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INTERNACIONAL

La AIE alerta de la mayor crisis energética de la historia y pide recortar ya el consumo de petróleo

La agencia recomienda más teletrabajo, menos vuelos, transporte público reforzado y una rebaja de la velocidad en carretera para contener una crisis que, según Fatih Birol, puede prolongarse “seis meses o más”

Alba Molina Sábado, 21 de Marzo de 2026 Tiempo de lectura:
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La Agencia Internacional de la Energía ha alertado del alcance de la crisis ante el impacto del conflicto en Oriente Medio sobre los mercados energéticos. En su nuevo informe, el organismo sostiene que la guerra ha provocado “la mayor disrupción de oferta de la historia del mercado mundial del petróleo”, con el tráfico por el estrecho de Ormuz reducido “a cuentagotas” y unos 20 millones de barriles diarios de crudo y productos petrolíferos afectados, el equivalente a alrededor del 20% del consumo mundial. En paralelo, en una entrevista concedida al Financial Times, su director ejecutivo, Fatih Birol, advierte de que el mundo afronta la mayor amenaza conocida para la seguridad energética global.

 

Birol cree que los mercados y buena parte de los responsables políticos "están infravalorando la magnitud del golpe" y, sobre todo, su duración. Según trasladó al diario británico, aunque el tráfico por Ormuz se restableciera de inmediato, parte de las instalaciones dañadas tardarían medio año en volver a operar y otras necesitarían bastante más tiempo. Reuters recoge además que el mercado ya descuenta varias semanas, como mínimo, antes de una reapertura plena del estrecho y que el daño sobre la producción no apunta a una reversión rápida.

 

Los precios ya están recogiendo el alcance de la crisis. El viernes, el Brent cerró en 112,19 dólares por barril, su nivel más alto desde julio de 2022, mientras el West Texas Intermediate se movió en torno a los 98 dólares. La propia AIE reconoce que la pérdida de flujos ha empujado el petróleo por encima de los 100 dólares y ha tensionado aún más productos refinados especialmente sensibles para familias y empresas, como el diésel, el queroseno o el gas licuado de petróleo.

 

Ante ese escenario, la agencia ha cambiado de marcha y no se limita a reclamar más oferta. El 11 de marzo activó la mayor liberación coordinada de reservas estratégicas de su historia, con 400 millones de barriles, pero admite que esa palanca no basta por sí sola. Por eso ha puesto ahora el foco en la demanda y ha publicado un decálogo de medidas de emergencia para aliviar la presión sobre consumidores y empresas. Entre ellas figuran más teletrabajo allí donde sea posible, reducir al menos 10 kilómetros por hora la velocidad en autopistas, fomentar el transporte público, compartir coche, restringir el acceso alterno de vehículos privados a grandes ciudades, mejorar la eficiencia del transporte de mercancías y evitar vuelos cuando haya alternativas.

 

El informe pone números a ese esfuerzo. La AIE calcula que solo tres días adicionales de trabajo remoto para quienes puedan hacerlo recortarían entre un 2% y un 6% el consumo de petróleo de los coches a escala nacional, con ahorros medios cercanos al 20% para cada conductor afectado. Rebajar la velocidad en autopista en 10 kilómetros por hora permitiría reducir entre un 5% y un 10% el consumo individual de combustible, y una caída de alrededor del 40% en los vuelos de negocios podría recortar entre un 7% y un 15% la demanda de queroseno. La agencia subraya, eso sí, que estas medidas no compensan por sí solas el agujero de suministro, aunque sí pueden contener costes y ganar tiempo hasta que se recupere la normalidad.

 

La crisis, además, desborda ya el terreno estrictamente energético. Reuters advierte de que la disrupción en Ormuz amenaza con desencadenar una nueva ola de inflación alimentaria en los países más vulnerables, ya que por esa ruta circula cerca del 30% del comercio mundial de fertilizantes y los precios de algunos productos clave, como la urea, han subido entre un 30% y un 40%. La FAO alerta de que, si esa tensión se prolonga unas semanas más, podría haber problemas de siembra, menores rendimientos y un encarecimiento posterior de cereales, piensos, lácteos y carne.

 

En ese contexto, la AIE insiste en que no basta con amortiguar el golpe, hay que usarlo para acelerar cambios estructurales. Birol ha defendido que volver a depender del gas ruso no resolvería el problema y que la salida a medio plazo pasa por recortar la exposición a los combustibles fósiles mediante más electrificación, renovables, nuclear y eficiencia. 

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