Foto: LOFCon el equipo anclado en los puestos de descenso, la inestabilidad ha sido la tónica de la campaña. Ni siquiera el cambio en el banquillo ha logrado, de momento, revertir la dinámica. Curro Torres, el tercer técnico en tomar las riendas esta temporada, sigue buscando la tecla exacta que permita al equipo volver a sumar de tres en tres.
El reciente duelo frente al Hércules es el fiel reflejo de la situación del equipo. Sobre el césped se vio un buen papel y destellos de mejoría, pero en esta categoría perdonar se paga caro. Los errores en la salida de balón penalizaron gravemente en defensa, mientras que, en la zona ofensiva, la historia se repite. Los hombres de ataque continúan con la mirilla desviada, fallando ocasiones que antes eran sinónimo de gol.
La presión ahoga, pero la plantilla sabe lo que hay en juego. Tal y como reconoció el capitán Pedro León el pasado viernes, el vestuario asume la situación. Los partidos que restan no son jornadas de liga, son auténticas finales. Las matemáticas no engañan y para asegurar la permanencia y respirar con tranquilidad, el equipo necesita sumar, como mínimo, 15 de los 30 puntos que quedan en juego. Un cincuenta por ciento de efectividad en un calendario que esconde trampas mortales, destacando dos salidas a vida o muerte frente a rivales directos por la salvación: Nàstic y Torremolinos.
El primer asalto de esta agónica recta final tendrá lugar el próximo domingo ante el Tarazona, equipo que junto con los de Tarragona marca el corte de la zona de abajo, en el estadio Enrique Roca. El choque se disputará bajo la lupa de una grada que respira un clima de evidente crispación tras diez jornadas consecutivas sin conocer la victoria. El Real Murcia necesita, más que nunca, aparcar los nervios y que el balón empiece a entrar antes de que el desastre sea irremediable.











