La problemática de la vivienda asociada a la movilidad geográfica es una de las mayores preocupaciones de los militares. EFE/ J.L.Cereijido.El Ministerio de Defensa ha decidido ensayar en Madrid una fórmula poco habitual hasta ahora en las Fuerzas Armadas para responder a uno de los problemas que más pesa sobre la vida profesional de muchos militares: el acceso a la vivienda cuando cambia el destino. El departamento que dirige Margarita Robles pondrá en marcha el próximo 1 de julio un proyecto piloto de ‘coliving’ con entre 350 y 400 plazas, pensado como solución temporal para personal destinado en zonas de alta presión inmobiliaria.
La iniciativa se articulará a través del Instituto de Vivienda, Infraestructura y Equipamiento de la Defensa (INVIED) y parte de una premisa que el propio ministerio da por asumida: la movilidad geográfica forma parte de la carrera militar y necesita instrumentos más ajustados a la realidad actual del mercado residencial. Frente al modelo clásico de vivienda militar o compensación económica, Defensa plantea ahora una alternativa compartida, con habitaciones privadas y zonas comunes, que pretende ofrecer una respuesta rápida a necesidades temporales de alojamiento sin ampliar de forma estructural el parque público.
El problema de la vivienda se ha consolidado como uno de los principales factores de malestar en las Fuerzas Armadas, sobre todo en destinos urbanos. El Observatorio de la Vida Militar, órgano adscrito a las Cortes, advirtió ya en su último informe de que los altos costes del alquiler están empujando a muchos militares al desarraigo familiar y social, hasta el punto de condicionar ascensos, cambios de destino y decisiones de carrera. Según ese diagnóstico, en 2023 hasta 445 militares rechazaron ascensos para evitar mudanzas, y un 65,8% señaló las consecuencias familiares como factor prioritario frente a la promoción profesional.
Por otro lado, casi la mitad del personal militar destinado en grandes núcleos urbanos dedica al alquiler una proporción de su salario claramente superior al 33% que suele considerarse asumible en economía doméstica. Ese desequilibrio ha alimentado además la figura del “soltero geográfico”, el militar que se traslada solo y deja a su familia en otra ciudad para evitar el coste de una mudanza completa, con el consiguiente deterioro de la conciliación.
Defensa ya dispone de varias medidas de apoyo a través del INVIED, y el ministerio las resume en tres grandes líneas: compensación económica por cambio de destino, adjudicación de viviendas militares en régimen de arrendamiento especial y ayudas para la adquisición de vivienda en propiedad, aunque estas últimas no se convocan desde hace años. El problema, según viene señalando el Observatorio, es que la compensación económica (la ayuda más extendida) resulta útil pero insuficiente, no llega a todos y además tiene límites temporales.
El ministerio presenta el proyecto como una solución flexible, eficiente y temporal, destinada prioritariamente al personal militar con destino en lugares donde encontrar alojamiento se ha vuelto especialmente difícil. Su carácter piloto permitirá medir el grado de aceptación y valorar si el modelo puede consolidarse o extenderse a otros destinos.
La medida no solo busca aliviar el impacto del alquiler en Madrid, sino responder a un problema que ya afecta a la operatividad, a la estabilidad familiar y al atractivo mismo de la carrera militar.




