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ENTREVISTA | 8M · DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

Maru Quiñonero, entre el color, la calma y el trabajo invisible del arte

La artista murciana defiende una creación honesta y reclama más espacios y presupuestos serios para que las creadoras puedan desarrollar su carrera

Alba Molina Lunes, 09 de Marzo de 2026 Tiempo de lectura:
Maru Quiñonero - Foto: Ale MegaleMaru Quiñonero - Foto: Ale Megale

Tras recibir el Premio Alfonso X y regresar al Almudí con La Extranjera, Maru Quiñonero habla desde un momento de plenitud profesional que, sin embargo, no ha borrado la incertidumbre que acompaña al oficio. La celebración del galardón y el reto de exponer en Murcia no ocupan para ella el mismo lugar. “El premio fue pura celebración, la exposición de 'La Extranjera' fue todo un reto en el que estuve trabajando muchos meses”, resume. En esa distancia entre el reconocimiento y la intemperie creativa aparece una de las claves: incluso cuando las cosas van bien, el arte sigue siendo un territorio de búsqueda.

 

Quiñonero admite que, pese a los años de trayectoria, la sensación de extrañeza no desaparece del todo. “Por muchos años que lleve en esto, siempre da la sensación de ir dando palos de ciego”, confiesa al hablar de esa parte de sí misma que todavía se siente extranjera. En su caso, el proceso creativo no nace de una idea cerrada ni de una consigna teórica, sino de un impulso más intuitivo, donde el color manda desde el principio. “Siempre llega primero el color, que inevitablemente viene sugerido por una emoción”, explica. Luego llega el trabajo: muchas horas sola, con su perra, con la radio de fondo, entrando y saliendo de la obra hasta encontrar la distancia necesaria para saber si está terminada.

 

La artista murciana también pone palabras a una parte menos visible de la profesión, esa que rara vez aparece cuando el resultado final ya cuelga limpio en una pared. “El oficio de artista está muy romantizado”, afirma. Detrás, dice, hay “muchas horas de soledad”. Antes de dedicarse por completo al arte trabajó en comunicación y en el ámbito editorial, una etapa que, según reconoce, le sirvió sobre todo para entender “dónde no quería estar”. El salto definitivo exigió algo más que talento o vocación: “Hay que dar un paso adelante y apostar por una misma. Es la única forma de darte una oportunidad real”.

 

En la conversación aparece con claridad otra capa de su mirada: la conciencia de que el sistema del arte no está al margen de las desigualdades que atraviesan el resto de la sociedad. “El arte es solo otra pieza del tejido cultural de una sociedad patriarcal y el techo de cristal también está presente en el arte”, sostiene. Cree que hay avances y cada vez más agentes culturales apuestan por las mujeres, pero insiste en que las inercias siguen ahí. También al hablar del tiempo y de la edad. Frente a esa presión que empuja a muchas creadoras a sentir que llegan tarde, su respuesta es frontal: “Que vaya a por todas. La edad es solo un número”. 

 

Su análisis no se queda en la identidad o en la experiencia personal. También entra en las condiciones materiales del sector. Quiñonero reclama más medios, mejores estructuras y una implicación más seria por parte de las instituciones. A su juicio, no basta con apoyar la cultura en abstracto si luego los proyectos nacen con presupuestos insuficientes. “Muchas veces son insuficientes para producir con calidad”, advierte. Entre las reglas que cambiaría para hacer el sistema más justo menciona una de forma directa: “Revisar el IVA”. Porque, recuerda, el arte también es industria, también es trabajo y también depende de una economía real que en demasiadas ocasiones obliga a sobrevivir más que a crear.

 

Murcia, mientras tanto, sigue ocupando un lugar nítido en su imaginario. “Familia y luz”, responde cuando se le pregunta qué significa hoy la Región en su universo creativo. Y aunque rechaza una visión victimista del relato de la mujer artista, sí considera que nombrarlo tiene sentido: “Para mí, sumar mujer al hecho de ser artista es un valor añadido”. Lo que viene ahora apunta lejos en el mapa, pero no fuera de su eje creativo: Nueva York en mayo, París en septiembre y, entre una ciudad y otra, seguir pintando y escribiendo. Al otro lado de esa puerta que para ella podría ser el arte, dice, le gustaría encontrar “mucha luz”.

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