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ENTREVISTA | PORTAVOZ AGRUPACIÓN INDEPENDIENTE DE SAN PEDRO DEL PINATAR

Borja Pérez: “El Museo Barón de Benifayó ha evolucionado, pero el modelo cultural debe replantearse”

El dirigente municipalista defiende una gestión cultural con más planificación y menos impacto inmediato

José Antonio Muñoz Domingo, 26 de Abril de 2026 Tiempo de lectura:
Borja Pérez, portavoz de la Agrupación Independiente de San Pedro del Pinatar, durante su intervención en 'Las Mañanas de MurciaEconomía Radio'.Borja Pérez, portavoz de la Agrupación Independiente de San Pedro del Pinatar, durante su intervención en 'Las Mañanas de MurciaEconomía Radio'.

Entre vitrinas, muros cargados de memoria y el rumor tenue de quienes los recorren a diario, el Museo Barón de Benifayó se transformó por unas horas en un espacio de palabra abierta. No era una jornada cualquiera: el 25 aniversario del museo había llevado a Las Mañanas de MurciaEconomía Radio a instalar su estudio en el corazón cultural de San Pedro del Pinatar. Allí, donde el pasado suele hablar en silencio, la actualidad encontró voz en la intervención de Borja Pérez, portavoz de la Agrupación Independiente del municipio.

 

La conversación avanzó con un tono que rehuyó lo complaciente. Pérez comenzó reconociendo la evolución del museo, un crecimiento que, a su juicio, ha permitido consolidarlo como una referencia cultural en la localidad. De espacio centrado en la conservación, explicó, ha pasado a desempeñar un papel más dinámico, abierto a nuevas propuestas y a una relación más directa con la ciudadanía. Sin embargo, ese reconocimiento no fue un punto final, sino el inicio de una reflexión más amplia sobre el rumbo de la política cultural en el municipio.

 

A medida que la entrevista se adentraba en terrenos más profundos, el discurso del portavoz adquirió un matiz crítico. Señaló lo que definió como una “política cultural megalómana”, una estrategia que, en su opinión, prioriza los grandes proyectos y la visibilidad inmediata frente a un trabajo sostenido, cercano y coherente con las necesidades reales de la población. No cuestionó la ambición en sí misma, pero sí el desequilibrio que puede generar cuando no se acompaña de una base sólida. “No se trata de hacer más, sino de hacer mejor y con continuidad”, vino a sintetizar.

 

En ese marco, el yacimiento romano de La Raya emergió como un ejemplo paradigmático. Pérez reconoció su valor patrimonial y su potencial como elemento vertebrador del relato histórico local, pero insistió en la importancia de una gestión rigurosa y a largo plazo. Para él, el patrimonio no debe convertirse en un recurso puntual ni en un reclamo aislado, sino integrarse en una estrategia cultural que combine conservación, investigación y divulgación. Solo así, apuntó, puede convertirse en un verdadero motor de conocimiento y participación.

 

 

La entrevista también dejó espacio para abordar la actualidad política de San Pedro del Pinatar, un terreno donde el portavoz se mostró especialmente claro. Habló de la necesidad de reforzar la transparencia en la gestión municipal, de abrir canales reales de participación ciudadana y de construir políticas culturales que no dependan exclusivamente de los ciclos electorales. En su planteamiento, la cultura aparece como un ámbito especialmente sensible a estas dinámicas, donde las decisiones tienen un impacto directo en la identidad colectiva.

 

A lo largo de la conversación, se fue dibujando una idea recurrente: la cultura como proceso, no como resultado. Una construcción lenta, a menudo invisible, que requiere continuidad, escucha y compromiso. Frente a modelos basados en lo inmediato, Pérez defendió una visión más orgánica, en la que el tejido asociativo, los creadores locales y la propia ciudadanía desempeñan un papel central.

 

El contexto no era menor. El aniversario del Museo Barón de Benifayó actuaba como telón de fondo, recordando el camino recorrido y, al mismo tiempo, abriendo interrogantes sobre el futuro. En ese cruce entre celebración y análisis, la intervención del portavoz aportó una mirada que, sin renunciar al reconocimiento, invitó a repensar prioridades.

 

Cuando la emisión fue llegando a su fin, el museo recuperó poco a poco su ritmo habitual. Pero algo parecía haber cambiado en el aire. Quizá porque, durante un instante, sus salas no solo albergaron objetos del pasado, sino también preguntas sobre el presente y el futuro. Y en ese diálogo, tejido entre palabras y silencios, quedó flotando una certeza incómoda y necesaria: que la cultura, como la política, no puede permitirse dejar de pensarse a sí misma.

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