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Opinión |
Beatriz Talegón
Jueves, 21 de Mayo de 2026
Beatriz Talegón

No guardan niños: sostienen el país

La huelga es un derecho, y se hace fundamentalmente para denunciar, utilizando la molestia que genera para presionar. Hay huelgas que molestan porque rompen la rutina y otras porque obligan a mirar algo que normalmente se ignora. La de las trabajadoras del primer ciclo de Educación Infantil (0 a 3 años) es de las segundas.

 

El 7 de mayo hubo movilizaciones en toda España convocadas por sindicatos como CCOO y UGT. El lema era contundente: “Somos escuelas, no guarderías”.

 

En la Región de Murcia, como en otras comunidades, las reivindicaciones se repiten desde hace tiempo: ratios altas, condiciones laborales precarias, falta de estabilidad y poco reconocimiento profesional. CCOO, por ejemplo, lleva meses denunciando esta situación en el sector de 0 a 3 años.

 

El Real Decreto 95/2022 deja claro que la Educación Infantil es una etapa educativa completa, de 0 a 6 años. No es un servicio asistencial, es educación. Otra cosa es cómo se trate en la práctica.

 

La Comunidad Autónoma de Murcia ha anunciado para el curso 2025-2026 unas 9.000 plazas gratuitas en el tramo de 0 a 3 años, según datos oficiales. El curso anterior ya se superaban las 8.700. Es una ampliación relevante y, en principio, positiva. Facilita la conciliación y amplía el acceso. Pero el problema no es solo cuántas plazas hay, sino cómo se sostienen.

 

Los sindicatos vienen advirtiendo de que parte de ese crecimiento se apoya en fórmulas temporales, como contratos-programa o financiación ligada a planes concretos. Es una denuncia sindical (hay dejarlo claro), pero apunta a una cuestión de fondo, que viene a ser la misma constantemente en todos los servicios públicos: ¿se están cubriendo necesidades permanentes con soluciones provisionales?

 

Y es que una plaza gratuita no garantiza, por sí sola, un buen servicio.

 

España, según los últimos datos de la Comisión Europea, tiene una tasa de escolarización en 0-3 en torno al 55%, bastante por encima de la media europeaque ronda el 37%. En el tramo de 3 a 6 años, la escolarización es prácticamente total, por encima del 97%.

 

La propia UE insiste en que no basta con llegar a más niños; lo que importa es cómo se les atiendeEurydice lo repite desde hace años: esta etapa es clave para el desarrollo y para reducir desigualdades, y es un elemento que depende directamente de las condiciones en las que trabajan los profesionales.

 

Lo que está pasando en la franja educativa de 0 a 3 años no es un caso aislado. Se parece bastante a lo que vemos en otros servicios públicos: sistemas que funcionan gracias al esfuerzo de quienes están dentro, mientras ese esfuerzo tapa carencias estructurales. Me decía el otro dia mi buen amigo, el Doctor Alarcos, que en su caso, los médicos están “pagando con vocación”, y que cuando la salud y las vidas de los pacientes están en sus manos, no es la manera de resolver el gran problema que tenemos todos en la Sanidad Pública. En la educación ocurre lo mismo.

 

Después llegan las huelgas y el foco se pone en las molestias que generan. Es lógico, pero el problema no empieza ahí. El problema empieza cuando una educadora tiene más niños de los que debería. Cuando la estabilidad depende de programas temporales. Cuando se asume que todo va a salir adelante porque quienes están al frente van a tirar como puedan.

 

Las trabajadoras del sistema educativo de 0 a 3 años no están creando un problema. Están señalándolo. Ellas lo sufren, y también lo hacen los más pequeños, que en definitiva, son sagrados.

 

Lo que están señalando las trabajadoras de infantil importa. Porque en esa etapa se construye mucho más de lo que parece: lenguaje, hábitos, desarrollo emocional, igualdad de oportunidades. Que nuestros hijos, los más pequeños estén en un entorno de afecto tiene mucho que ver con el bienestar de quienes les educan. Y si las trabajadoras están en situaciones lamentables, obviamente, la paciencia se resiente. Hay que ser muy profesional para prestar el servicio de excelencia que los padres exigimos a lo público.  

 

Por eso el debate no debería quedarse en el número de plazas. La cuestión es otra: en qué condiciones, con qué recursos y con qué modelo se quiere trabajar de verdad. Cuando estas escuelas funcionan, pasan desapercibidas, como sucede siempre que algo es excelente (que se da por normal). Cuando se paran, se nota enseguida. Porque son esenciales para todos.

 

Por algo será.

 

No guardan niños. Sostienen el país.

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