Elena Ramos, presidenta del Club de Marketing de la Región de Murcia - CMRMMás de un centenar de profesionales reunidos en el primer encuentro del año no es solo una buena foto para el sector. Para Elena Ramos, presidenta del Club de Marketing de la Región de Murcia, es también la prueba de que algo se está moviendo. Habla de talento, de ganas de compartir y de una necesidad latente de conexión en una comunidad que, a su juicio, llevaba tiempo pidiendo un punto de encuentro más útil, más práctico y más conectado con la realidad de las empresas.
Ramos afronta esta nueva etapa del Club con una hoja de ruta clara: “menos discurso y más impacto real y acción en el día a día de los profesionales y las empresas”. Ese es, en esencia, el rumbo que quiere imprimir a la organización. El arranque, al menos, parece haber confirmado que existía esa demanda. La asistencia al primer encuentro del año, con más de 100 profesionales y otros muchos que no pudieron acudir por agenda, le sirve para tomar el pulso al momento actual del marketing en la Región.
“Este encuentro puso de manifiesto las ganas de compartir, de aprender y, sobre todo, de profesionalizar el marketing”, sostiene. A su juicio, la Región de Murcia “acoge grandes profesionales de esta disciplina”, pero arrastraba también “cierta desconexión”. Por eso interpreta la respuesta a la convocatoria como una señal de que el sector ha entrado en “un punto de activación real”.
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Del encuentro a la utilidad
Para la presidenta del CMRM, el éxito de una cita así no puede medirse solo por la asistencia ni por la conversación que genera en el momento. La verdadera prueba llega después. Cuenta que varios asistentes le trasladaron al día siguiente “la enorme ilusión por la creación de esta comunidad”, algo que considera un estímulo importante. Pero sitúa el listón en otro lugar: en la capacidad de convertir las ideas en práctica cotidiana.
“Lo que debe ocurrir es que los profesionales puedan aplicar cualquiera de las ideas concretas de lo que escucharon allí en su desempeño diario”, explica. “Si conseguimos pasar de la teoría a la acción, el encuentro ya ha cumplido su objetivo”.
Ese salto de la teoría al terreno es también el que quiere que dé el propio Club. Ramos sostiene que una asociación profesional debe servir para combatir “la soledad profesional” y para tejer una conexión más real con las entidades que están formando al talento del mañana. En esa ecuación, el Club aspira a convertirse en un espacio estable para conectar, aprender y elevar el nivel colectivo.
Qué ofrece el Club en 2026
Cuando una empresa se plantea asociarse al Club de Marketing, dice Ramos, suele formular la misma pregunta: ¿qué obtiene a cambio?. Su respuesta busca concretar una propuesta de valor: “Acceso a conocimiento útil, conexiones que generan oportunidades y una comunidad que te hace mejor profesional”.
No se trata, insiste, de fomentar relaciones superficiales. “No es networking por networking, es crecimiento tangible”, resume. Esa promesa enlaza con uno de los grandes objetivos de esta nueva etapa: reforzar la idea de que el marketing no puede seguir viéndose como un adorno ni como una partida prescindible, sino como una herramienta de negocio con impacto real.
El talento que llega y la empresa que recibe
Ramos también pone el foco en una fractura conocida entre universidad y empresa. A su juicio, el talento junior suele aterrizar en el mercado laboral con una carencia: “Le falta contexto de negocio”. Pero no carga toda la responsabilidad sobre los perfiles más jóvenes. También ve margen de mejora en las propias organizaciones, que a veces no terminan de asumir que formar talento “no es un coste, es una inversión estratégica”.
En ese escenario, identifica las habilidades que deberían ser irrenunciables en 2026. Habla de pensamiento estratégico, capacidad analítica, criterio para tomar decisiones y comprensión del impacto del marketing en el negocio. Y añade una competencia ya ineludible, aunque con matices: “Saber trabajar con IA, pero con criterio”.
Inteligencia artificial, creatividad y criterio
La irrupción de la inteligencia artificial ocupa una parte central de su diagnóstico sobre el presente y el futuro del marketing. Ramos cree que las primeras tareas en desaparecer serán las más operativas y repetitivas: “redacción básica, reportar de manera manual, segmentaciones simples”. Frente a eso, las capacidades que ganarán valor serán otras: “la estrategia, la creatividad y la capacidad de hacer las preguntas correctas”.
Esa transformación, advierte, no está exenta de riesgos. Uno de ellos es la homogeneización de los discursos y de la creatividad de las marcas. “Sí, es un riesgo real, pero evitable”, señala. La forma de protegerse, añade, pasa por tener “una identidad clara, un posicionamiento trabajado y equipos con criterio”. Porque, en su visión, la herramienta puede generar, pero la diferencia sigue estando en quien decide. “La IA genera, pero la diferencia la marca quien decide”.
Digitalizar no es comprar herramientas
Otro de los puntos en los que Ramos se muestra más tajante es en la confusión que todavía persiste en muchas empresas entre digitalización y compra de tecnología. Para ella, el error es de base. “La verdadera transformación digital es la transformación de la mentalidad y cultura empresarial y, por tanto, de los procesos”, afirma.
Ese cambio, añade, no puede sostenerse sin implicación del equipo humano. “Sin la implicación del capital humano no creo que la transformación digital llegue a buen puerto; todo lo contrario, solo amplifica el desorden”. Es una idea que conecta con otra de sus advertencias más repetidas: la de invertir en marketing sin una visión estratégica ni una cultura alineada con objetivos de negocio.
El gran error, pensar a corto plazo
Preguntada por los fallos más frecuentes de las empresas cuando invierten en marketing, Ramos identifica tres: “pensar a corto plazo, medir mal y desconectar marketing de negocio”. En su opinión, ahí está una parte importante del problema cuando el marketing se percibe como un gasto recortable en lugar de como una palanca de crecimiento.
El papel del Club, en ese sentido, pasa por “educar, demostrar con casos reales y generar criterio”. Solo así, sostiene, puede cambiar la percepción de esta función dentro de las organizaciones. “Cuando el marketing se entiende, deja de ser un gasto y pasa a ser inversión”.
Su visión también se refleja en cómo analiza determinadas inercias del sector. Considera sobrevalorado “el uso de herramientas sin estrategia” e infravalorado “el pensamiento estratégico aplicado a negocio”. Y, al hablar de métricas, distingue con claridad entre las que adornan y las que explican de verdad lo que ocurre. Las más manipulables son, dice, las “métricas de vanidad”, como el alcance o los likes. Las más honestas son las que aterrizan en resultados reales: “ventas, margen, crecimiento”.
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Una nueva etapa con vocación de continuidad
En esta nueva etapa del Club, Ramos pone en valor también el perfil de la junta directiva que la acompaña, de la que destaca “diversidad de visión, experiencia real y, sobre todo, compromiso”. Menciona expresamente a Eudoxia de la Peña, Carlos Valenciano, Alex Salar y Cristina Alcázar, y agradece la iniciativa de un equipo con el que dice compartir propósito.
A la hora de dirigir una organización profesional, asegura además que el Club no se está moviendo en una lógica de egos. “Somos una junta directiva coral que pone el propósito por encima de las personas. Cuando el foco está claro, todo lo demás se ordena”.
Su aspiración a medio plazo es concreta. Si dentro de dos años el sector mira atrás, le gustaría que pudiera decir que el Club “ayudó a elevar el nivel del marketing en la Región y a conectar talento con oportunidades reales”.
De cara a los próximos meses, el Club trabaja ya en dos encuentros de carácter práctico, con formación útil y espacios de conexión real. Ramos insiste en que el objetivo no es encadenar eventos por inercia, sino que cada cita deje una herramienta, una idea o una aplicación inmediata para quienes participan.
En un momento de sobreinformación, automatización y urgencia por aparentar resultados, Ramos defiende que la habilidad decisiva para 2026 será “saber tomar decisiones con criterio”. También para las pymes con menos presupuesto, a las que recomienda empezar por lo esencial: “definir bien su propuesta de valor y conocer bien a su cliente antes de invertir”.







