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ENTREVISTA | 8M · DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

Bravas y Bravísimas, un club de lectura contra la prisa y el ruido

Andrea y Rebeca, fundadoras de Bravas y Bravísimas, defienden un ocio feminista que apuesta por una cultura conectada con la vida y alejada del tono “intelectualoide”

Alba Molina y José Antonio Muñoz Sábado, 07 de Marzo de 2026 Tiempo de lectura:
Andrea y Rebeca en una de las "Catas Bravas" organizadas por Bravas y BravísimasAndrea y Rebeca en una de las "Catas Bravas" organizadas por Bravas y Bravísimas

En un 8M atravesado por el ruido, la polarización y el cansancio, Andrea y Rebeca, fundadoras de Bravas y Bravísimas, defendieron en MurciaEconomía Radio otra forma de hacer feminismo: más cotidiana, más sostenida en el tiempo y también más íntima. La suya pasa por leer, compartir y pensar juntas. Por convertir un club de lectura en un espacio de conversación sobre cultura, relaciones, poder, trabajo, identidad o violencia.

 

 

 

Eso fue precisamente lo que echaron en falta antes de ponerlo en marcha. “Nos faltaba un espacio donde la cultura no estuviera desconectada de la vida”, explicaron. Frente a esa idea de que hablar de libros pertenece a un terreno lejano o excesivamente intelectual, Bravas y Bravísimas nació con otra vocación: abrir un lugar donde poder leer y debatir “sin ese toque intelectualoide”, siendo ellas mismas y hablando “de cualquier tema”.

 

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Esa filosofía enlaza con una de las ideas centrales del proyecto: lo que ellas denominan "ocio feminista". Para sus fundadoras, también hay una dimensión política en la forma de divertirse. “Cuando te juntas en espacios donde está abierto el hablar, el pensar, eso ya en sí es político”, señalaron. En su planteamiento, el ocio no tiene por qué limitarse a la evasión: también puede ser aprendizaje, disfrute y crecimiento compartido.

 

En ese sentido, defendieron el valor del libro frente a la lógica acelerada de las redes sociales. “Un libro es un mundo”, resumieron, antes de subrayar que la lectura exige una atención que hoy parece cada vez más difícil de sostener. “Un libro te pide la atención plena”, apuntaron, frente a unas plataformas pensadas para el desplazamiento constante y la dispersión.

 

Durante la entrevista también hubo espacio para hablar del momento actual del feminismo. Andrea y Rebeca reconocieron que les da esperanza comprobar que muchas mujeres ya no callan y que cada vez afloran más relatos sobre violencias que antes quedaban sepultadas. Pero junto a esa esperanza, expresaron una preocupación clara por el rebrote de discursos reaccionarios entre la gente joven. Les inquieta, dijeron, la recuperación de ideas sobre “el hombre proveedor y la mujer que cuida”, así como ciertos debates aparentemente nuevos que, en realidad, suponen un retroceso.

 

Lejos de esquivar la cuestión, ambas defendieron además la necesidad de posicionarse. No como gesto vacío ni como obligación moral en las redes, sino como una forma inevitable de estar en el mundo. Y, entre los debates que consideran más urgentes, situaron con claridad la violencia sexual, una realidad que, recordaron, "sigue atravesando la actualidad y la vida de muchas mujeres".

 

Bravas y Bravísimas no se limita al formato clásico de club de lectura. Su propuesta mezcla literatura con vino, música, escritura o arte en espacios culturales y de ocio. Lo han hecho en intercambios de libros, encuentros híbridos y actividades que buscan sacar la cultura de su rincón más previsible para llevarla a otros escenarios. La idea, insistieron, es sencilla pero extremadamente poderosa: también se puede “gozar la vida” desde la cultura.

 

Quizá por eso una de sus reivindicaciones más claras fue desmontar el prejuicio de que para entrar en un club de lectura hace falta una formación especial. “No hay que ser catedrática ni una intelectual para juntarse a un club de lectura, hay que tener ganas”, afirmaron. Para ellas, la curiosidad basta. Hacerse preguntas basta. El resto llega leyendo, escuchando y compartiendo.

 

Ahora mismo el club tiene cerrado el acceso porque el grupo ya es grande, pero el mensaje sigue siendo el mismo: perder el miedo, acercarse a la lectura sin reverencia y entenderla como algo vivo. No como una obligación ni como un ejercicio de prestigio cultural, sino como una forma de conversación con una misma y con las demás. En tiempos de ruido rápido y opiniones instantáneas, no está nada mal. Casi parece una pequeña revolución que empieza leyendo y compartiendo juntas.

 

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