Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

Opinión | El Periscopio
Sebastián Hidalgo
Jueves, 16 de Abril de 2026
Sebastián Hidalgo

El mejor Ejército de la OTAN

En los últimos meses, el debate sobre la defensa en España ha dejado de ser un asunto menor de poco interés para irrumpir con fuerza en la conversación pública. El aumento de las tensiones internacionales, el papel de Europa en el nuevo equilibrio geopolítico y los compromisos adquiridos en el seno de la OTAN han empujado esta cuestión al centro del debate político y social.

 

Hasta tal punto es así que incluso en círculos de amistades donde nunca antes se habían abordado estas cuestiones, comenzaron a aflorar de manera inesperada. Para mi sorpresa, aparecían en forma de preguntas curiosas que despertaban el interés.

 

La pregunta más llamativa fue: “Si tuvieras que elegir entre un ejército de la OTAN, ¿con cuál te quedarías?”. Algunos, casi sin dejar siquiera terminar de formularla, se aventuraban a responder: ¡Estados Unidos!, ¡Francia!, ¡el Reino Unido! Una vez se hizo el silencio, pude decir sin rodeos que me quedaría con España. El silencio al que hacía referencia fue rápidamente interrumpido por una pregunta inevitable: ¿cómo podía elegir a España teniendo delante a una superpotencia militar como Estados Unidos?

 

Les expliqué que nuestro Ejército ha demostrado en infinidad de ocasiones que, sin un personal desorbitado, sin el mejor equipamiento bélico o sin el apoyo político de turno, ha desarrollado una capacidad militar muy por encima de lo que se podía esperar, que la inventiva y la improvisación han jugado a nuestro favor en varios momentos de la historia.

 

Victorias militares que, en su contexto histórico, parecían casi imposibles, como la Batalla de Pavía en 1525, donde un ejército imperial en inferioridad numérica logró no solo derrotar a las fuerzas francesas, sino capturar a su rey O la famosa Batalla de Lepanto en 1571, “la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, presentes, ni esperan ver los venideros”, que diría Cervantes, en la que la alianza cristiana liderada por don Juan de Austria detuvo la expansión otomana en el Mediterráneo.

 

Nosotros, los españoles, también fuimos precursores de estrategias e inventos que cambiaron el campo de batalla para siempre: desde el submarino torpedero de Isaac Peral; pasando por los tercios españoles, que revolucionaron la organización de la infantería moderna; o el arcabuz, cuya incorporación al combate transformó la forma de hacer la guerra en Europa; sin olvidar el primer desembarco anfibio moderno, el de Alhucemas, que hemos visto replicado en películas sobre el Día D.

 

Por todo ello, elegí España. No por una cuestión de romanticismo vacío, sino por la convicción de que la historia demuestra que, cuando se lo propone, el pueblo español ha sido capaz de alcanzar cotas de eficacia militar extraordinarias. Los españoles hemos demostrado en numerosas ocasiones que podemos ser de los más fuertes cuando existe determinación, preparación y cohesión.

 

Sin embargo, esa afirmación no puede entenderse sin matices. Sin un apoyo político sostenido, sin una financiación adecuada y sin una política de defensa seria, coherente y estructural a largo plazo, poco podremos hacer en el futuro, por muy capaces que sean nuestros militares en el combate. La profesionalidad de nuestras Fuerzas Armadas no basta por sí sola si no va acompañada de una estrategia de Estado que esté a la altura de sus militares.

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.