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Opinión | Hablando de impuestos, tomando pesambres
José María Rubio
Martes, 17 de Marzo de 2026
José María Rubio

Campaña 2026 de IRPF: para inteligencia, la suya

Presentaré al lector un palabro inglés: nudge. Pronúnciese algo así como nudch y no hay una traducción exacta del mismo: es algo así como dar toquecitos, empujar suavemente para llevar a una persona a donde mejor conviene. Lo hace el pastor, vara en mano, con los corderos que se salen de la fila; lo hace el guardia de seguridad cuando muestra la salida a quien importuna; lo hace la Agencia Tributaria con el contribuyente.

 

Como sabrá el lector, la campaña del IRPF primero arranca poniendo a disposición de los contribuyentes sus datos fiscales: qué sabe Hacienda de nosotros; posteriormente, utiliza esos datos para confeccionar un borrador que se pone a nuestra disposición para que se confirme o modifique. Y aquí aparece la vara del pastor.

 

Durante años, las asociaciones de asesores fiscales se han quejado de los frecuentes errores que contienen los borradores de la Agencia Tributaria. Un clásico de estos errores, por ejemplo, es no computar el gasto de la Seguridad Social de los autónomos societarios como menor rendimiento del trabajo que, en muchas ocasiones, puede suponer una diferencia en la cuota final de casi la mitad de lo cotizado. No es poca cosa. Por otro lado, el borrador omite con frecuencia la posibilidad de aplicar alguna de las deducciones autonómicas que, con mayor o menor fortuna, las autoridades regionales ponen a nuestra disposición.

 

Ahora, se anuncia que la modificación del borrador va a estar tutelada por un simpático asistente virtual que, cuando el contribuyente modifique una casilla, y el asistente piense que esa modificación supone un intento de fraude, amablemente aparecerá en pantalla.

 

¿Está usted seguro de lo que va a hacer?

 

Y más tarde:

 

Si yo fuese usted, a lo mejor me pensaría dos veces lo que está haciendo.

 

Desconocemos si el asistente artificial goza de inteligencia o de hintelijencia, ustedes ya saben, pero lo que sí es seguro es que cualquier aviso de la Agencia Tributaria va a poner en un brete al atribulado contribuyente para el cual llevar la contraria a la Agencia Tributaria, aunque sea a través de un asistente virtual, le supone tremendo quebranto y dolor de cabeza: de ahí lo del nudch, lo del pastoreo, y de cómo a través de sutiles toquecitos “está usted seguro” se puede llevar al contribuyente a donde mejor convenga.

 

A ello hay que unir que no son pocos los contribuyentes que no terminan de entender el sentido de una declaración de IRPF. Sepan que cuando una declaración sale “a devolver” no estamos alegría, alegría, me ha tocado la lotería, sino ante una devolución de un impuesto que se ha cobrado en exceso. Imagine el lector que en un restaurante le cobran el doble de lo debido y, meses después, consigue que el restaurante le devuelva el exceso: ¿dónde está la alegría?

 

Sin embargo, no son pocas las personas a las que una devolución, la que sea, les hace encoger los hombros y darla por buena, sin pensar si el borrador de la Agencia Tributaria es correcto o no. Si encima hay que discutir con el señor virtual de la Agencia Tributaria, las posibilidades de acatar y coger el dinerillo subirán, todo sea simplemente por recibir la devolución antes, por no enfadar al señor de Hacienda, no vaya a ser que mande una carta en términos menos amables (“mire que se lo advertí”) y porque, en definitiva, más vale un mal pacto que un buen juicio: pleitos tengas y los ganes, dice la maldición.

 

En definitiva, y sin querer hacer publicidad de mi profesión, sepan que la declaración del IRPF no es, en absoluto, un trámite sencillo, que conviene asesorarse convenientemente y que, en no pocas ocasiones, hay que llevar activamente la contraria a la Agencia Tributaria.

 

Piensen en una serie de policías. Cuando interrogan a un detenido y este dice que renuncia a su derecho de contar con un abogado, ¿qué responden los detectives?:

 

¿Está usted seguro de lo que va a hacer?

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