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Opinión |
Rubén Martínez Alpañez
Domingo, 15 de Marzo de 2026
Rubén Martínez Alpañez

¡Traidores a la vida! Cómo el consenso parlamentario sacrifica a la familia española

 

Dieciocho horas. Ese es el tiempo que un padre permaneció en la solitaria gelidez de un quirófano donde permaneció entregando, literalmente, esquirlas de su propio cuerpo —un riñón y parte de su hígado— para que su hija de siete años pudiera seguir respirando. Al despertar, con el dolor de las suturas aún fresco, sus palabras fueron las de una verdad eterna: “Hice lo que cualquier padre haría”. Meses después, esa niña ha dejado de ser una paciente; ahora es otra niña más, que salta y juega recordándonos que la vida es un milagro, que siempre se abre paso cuando hay alguien dispuesto a protegerla.

 

Esta historia que ocurría en Italia hace apenas un año, se repite muchas más veces de las que nos podemos imaginar a lo largo y ancho del mundo, también aquí, en España y en nuestra Región de Murcia. Cada una de esas experiencias esconden un acto de resistencia épica forjada en el amor puro, inquebrantable e infinito de un padre hacia sus hijos.

 

Estas historias dan esperanza porque en un mundo que parece rendirse ante una gris "cultura de la muerte", la familia tradicional se alza como la última trinchera de luz en la protección de los más débiles. Ya no es cuestión de fe, ni siquiera de derecho, es simple lógica, pero sobre todo humanidad: porque si nuestro deber es proteger al débil, no existe ser más vulnerable, ni grito más silencioso, que el de un no nacido. Por eso, la defensa de la vida no es una postura política; es el único camino posible.

 

Sin embargo, hace unas semanas asistimos a una traición silenciosa en el Congreso de los Diputados. Todos los partidos, sin excepción —incluidos aquellos que se envuelven en banderas de valores que luego olvidan—, votaron en contra de la propuesta de VOX para proteger la vida desde su concepción hasta su ocaso natural.

 

Este rechazo unánime fue algo más que un simple trámite legislativo; fue la revelación de un consenso tiránico: la vida de usar y tirar. Cuando quienes dicen defender la familia se niegan incluso a plantear la derogación de leyes que permiten el asesinato, el alma de la sociedad está en peligro. En esa soledad parlamentaria, VOX no solo defendía una iniciativa, defendía la cordura frente a una deriva destructiva que parece haber perdido la brújula que distingue entre bien y el mal.

 

Defender la vida es defender el hogar. Es en el seno de la familia tradicional donde se libra la batalla real, porque en ámbito familiar es donde se decide realmente si es un hijo es un esperado regalo o un “capricho descartable” también si al enfermo se le cuida o se le abandona.

 

Por eso, si aceptamos una sociedad que normalice el aborto y la eutanasia corremos el riesgo de contaminar las raíces de unos hogares woke que más pronto que tarde comenzarán a considerar que los hijos son un capricho y nuestros mayores una carga prescindible. Frente a esto, la familia tradicional proclama una verdad incómoda para el sistema: cada hijo es un bien absoluto y todos los ancianos mantienen su dignidad humana incluso enfermos o cansados. Cuidar no es una carga; es la esencia misma de ser humano.

 

En este tablero de destrucción donde nuestra sociedad comienza a jugar a la vida de usar y tirar, el padre se ha convertido en el objetivo a batir. El feminismo de trinchera ha intentado caricaturizar la figura paterna como un tirano opresor, pero la realidad —esa que tanto escuece a la izquierda extrema y a la izquierda pepera— es testaruda:

 

Los hogares donde falta algún progenitor, especialmente el padre, son mucho más vulnerables. En España, el riesgo de pobreza en familias monoparentales duplica al de los hogares donde padre y madre caminan juntos.

 

No es solo una cuestión de dinero, es una cuestión de presencia, de relaciones familiares sólidas, donde un padre y una madre además de mantener la casa y repartirse las tareas, ambos permanecen comprometidos en criar a los hijos.

 

Si una madre es el santuario donde la vida se custodia con el alma y la ternura que sana las heridas, un padre es el abrazo que protege del frío, la autoridad serena que pone límites para que los hijos crezcan seguros y el ejemplo de sacrificio que vimos en aquel quirófano de Italia.

 

Sin embargo, en muchos colegios han decidido borrar el Día del Padre de las aulas y esto no es por un error, es consecuencia de un ataque deliberado de esa ideología que caricaturiza al padre como figura relevante y hasta peligrosa. Una ideología que persigue que nuestros niños crezcan pensando que esa fortaleza protectora del padre es prescindible, cuando es precisamente esencial. Porque un padre presente, que asume su tarea educativa, que ejerce una autoridad serena y responsable es un elemento decisivo para la maduración emocional y moral de los hijos.

 

Si debilitamos a las familias, si nos olvidamos de proteger el valor absoluto e indudable de la vida, el futuro de la sociedad española correrá serio peligro de desaparición. No podemos permitir que el "consenso de los tiranos" dicte el futuro de nuestros hijos. Solo VOX está dispuesto a dar la batalla cultural, sin miedos y sin complejos. Defender a la familia es defender nuestra propia supervivencia.

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