Moros y Cristianos de Abanilla (Imagen de archivo).En Días de Espera, Abanilla no se evoca con nostalgia, sino con la vibración reciente de lo vivido. La voz de Manuel Cutillas, presidente de la Federación de Moros y Cristianos, llega apenas unos días después de que el municipio haya cerrado sus fiestas, como quien aún camina entre los últimos compases de la música y el leve rastro de la pólvora en el aire.
Las celebraciones, que culminaron el pasado 1 de mayo, han tenido este 2026 un significado singular. El Año Jubilar ha envuelto cada acto en una dimensión más profunda, donde la tradición festera ha dialogado con lo espiritual, dando lugar a una edición especialmente intensa y participativa. Durante varios días, las calles de Abanilla se convirtieron en un escenario vivo, atravesado por desfiles, embajadas y ceremonias que tejieron un relato colectivo entre historia y devoción.
En la entrevista, Cutillas transmite ese pulso que aún perdura tras la clausura: el de un pueblo que no solo celebra, sino que se reconoce en cada gesto compartido. Habla de la implicación de las comparsas, del esfuerzo silencioso de la organización y de una respuesta multitudinaria que ha superado expectativas en un año marcado por la excepcionalidad.
Lejos de apagarse, la fiesta parece prolongarse en la memoria reciente. El Año Jubilar no ha sido solo un marco conmemorativo, sino un impulso que ha reforzado la proyección de Abanilla y el valor de sus tradiciones. Ahora, con las calles recuperando su ritmo cotidiano, queda el eco de una celebración que, por su intensidad y significado, ya forma parte de la historia viva del municipio.






