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Opinión | El Periscopio
Sebastián Hidalgo
Jueves, 19 de Marzo de 2026
Sebastián Hidalgo

La Armada en la defensa de Chipre

El régimen de los ayatolás parece haber adoptado una estrategia de respuesta que implica el uso de misiles contra posiciones vinculadas a Estados Unidos e Israel, extendiendo el impacto más allá de sus fronteras. El objetivo, paradójicamente, es que sean los propios aliados de Washington quienes presionen al inquilino de la Casa Blanca a terminar con la guerra.

 

Pero la guerra abierta entre Irán, Estados Unidos e Israel no se ha limitado a un conflicto regional. Sus réplicas han comenzado a sacudir directamente a países ajenos a la confrontación inicial, entre ellos miembros de la OTAN como Turquía y, lo que es más significativo, Chipre, un país de la Unión Europea.

 

En los primeros días del conflicto, se detectaron misiles y drones lanzados desde Irán con dirección a la Isla de Chipre, concretamente hacia las bases británicas de Akrotiri y Dhekelia. Los proyectiles fueron interceptados antes de alcanzar territorio chipriota, evitando así una catástrofe.

 

Ante la gravedad del suceso, varios países de la Unión Europea reaccionaron con celeridad, movilizando a sus buques más avanzados para blindar la soberanía de un Estado miembro amenazado. España, Francia, Grecia, Italia, Países Bajos y el Reino Unido asumieron un papel protagonista en esta demostración de unidad y firmeza europea. Sin embargo, no valía cualquier embarcación.

 

La misión exigía una capacidad técnica muy concreta e innegociable: los buques desplegados debían estar equipados con los sistemas de defensa aérea más sofisticados del mercado para garantizar la protección de los cielos chipriotas. Había que crear un escudo impenetrable sobre la isla. Y en este exigente escenario, la Armada española demostró estar sobradamente preparada.

 

La elección no fue casual: se optó por enviar a nuestro escolta más moderno y emblemático, la fragata Cristóbal Colón (F-105). Este buque, una auténtica joya de la ingeniería naval española construida en los astilleros de Navantia, no solo cumplía con todos los requisitos, sino que en su campo puede presumir de ser la mejor. Y es que si hablamos de defender los cielos, la Cristóbal Colón se lleva la palma sin discusión. No lo digo yo, lo dicen los hechos: esta fragata está diseñada para ser la pesadilla de cualquier amenaza aérea.

 

Cuando uno analiza sus sistemas, su blindaje electrónico y su capacidad de respuesta, resulta difícil encontrarle rival en los mares. Dotada del sistema de combate Aegis, el mismo que protege a los portaaviones estadounidenses, la Cristóbal Colón es capaz de actuar como el centro neurálgico de la defensa aérea de toda una región. Sus radares SPY-1D barren el horizonte cientos de kilómetros a la redonda como si fueran un ojo invisible, capaces de seguir simultáneamente a decenas de objetivos hostiles: desde cazas supersónicos hasta misiles rasantes que vuelan a la altura de las olas. Pero lo realmente impresionante no es solo detectar, sino reaccionar.

 

Si algún punto de la isla chipriota hubiera llegado a estar en peligro, los misiles Standard SM-2 de la fragata habrían podido interceptar la amenaza a decenas de kilómetros de distancia, creando un paraguas protector.

 

¿Que si es la mejor del mundo? Puede que haya quien discrepe, pero lo que nadie puede negar es que pocos buques pueden presumir de estar a su altura. En el selecto club de las fragatas más avanzadas del planeta, la Cristóbal Colón no solo tiene plaza reservada, sino que se sienta, con todo derecho, en la primera fila.

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