Agus Macnamara, creador del festival AllegroEl Museo Barón de Benifayó cumple 25 años como uno de los espacios culturales más reconocibles de San Pedro del Pinatar. Pero antes de ser museo, centro de actividad y escenario de conciertos, fue también una imagen instalada en la memoria de muchos vecinos. Para Agus Macnamara, creador del festival Allegro, ese edificio formó parte del imaginario sentimental del municipio mucho antes de convertirse en una pieza central de su vida cultural.
“Yo iba ahí de pequeño, cuando era un edificio en ruinas. Todos los niños cruzábamos para ver qué tenía. Era la Casa de la Rusa”, recuerda. Con el tiempo, aquel inmueble se transformó en museo y en centro cultural, un lugar que, a su juicio, ya no puede separarse de la identidad de San Pedro del Pinatar. “No sería justo entender el municipio sin ese edificio”, afirma.
Macnamara está especialmente ligado al Museo Barón de Benifayó por su relación con Allegro, el festival de música en espacios urbanos que durante ocho ediciones llevó conciertos a plazas, calles y enclaves patrimoniales del municipio. La propuesta nació de una idea tan sencilla como poderosa: sacar la música de los auditorios, acercarla a la ciudadanía y convertir el propio pueblo en escenario. En su primera edición, Allegro ya planteaba un recorrido musical por espacios emblemáticos con conciertos gratuitos, gastronomía y formatos como el ‘Vermut de Cámara’, el ‘Café Histórico’ o el ‘Vino Sinfónico’.
Durante esos años pasaron por el festival formaciones y artistas como el Orfeón Fernández Caballero, la orquesta de cámara Cammerata, el dúo On Danse, Ars Futura, la Joven Orquesta Sinfónica de Cartagena, la cantaora Ana Monchón, la bailaora Mercedes Carrillo, la coral Ars Nova, el Cuarteto de Saxofones Katharsis, Cristina Sánchez Gómez, Thinking Brass Ensemble, DeMusica Ensemble, la Orquesta Ciudad de Orihuela, Mavra Dúo, Steam Brass Band, la Orquesta de Aspirantes de la Región de Murcia, Alba Carmona, Jesús Guerrero, la Orquesta Sicania, el Dúo Millos, el Dúo Arrebol, María Bastida Abril y Connecta Percussió, entre otros.
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Para Macnamara, Allegro fue mucho más que una programación musical. Fue una forma de mirar el municipio. “Era una propuesta que unificaba arquitectura, gastronomía, patrimonio y cultura”, explica. También una apuesta por sacar la actividad cultural del calendario puramente estival, algo especialmente importante en localidades turísticas, donde buena parte de la vida pública se concentra en los meses de verano.
Esa reivindicación atraviesa buena parte de su discurso. El creador de Allegro defiende una cultura accesible, estable y cercana, capaz de llegar a los vecinos durante todo el año. “Un pueblo tiene que ser habitable, vivible y disfrutable a todos los niveles”, sostiene. En su opinión, los grandes festivales pueden tener su lugar, pero no sustituyen una red cultural cotidiana. “Una semana, seis conciertos, eso no te da permanencia cultural. Hay que crear una red estable que facilite el acceso a todo el mundo”.
Macnamara se muestra crítico con el momento actual de la cultura en San Pedro del Pinatar. “Ha habido mejores momentos”, admite. Considera que se han perdido propuestas que funcionaban y que el municipio debería apostar más por quienes trabajan desde formatos pequeños, iniciativas locales y proyectos con vocación de cohesionar a la ciudadanía. “No todo tiene que ser mediático ni reunir a 30.000 personas. Los pueblos tienen que tener propuestas que los vecinos puedan disfrutar”.
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Aun así, habla desde el deseo de recuperación. Allegro, asegura, volverá a disfrutarse, aunque no sabe todavía si será en San Pedro del Pinatar. “La propuesta está ahí. Me gustaría que volviera a mi municipio, porque estuvo hecho para mi municipio”, afirma.
De cara al futuro, Macnamara imagina el Museo Barón de Benifayó con más actividad, más exposiciones y más vida cultural. Y, si pudiera pedir un deseo con forma de escena, lo tiene claro: volver a ver allí el ‘Vino Sinfónico’, una noche de septiembre u octubre, con música, gastronomía y el edificio como fondo. Una imagen serena, casi cotidiana, que encierra una convicción profunda: la cultura también sostiene la vida de un municipio.







