Imagen de archivoRepsol presentará este martes 10 de marzo una actualización de su estrategia hasta 2028 en su Capital Markets Day, una cita con inversores en la que revisará sus métricas operativas y financieras para adaptarlas a la evolución del mercado energético, el marco regulatorio y el contexto geopolítico. La propia compañía ya avanzó al presentar sus resultados anuales que el nuevo marco para 2026-2028 mantendrá tres pilares básicos: una remuneración atractiva al accionista, fortaleza financiera e inversión disciplinada.
La revisión llega después de que la energética cerrara 2025 con un beneficio neto de 1.899 millones de euros, un 8 por ciento más que el año anterior, mientras que el beneficio ajustado se situó en 2.568 millones, un 15 por ciento menos. Repsol atribuyó ese comportamiento a un ejercicio marcado por la incertidumbre geopolítica y económica, la volatilidad de los mercados energéticos y la caída del precio medio del Brent, que se situó en 69 dólares por barril, un 14,5 por ciento menos que en 2024.
Uno de los vectores que previsiblemente ganará peso en la nueva hoja de ruta es el negocio de exploración y producción, el upstream. En febrero, el consejero delegado, Josu Jon Imaz, señaló ante analistas que, tras los ajustes de cartera realizados en los últimos años, la compañía entra ahora en una fase de generación de valor con un negocio “más rentable, más resiliente y más predecible”. Para 2026, Repsol ha fijado una previsión de producción de entre 560.000 y 570.000 barriles equivalentes de petróleo al día, por encima de los 548.000 registrados en 2025.
Dentro de ese negocio tradicional, Estados Unidos y Venezuela aparecen como dos de los focos principales. En el mercado estadounidense, la compañía cuenta con expectativas ligadas, entre otros activos, al arranque de la primera fase del proyecto Pikka, en Alaska, previsto para marzo y con una capacidad estimada de 80.000 barriles diarios en la segunda mitad del año. En paralelo, la exposición a Venezuela vuelve a ganar relevancia tras la autorización estadounidense para operar en el país y el reconocimiento por parte de Repsol de una deuda de 4.550 millones de euros por parte del Estado venezolano.
Sobre Venezuela conviene separar el dato empresarial del ruido geopolítico, que no es precisamente pequeño. Estados Unidos tomó el control de las exportaciones petroleras venezolanas tras la captura de Nicolás Maduro en enero y de que los envíos a Estados Unidos y Europa aumentaron en febrero, aunque el volumen total exportado cayó un 6,5 por ciento respecto a enero. En ese escenario, Repsol ha deslizado que podría incrementar de forma significativa su producción en el país si se consolida el nuevo marco operativo.
La remuneración al accionista seguirá siendo, salvo giro dramático del guión, otro de los ejes de la estrategia. Repsol ya ha anunciado que destinará alrededor de 1.900 millones de euros a remuneración en 2026, con un dividendo en efectivo de 1,051 euros brutos por acción, un 7,8 por ciento más que el abonado con cargo a 2025, además de nuevos programas de recompra. En 2025, la retribución total al accionista rondó los 1.800 millones de euros.
En renovables, en cambio, el tono apunta a una mayor prudencia. La compañía ha venido defendiendo una estrategia basada en desarrollar proyectos y rotar activos para limitar la exposición de capital, y ya ha rebajado algunas de sus ambiciones iniciales en hidrógeno verde ante el frenazo del mercado. Esa lógica sugiere que la actualización a 2028 podría reforzar el peso del negocio convencional en generación de caja, sin abandonar las iniciativas bajas en carbono, pero sí ajustando ritmo y expectativas.
Otro de los asuntos que seguirá sobre la mesa es el llamado “evento de liquidez” para su filial de upstream. Repsol ha mantenido abierta la puerta a distintas opciones, desde una salida a Bolsa en Estados Unidos hasta la entrada de un nuevo inversor o una operación corporativa alternativa, aunque ha insistido en varias ocasiones en que cualquier movimiento tendría una línea roja: conservar el control y al menos el 51 por ciento del capital de ese negocio. Más que una urgencia, lo que transmite la compañía es que quiere preservar flexibilidad para ejecutar la operación solo si las condiciones acompañan.











