Los paseos marítimos urbanos de Cartagena | La segunda oportunidad: 1994-2016
El paseo marítimo frente al ARQUA, a mediodía. A cien metros, en sentido contrario, centenares de cruceristas recorrían la ciudad. El museo y el paseo: vacíos.Las ciudades portuarias tienen memoria. No siempre aparece en los planos ni en los discursos institucionales, pero permanece en los espacios. Cada decisión urbanística que se toma frente al mar deja huellas que duran décadas. Por eso, cuando una ciudad vuelve a transformar su frente marítimo, no empieza desde cero: empieza desde lo que ya ocurrió antes.
Un puerto de espaldas a la ciudad
Cartagena nació siendo puerto. Durante siglos, ciudadanos y actividad portuaria compartieron el mismo frente sin barreras físicas: había playas, balnearios, embarcaciones de recreo. Fue el auge minero de finales del siglo XIX lo que inició la transformación del litoral en infraestructura de carga cerrada al ciudadano. El siglo XX consolidó ese modelo hasta que el puerto quedó completamente cerrado a la vida urbana. Lo que hoy se intenta revertir es el resultado acumulado de más de cien años de decisiones que nadie consultó con los cartageneros.
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El primer intento de apertura
Fue el presidente de la APC José Luis Saura quien dio el primer paso: derribó la valla que impedía a los cartageneros asomarse al mar y trasladó la actividad comercial a Santa Lucía. Su sucesor, Adrián Ángel Viudes, ejecutó la transformación formal mediante el Plan Especial del Muelle Alfonso XII, redactado en 1994 y aprobado por acuerdo plenario el 16 de diciembre de 1995. En ese contexto, empresarios locales elaboraron una propuesta para dinamizar el muelle con restauración y actividad comercial, siguiendo modelos que ya funcionaban en otros puertos mediterráneos.
José Ángel Díaz Beltrán, uno de los impulsores de aquella iniciativa, lo recuerda:
«Fui a hablar con Fernando de la Cierva, que era entonces secretario general de la Consejería de Cultura y Educación del Gobierno de Valcárcel. La idea era crear una sociedad para presentar un proyecto que le diera vida al puerto: miradores altos con un auditorio y aparcamiento».
El proyecto finalmente ejecutado no fue aquel. El Gobierno regional se opuso a la propuesta de los empresarios locales y tomó el control del diseño. La excusa oficial no fue económica ni técnica:
«La excusa que nos dieron fue que nuestro proyecto tapaba la Muralla de Carlos III».
Díaz Beltrán añade hoy, con la distancia que dan los años:
«El ARQUA y El Batel, construidos en ese mismo frente, tapan la muralla en mayor medida que cualquier cosa que nosotros hubiéramos proyectado».
Un antiguo miembro de la Autoridad Portuaria ofrece la versión institucional:
«Querían hacer un edificio excesivamente elevado y se les dijo que no. Se trató de negociar, pero su abogado no quiso ceder en nada y finalmente no hubo acuerdo. Después se les concedió la construcción del parking, pero tras comenzar la obra la paralizaron durante más de un año, por lo que la Autoridad Portuaria concedió la concesión a una empresa de Alicante».
— Antiguo miembro de la Autoridad Portuaria de Cartagena (fuente anónima).
El fracaso de los quioscos
El proyecto ejecutado apostó por varios quioscos de hostelería, un edificio de tamaño medio y un segundo inmueble que acabó siendo cedido a la Cámara de Comercio. A todo ello se añadió una pequeña galería comercial junto al Club de Regatas: abrió en agosto de 2002 con cinco locales —dos de náutica, un restaurante, un bar y un pub— y casi todos fracasaron en poco tiempo. El arquitecto cartagenero Vicente Roig diseñó en 1999 las estructuras de inspiración modernista que ocuparían el muelle durante casi dos décadas, entre ellas un templete de música que nunca consiguió animar el paseo.
Los quioscos resultaron inviables desde el punto de vista económico: sus dimensiones eran demasiado reducidas para todo —cocina, aseos, almacén y servicio interior— sin garantías mínimas de rentabilidad. El antiguo miembro de la Autoridad Portuaria resume la causa con una frase que no deja margen a la interpretación:
«Los quioscos se hicieron pequeños por orden de la alcaldesa Pilar Barreiro».
— Antiguo miembro de la Autoridad Portuaria de Cartagena (fuente anónima).
El director comercial de la APC, Fernando Muñoz, lo describía así en 2009:
«Cuando yo era pequeño y el Muelle estaba vallado, pasábamos más tiempo junto al mar que ahora. Allí estaban los caballitos, allí se celebraban las desaparecidas fiestas de verano, la gente salía a pasear hasta donde estaba la Comandancia de Marina. Se vivía mucho más junto al mar que ahora con el puerto reformado. Antes, el eje lúdico de la ciudad era la calle Mayor. El centro de gravedad, los polos de atracción de ahora, son los centros comerciales. Y el 50% de la población vive en zonas residenciales como La Vaguada, el polígono de Santa Ana y otras zonas más alejadas. Necesitas coche para venir al centro».
— Fernando Muñoz, director comercial de la Autoridad Portuaria de Cartagena, 2009.
![[Img #115220]](https://murciaeconomia.com/upload/images/05_2026/3202_antiguo-quiosco-del-puerto.jpg)
En el edificio de tamaño medio, todos los negocios fracasaron uno tras otro hasta que, décadas después, encontró su primer inquilino estable: el restaurante Alviento. Uno de los espacios más privilegiados de Cartagena se convirtió durante casi dos décadas en un erial urbano. No por falta de público: el problema fue, exclusivamente, el modelo elegido.
La oportunidad de 2015
Con la llegada del nuevo alcalde, José López, en junio de 2015, el proyecto parecía tener una segunda oportunidad. La Autoridad Portuaria, presidida entonces por Antonio Sevilla, había reservado 1,5 millones de euros con distintas propuestas sobre la mesa: pérgolas, espacios ajardinados, algún elemento hostelero de diseño y un parque infantil con forma de barco.
López apoyó la demolición de los quioscos. Hasta ahí, el diagnóstico compartido era correcto. El problema fue lo que vino después. En su primera reunión con Sevilla, el alcalde trasladó su rechazo a cualquier elemento que obstaculizara las vistas:
«No podemos admitir que se ponga otro elemento más que tape la Muralla del Mar desde la fachada marítima y la dársena portuaria, y viceversa».
— José López, alcalde de Cartagena, julio de 2015.
La posición era comprensible en su intención. El error fue convertirla en la única instrucción. El error quedó documentado en agosto de 2016: El Muelle se quedará desierto.
Cinco años y 1,5 millones de euros produjeron una explanada enlosada. El diagnóstico era exactamente el mismo que en 1994: un paseo sin sombra, sin hostelería viable y sin elementos que invitaran a detenerse.
El círculo se cierra solo. El pliego de licitación de la Fase 4 de De Faro a Faro, redactado por la propia Autoridad Portuaria en 2025, describe ese mismo espacio como «gran explanada dura con escasos elementos urbanos, pensada principalmente como zona de paso».
La Fase 4 destina más de siete millones de euros a corregir en doscientos cincuenta metros lo que no se hizo bien en veinte años. Cartagena pagó dos veces por el mismo error: una cuando se dejó vacío el espacio, y otra cuando tuvo que volver a intervenir.
Un patrón que no puede repetirse
Hay un patrón que recorre la historia urbanística de Cartagena: ningún proyecto que se aprueba para esta ciudad tiene rango de gran ciudad. Se elige siempre la solución mínima, y la solución mínima acaba costando más que la solución correcta.
Cartagena llega ahora al proyecto De Faro a Faro con una historia que no debería olvidar: ya intentó transformar su frente marítimo, ya eligió el modelo equivocado y ya pagó el precio. A la tercera ya no hay excusa posible. Recordar lo ocurrido no es nostalgia: es la única forma razonable de evitar el mismo fracaso.
Esta es la segunda entrega de la serie sobre el proyecto De Faro a Faro y el futuro de los paseos marítimos urbanos de Cartagena.
No es un dato menor que la Comunidad Autónoma siga teniendo presencia, a través de la misma persona que entonces formaba parte del Gobierno regional que bloqueó aquella iniciativa, en el Consejo de Administración que hoy aprueba las fases del proyecto De Faro a Faro. La continuidad institucional no es en sí misma un problema. Sí lo es cuando esa continuidad no va acompañada de un cambio de visión. Y eso, de momento, está por demostrar. Entonces, como ahora, quien sabía lo que quería la ciudad no fue quien decidió.
Esta es la segunda entrega de la serie sobre el proyecto De Faro a Faro y el futuro de los paseos marítimos urbanos de Cartagena.
Fuentes: Declaraciones de José Ángel Díaz Beltrán recogidas directamente por el autor. Fuente anónima, antiguo miembro de la Autoridad Portuaria de Cartagena. Plan Especial del Muelle Alfonso XII, Autoridad Portuaria de Cartagena (aprobado 16 de diciembre de 1995). Autoridad Portuaria de Cartagena (datos históricos: galería comercial 2002, diseño Vicente Roig 1999, declaraciones de Fernando Muñoz, director comercial, 2009). Autoridad Portuaria de Cartagena (pliego licitación Fase 4, 2025). Ayuntamiento de Cartagena, julio de 2015. Archivo Municipal de Cartagena. Murcia Economía.



















