Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

Opinión | El Periscopio
Sebastián Hidalgo
Jueves, 12 de Marzo de 2026
Sebastián Hidalgo

Matar moscas a cañonazos

 

Los conflictos actuales nos están dejando una evidencia clara: las reglas de la guerra han cambiado. Hoy, un dron que cuesta unos pocos miles de euros, puede obligar a lanzar un misil de millones para interceptarlo. La paradoja es evidente: tecnologías simples y baratas están poniendo en jaque a algunos de los sistemas de defensa más sofisticados del mundo. Y eso nos obliga a preguntarnos si las naciones occidentales han tomado buena nota de lo que está ocurriendo en Ucrania e Irán.

 

Estas nuevas armas están haciendo posible que países que no contaban aparentemente con una gran infraestructura militar puedan alargar un conflicto e infligir daños reales a adversarios mucho más poderosos, como Estados Unidos o Rusia. La lógica tradicional de la guerra, en la que la superioridad tecnológica garantizaba una victoria rápida empieza a resquebrajarse. Aunque el triunfo sea indudable el coste de ese éxito puede dispararse y hacer que se replanteen los cálculos del beneficio a conseguir por el gasto realizado. Irán está aplicando precisamente esta estrategia.

 

Ahora se busca una solución urgente a esta problemática. Los sistemas de defensa aérea convencionales estaban concebidos para ataques con misiles a los que se respondía con misiles. Una igualdad de medios que hacía equivalente el costo de ambas acciones. Pero las cosas han cambiado.

 

Se hace especialmente evidente ante ataques masivos o enjambres de drones, donde el número de objetivos puede saturar las defensas y obligar a emplear una gran cantidad de interceptores en poco tiempo. Drones de diez mil euros derribados por misiles de entre uno y dos millones de euros.

 

De hecho, países como Arabia Saudí o Qatar ya han manifestado su preocupación por la dificultad de mantener en el tiempo una defensa eficaz en escenarios de alta intensidad. Esta situación resulta especialmente llamativa si se tiene en cuenta que se trata de países con un enorme poder económico, lo que demuestra que el problema no es únicamente financiero.

 

Si trasladamos la mirada al escenario europeo, podríamos decir que el continente observa la situación “desde detrás de la barrera”, consciente del problema pero todavía en fase de reacción, muy a la europea. Hace unos meses, Ursula von der Leyen anunció un ambicioso escudo antidrones destinado a reforzar la protección de todos los flancos del continente europeo. Según lo planteado, este sistema estaría operativo en torno a 2027 y tendría como objetivo mejorar la capacidad de detección y neutralización de estos artefactos.

 

Sin embargo, más allá del anuncio político, aún se desconocen muchos detalles concretos sobre cómo se estructurará realmente este escudo y qué sistemas específicos lo compondrán.

 

¿El problema de todo esto? Que todavía no existe una solución plenamente operativa y probada a gran escala. Muchas de las tecnologías que se proponen para hacer frente a los enjambres de drones siguen en fase de desarrollo. El único país que, por ahora, ha dado un paso considerable y tangible en esta dirección ha sido Israel con su nuevo sistema Iron Beam. Se trata de un sistema de defensa activa basado en un láser de alta energía, diseñado específicamente para interceptar amenazas de bajo coste.

 

Esta nueva proeza de la ingeniería sigue la misma lógica que el dron suicida: Es bueno, es bonito y es barato de operar.

 

Las amenazas han cambiado y quienes las ejercen son conscientes de que cuentan con cierta ventaja. Los europeos debemos tomar conciencia de que necesitamos estar preparados para un nuevo contexto geopolítico, en el que Europa se ha convertido en un objetivo a batir.

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.