Los paseos marítimos urbanos de Cartagena: lo que un paseo necesita para ser recordado
Frente portuario de Cartagena. Lo que se construyó (izquierda) y lo que los cartageneros pedíamos (derecha). Menos barreras, más vida. Escala humana frente al marHay paseos que se visitan una vez y se olvidan. Y hay paseos que se recuerdan durante décadas, que se buscan en el mapa antes de llegar a una ciudad y que se reconocen en una fotografía antes de leer el pie. La diferencia entre unos y otros no está en el presupuesto ni en los metros lineales: está en las decisiones que se tomaron antes de construir.
¿Cuánta vanguardia puede soportar un frente portuario?
Cartagena ya tiene su edificio de arquitectura nórdica mal copiada en el Club de Regatas. Ya tiene su auditorio que triplicó el presupuesto, tapó la Muralla de Carlos III y se eleva sobre el frente portuario muy por encima de lo que los ciudadanos consideraban razonable. Ya tiene los dos grandes edificios del ARQUA, que por su altura constituyen otras tantas barreras visuales en primera línea del frente.
Lo que los cartageneros pedían en esos mismos emplazamientos era otra cosa: edificios de planta baja donde cupieran una decena de restaurantes, gastrobares y bares de música mirando al mar. El municipio tiene 558 kilómetros cuadrados para la arquitectura de altura. El paseo marítimo necesita escala humana.
Si el proyecto que hoy está en marcha cumple o no esas condiciones es lo que el resto de esta serie analiza. Antes conviene ver qué hicieron quienes lo resolvieron bien.
Lo que hicieron otros
El Paseo del Parque de Málaga fusiona paseo marítimo con jardín botánico y genera una experiencia que ningún otro paseo español ofrece. En Gijón, el Paseo del Muro de San Lorenzo transformó una franja costera en el eje de la vida urbana. En Bilbao, la regeneración de la ría demostró que un frente de agua bien concebido puede cambiar la economía de una ciudad entera.
![[Img #115347]](https://murciaeconomia.com/upload/images/05_2026/9942_image-1.png)
La Explanada de España de Alicante lleva más de un siglo siendo el símbolo de la ciudad. No por sus vistas, hermosas, pero no excepcionales, sino por su pavimento de mosaico ondulado en mármol blanco, negro y rojo: nadie que lo haya pisado lo olvida. El Paseo de La Concha de San Sebastián es reconocible al instante por su balaustrada modernista, la misma desde 1910.
Valencia y Málaga representan algo distinto: no solo paseos bien diseñados, sino frentes portuarios convertidos en destino gastronómico y de ocio. La Marina Real Juan Carlos I de Valencia, transformada a partir de la America's Cup de 2007, integra restauración, comercio y cultura en un espacio portuario activo que genera vida todo el año. El Muelle Uno de Málaga ha convertido el antiguo frente portuario en el eje de la hostelería urbana de la ciudad, con una oferta que funciona en temporada alta y en día gris de enero. Son los referentes que Cartagena debería mirar: no por su tamaño, sino por su modelo.
Ninguno de estos paseos es el más largo de España. Ese récord lo tiene A Coruña, con 13,5 kilómetros de paseo urbano continuo, el más largo de Europa. Cádiz ha construido su identidad turística casi íntegramente sobre la relación de la ciudad con el mar.
Fuera de España, el Malecón de La Habana —ocho kilómetros— es uno de los espacios públicos más fotografiados del mundo con una infraestructura mínima. La Promenade des Anglais de Niza definió el modelo de paseo marítimo burgués que inspiró a toda Europa.
Todos comparten un rasgo: no se diseñaron pensando únicamente en la funcionalidad. Se diseñaron pensando en la identidad. En que quien los pisara supiera exactamente dónde estaba y no en ningún otro lugar del mundo.
Lo que Cartagena tiene
Cartagena posee materia prima propia para construir algo igualmente singular. El mosaico romano —el mismo que se extrae de este subsuelo desde hace dos mil años— podría convertirse en un lenguaje estético reconocible para el pavimento del paseo. La arquitectura modernista del Conjunto Histórico tiene una identidad visual que muy pocas ciudades españolas pueden igualar.
Para el tramo central —el área denominada Plaza Mayor— se celebró un concurso de ideas en 2020 bajo la presidencia de la APC de Yolanda Muñoz. Once equipos participaron; el jurado estudió siete. Ganó La Ventana del Puerto, firmado por los arquitectos José Manuel Chacón y Enrique de Andrés (UPCT) y el ingeniero Salvador García Ayllón.
Los tres proyectos premiados se expusieron en la sede de la APC durante quince días para que los ciudadanos pudieran hacer sugerencias. Lo que nunca se publicó es qué dijeron, qué se estudió y si algo cambió por ello.
Lo que hoy llamamos De Faro a Faro —el proyecto global de diez kilómetros impulsado por el actual presidente Pedro Pablo Hernández— incorpora Plaza Mayor, pero lo extiende hasta Cala Cortina, incluyendo Santa Lucía y el Espalmador. Es más ambicioso y posterior.
Diego de Haro, con años de experiencia en la hostelería costera de Cabo de Palos, lo formula con la claridad de quien conoce el precio de no tener modelo:
«Los paseos marítimos deben ser lo suficientemente útiles para resarcir con facilidad los costes de inversión, limpieza y seguridad empleados en ellos. Eso se consigue facilitando el uso comercial y hostelero. De otra forma solo se consiguen espacios vacíos. El nuestro es una mina sin explotar».
- Diego de Haro, empresario de Cabo de Palos.
¿Para quién se diseña?
En Águilas, en Los Alcázares, en Torrevieja, los vecinos pasean por el frente marítimo a diario, casi de forma automática. En Cartagena, en cambio, hay personas que pasan meses sin bajar al puerto. La diferencia no está en el mar: está en si hay algo que te llame a volver mañana.
Diseñar un paseo de uso cotidiano exige decidir para quién se construye: para quien pasa, o para quien se queda.
«En la barriada mis clientes están trabajando toda la semana y solo vienen a comer los fines de semana. En el puerto vendrían los turistas y los cartageneros, incluidos los de mi barriada».
- Restaurador, barriada de Cartagena.
La ventana que todavía está abierta
![[Img #115349]](https://murciaeconomia.com/upload/images/05_2026/3306_image.png)
La reforma de Santa Lucía —siete millones y medio de euros sobre 24.000 metros cuadrados, con explanada urbana, zonas verdes y recuperación del varadero histórico— está en marcha ahora mismo. Es precisamente en ese tramo donde la presión editorial tiene sentido inmediato: donde aún se pueden influir las decisiones de diseño.
La imagen que se quiere proyectar en esos 24.000 metros cuadrados no ha sido objeto de un debate formal estructurado. Los vecinos se han pronunciado a favor, pero pronunciarse a favor no es lo mismo que haber sido consultado antes de diseñar.
Los colectivos ciclistas, los ciudadanos y la Federación de Vecinos han señalado con claridad lo que debería hacerse. Voces que existen, pero que nadie ha tenido interés en coordinar formalmente. La obra está en marcha. El proyecto turístico, pendiente de que alguien lo diseñe.
Los paseos que se recuerdan no son los más grandes ni los más caros. Son los que hacen que quien los pisa sepa exactamente dónde está. La pregunta que Cartagena debería estar haciéndose es cuál es esa seña, qué hace que pisar ese suelo sea una experiencia que solo pueda vivirse aquí. Nadie ha respondido todavía a esa pregunta.
Esta es la tercera entrega de la serie sobre el proyecto De Faro a Faro y el futuro de los paseos marítimos urbanos de Cartagena.
Fuentes: Autoridad Portuaria de Cartagena (presidencias Yolanda Muñoz y Pedro Pablo Hernández). Ayuntamiento de Cartagena. Declaraciones de Diego de Haro recogidas directamente por el autor. Murcia Economía.



















