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Opinión | Hablando de impuestos, tomando pesambres
José María Rubio
Martes, 31 de Marzo de 2026
José María Rubio

Se aprobará el régimen de franquicia en IVA: NADA QUE DECLARAR

El lector habrá visto en los aeropuertos internacionales, en la ruta de desembarque, que el viajero debe elegir entre atravesar una puerta que reza NADA QUE DECLARAR y otra que indica OBJETOS A DECLARAR. Nunca he abierto la puerta de OBJETOS A DECLARAR, pero imagino que dará a una sala donde una persona, detrás de una mesa, tendrá un boli bic azul, un formulario, y estará atenta a lo que el viajero que ha entrado en su sala tenga que decir. Existen estas puertas porque introducir objetos en España desde fuera de Europa lleva aparejada una obligación tributaria. Esa obligación tributaria se llama arancel o tarifa, y a quien la elude, se le denomina contrabandista.

 

Sin embargo, la introducción de bienes de escaso valor está exenta de declaración, de arancel, y quienes se benefician de dicha exención pueden eludir su pago y no se les considera contrabandistas. Estas personas, yo, me imagino que usted también, pueden regresar a España con objetos comprados fuera de Europa y cruzar por la puerta de NADA QUE DECLARAR sin sufrir reproche penal, ni tampoco administrativo.

 

Esto es lo que hizo Herminia P. cuando regresó de Estados Unidos. Pasó por la puerta NADA QUE DECLARAR a pesar de que en su bolso guardaba una bola de nieve que había comprado en Nueva York. La bola de nieve estaba rellena de un líquido acuoso, y tenía en el centro una reproducción de la Estatua de la Libertad, y si la bola se agitaba flotaban en el líquido unas cositas blancas, trasuntos de nieve, que tardaban un rato en depositarse al pie de la estatua. Herminia P. consideraba que era un detalle muy bonito para regalárselo a su prima Adela; la persona del boli azul y de los formularios no consideraba nada porque exigir arancel a Herminia por semejante cosa pequeña era una pérdida de tiempo, de tinta del boli bic azul y de papel de formularios. Herminia cruzó la puerta de NADA QUE DECLARAR, y la persona del bic azul siguió con su crucigrama.

 

Herminia salió del aeropuerto, tomó un tren, tomó un autobús y regresó a su pueblo, ya entrada la noche. A la mañana siguiente fue a ver a su prima Adela a entregarle dos cosas: una factura y la bola de nieve de Nueva York. La factura se la entregó porque Herminia le tenía arrendado el local donde Adela gestionaba un pequeño colmado, donde se vendían latas, refrescos, embutidos y menaje de casa. Por el arrendamiento cobraba 300 euros al trimestre. Le entregó la factura, le entregó la bola y Adela estuvo de acuerdo en que era un detalle muy bonito, y lo puso al lado de la caja registradora. Luego abrió la caja registradora, que hizo clinck, y le entregó, al margen de los 300 euros, 63 euros por el IVA repercutido en forma de un billete de cincuenta, uno de diez y seis monedas de cincuenta céntimos. Hermina se guardó los 63 euros en el monedero y, entonces, dio comienzo el extraordinario ritual tributario de todos los trimestres.

 

Con los 63 euros en el monedero, Hermina se montaba en su Mobylette, que arrancaba con un brum, para dirigirse al pueblo de al lado que, por ser más grande, tenía una caja rural. Hermina aparcaba su Mobylette, entraba en la caja rural, sacaba los 63 euros de su monedero y los entregaba al cajero en pago del modelo trimestral de IVA, formulario 303. Los 63 euros pasaban a la cuenta de la Agencia Tributaria, iban del pueblo de la caja rural a la capital de provincia, de la capital de provincia a Madrid, donde su llegada era recibida con un tick en una base de datos. Luego Adela, la prima de Herminia, presentaba otro modelo de IVA, formulario 303, y pedía la deducción de los 63 euros que le había entregado a Herminia. La solicitud de deducción era revisada por una persona con un boli bic azul y, tras verla procedente, daba el visto bueno, tras el cual los 63 euros regresaban a la caja registradora de Adela.

 

Entre el clinkc, el brum y el tick pasaban los trimestres, pasaban los años y los 63 euros seguían haciendo su ruta circular sin más motivo que el porque sí, igual que nacen los salmones río arriba, bajan los salmones el río, suben los salmones el río y desovan donde nacieron, aunque por el camino algunos salmones queden varados en la orilla del río, o un oso los pesque a zarpazos y les impida culminar su ciclo circular de vida. Eso, a los salmones, le da igual.

 

Ocurrió, sin embargo, un día que Herminia estuvo enferma y no pudo ir a entregar a tiempo la factura a su prima Adela. Los 63 euros quedaron varados en la caja registradora y, al final de trimestre no hubo tick en el ordenador de la Agencia Tributaria, ni en el de la capital de provincia ni, lo que es más grave, en el de Madrid. Una persona con boli bic azul se puso nerviosa y, viendo la deshora y el desorden, decidió escribir una carta a Herminia. Las cartas de la Agencia Tributaria se llaman procedimientos de comprobación limitada y apertura de procedimiento sancionador. La persona con el boli bic azul le dijo a Herminia que ella formaba parte de una las indeseables tres categorías de personas que persigue la Agencia Tributaria: los dolosos, los culpables y los negligentes. La carta de la Agencia Tributaria, donde se le reclamaban los 63 euros de IVA terminaba diciendo:

 

Estimada Herminia: es usted el oso que se come los salmones.

 

Ahora dice el Gobierno que se va a aprobar el régimen de franquicia para los pequeños empresarios. Eso significa que Herminia, cuando visite a su prima Adela, ya no tendré que reclamarle los 63 euros de IVA.  Los 63 euros ya no irán al monedero, a la Mobylette ni a la caja rural del pueblo de al lado, y la persona con el boli bic azul podrá atender asuntos más importantes, como la del aeropuerto que está sentada en la sala que dice OBJETOS A DECLARAR.

 

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