Foto: FC CartagenaEn una tarde donde el Cartagonova rugió con el alma, el conjunto de Íñigo Vélez cumplió con su parte del trato al derrotar por 2-1 a la AD Alcorcón. Con este triunfo, los albinegros igualan a 56 puntos al Europa en la quinta plaza y lanzan un órdago al destino, pase lo que pase en Can Dragó, el Efesé ha llegado a la orilla vivo y con el colmillo afilado.
Cuestión de fe en el intercambio de golpes
El partido comenzó con la tensión propia de quien camina por el alambre. El Alcorcón, pese a no jugarse nada más que el honor, no vino de turismo a la ciudad trimilenaria. Lucho García tuvo que aparecer pronto para enmendar un error en la salida de Larrea, recordando que en este "juego del calamar" por el ascenso, cualquier parpadeo es mortal.
Sin embargo, en el minuto 21, la fe movió montañas. Una triangulación de seda entre Nacho Martínez (reubicado hoy como extremo) y Kevin Sánchez acabó en las botas de Luismi Redondo, quien firmó el 1-0 para desatar la locura. Pero el fútbol es un amante caprichoso y la alegría duró apenas tres minutos, los que tardó Yael en aprovechar una desatención defensiva para poner las tablas y helar por un momento el templo albinegro.
La carambola del destino y el peaje de Chiki
Lejos de hundirse, el Cartagena se aferró al guion de la épica. Antes del descanso, el destino le devolvió al Efesé lo que el azar le ha quitado otras veces. Un remate de Luismi tropezó en el capitán Pablo de Blasis, desviando la trayectoria lo justo para batir al meta alfarero y poner el 2-1 definitivo.
Pero el fútbol rara vez concede una victoria sin cobrar un peaje. La nota amarga la puso Chiki, que tuvo que retirarse entre gestos de dolor por problemas musculares antes del descanso, dejando su sitio a Alfredo Ortuño. Una baja sensible para lo que resta de temporada y que Íñigo Vélez deberá gestionar con el corazón en un puño.
Resistencia de acero y el premio de la cantera
La segunda mitad fue un ejercicio de funambulismo. El Alcorcón rozó el empate con un remate de Aparicio que lamió el poste y el FVS mantuvo el pulso de la grada al desestimar un posible penalti por mano de Perejón. Los minutos finales fueron un suplicio de nervios, con el cuadro madrileño volcando balones al área y el Cartagena achicando agua como un marinero en plena tempestad.
En medio del asedio, hubo tiempo para el romanticismo. El debut del canterano Iker Abellán fue la guinda a una tarde de sudor y lágrimas, el premio al trabajo de la base en el momento de máxima presión. El pitido final fue una liberación, el Cartagena ya está ahí, empatado con el Europa, esperando que el "minisubmarino" amarillo haga su trabajo el domingo para que la carambola sea completa.










