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Opinión | El Periscopio
Sebastián Hidalgo
Jueves, 07 de Mayo de 2026
Sebastián Hidalgo

El límite de los BAM

Durante años, los patrulleros de altura de la Armada Española, los BAM, han demostrado ser plataformas fiables, versátiles y económicas para misiones de vigilancia marítima tales como el control pesquero, la lucha contra el narcotráfico o la presencia naval en determinados escenarios. Nadie discute su utilidad. El problema comienza cuando se les exige actuar como si fueran escoltas oceánicos o corbetas.

 

España ha terminado utilizando estos buques para cubrir misiones que no les corresponden, debido a la crónica falta de medios intermedios en la Armada. Hace poco se envió a la “Audaz” a escoltar a una flotilla de apoyo a Palestina, dejándola al albur de cualquier circunstancia militar sin capacidad de defensa.

 

Patrulleros haciendo el trabajo de las corbetas

 

Los BAM fueron concebidos como buques de patrulla, no como plataformas de combate naval en escenarios de alta amenaza. Sin embargo la reducción del número de escoltas disponibles y la ausencia de corbetas modernas, han obligado a emplearlos en despliegues donde el riesgo supera a los medios.

 

El Mediterráneo oriental, el golfo de Guinea o determinadas zonas del Atlántico ya no son entornos de baja amenaza. La proliferación de drones, misiles antibuque baratos y guerra híbrida ha cambiado completamente el panorama naval.

 

Los patrulleros españoles carecen de sistemas reales de defensa aérea. Tampoco disponen de capacidades antidron integradas, pese a que los UAV se han convertido en una amenaza cotidiana incluso para marinas mucho más potentes. Un BAM no puede defenderse adecuadamente frente a las renovadas amenazas.

 

La solución oficial parece pasar por las futuras corbetas europeas (MMPC). Pero Europa avanza lentamente, y eso lo lastra todo, mientras las necesidades operativas son cada vez más apremiantes. España lleva años esperando una corbeta europea que todavía tardará en materializarse, mientras la presión sobre la flota actual continúa aumentando.

 

Y aquí surge una pregunta incómoda: ¿realmente necesitamos esperar?

 

España ya dispone del conocimiento industrial y tecnológico necesario. Navantia ha diseñado y construido corbetas con la última tecnología para exportación que son más económicas, más rápidas de producir y mejor armadas que los futuros diseños europeos todavía en fase conceptual.

 

Las corbetas construidas para Arabia Saudí son un ejemplo evidente. Incorporan sistemas de combate, defensa antiaérea, guerra electrónica y capacidad misilística que superan ampliamente a la de nuestros patrulleros de altura.

 

España posee astilleros, ingenieros, sistemas de combate y capacidad tecnológica para diseñar sus propias soluciones navales. Apostar por una corbeta nacional derivada de diseños ya existentes sería una decisión operativa lógica. También una apuesta por la soberanía tecnológica española.

 

Porque quizá el conflicto no sea que los BAM hagan demasiado. Quizá la verdadera cuestión a dilucidar es que llevamos demasiado tiempo sin construir buques que cumplan verdaderamente la función para la que fueron concebidos.

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