasta más sutil. Falta de confianza real, penalización de la autonomía, incomodidad cuando una mujer ejerce el liderazgo sin pedir permiso… Y desde mi propia experiencia, el techo muchas veces aparece cuando intentas ejercer el cargo con total independencia".

 

En clave regional, Hernández describe un problema principal en la izquierda: “Falta liderazgo reconocible en la calle”. Cree que la ciudadanía necesita “identificar con claridad quién lidera” e “ilusionarse con un proyecto”. Y lanza un aviso a la estrategia: “Para mí no basta con ser oposición, hay que parecer una alternativa real”.

 

También pide coherencia en cuestiones ambientales. “Si hay una ley para proteger el Mar Menor, esa ley debe cumplirse sin ambigüedades”. Y rechaza seguir el terreno de juego que marcan otros: “No podemos permitir que nuestra bandera se diluya ni dejarnos arrastrar a debates que marcan siempre la derecha o la ultraderecha”.

 

“Que el miedo no te cierre la puerta antes de intentarlo”

 

Para cerrar, Hernández responde como alguien que conoce el precio de quedarse fuera de una estructura. Advierte a quien piense en entrar en política: “No voy a engañar a nadie. Esto no es fácil. Te llevas palos por todos sitios”. Reconoce momentos de fragilidad y de duda, pero insiste en que “volvería a tomar las mismas decisiones, porque cada paso que das, aunque te duela, te construye”.

 

¿Su recomendación para una chica que quiera en entrar en política?: “Que no deje que el miedo le cierre la puerta antes de intentarlo. Que fácil no va a ser. Pero que si es por mejorar la vida de la gente, al final merece la pena. Ella misma pone un ejemplo de esa resistencia en su situación actual en el Ayuntamiento. “En Alcantarilla ni siquiera existe el grupo mixto y me sientan en segunda fila y casi no se me ve”, cuenta. Y aun así marca la línea: “Eso no significa estar callada, al contrario, cada intervención depende solo de mi propia coherencia”.

 

En una semana en la que se vuelve a hablar de igualdad en todas partes, Hernández pone el foco en lo menos visible: el poder real y el margen para ejercerlo. A veces la política intenta bajar el volumen a quien molesta. No debería premiar la obediencia ni castigar la autonomía. Pero cuando ocurre, lo único que queda es hablar desde la coherencia, incluso en segunda fila. Especialmente en segunda fila.

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.